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martes, 10 de octubre de 2017

ASISTENCIA SANITARIA DE LA ARMADA EN FILIPINAS.


Situado en un extremo del Océano Pacífico, el Archipiélago filipino se encuentra constituido por numerosísimas islas que forman una confluencia de pueblos de distintas procedencias y etnias. Corre el año de 1518 cuando se proyecta la primera expedición que llevaría al descubrimiento de dicho archipiélago. El navegante portugués Fernando de Magallanes, al servicio de la Corona de España y de su emperador Carlos V, parte de Sevilla un 10 de agosto de 1519. Le acompaña Juan Sebastián El Cano.
En 1527 Álvaro de Saavedra sale de México para llegar al Archipiélago. Más tarde; Ruiz López de Villalobos y Miguel López de Legazpi, en nombre de la Corona de España, comienzan a ocupar sucesivos territorios. El objeto era conseguir una base comercial y una posición estratégica.
El conjunto del Archipiélago constituye una superficie de 300.000 Kilómetros cuadrados y está constituido por más de 7000 islas. Limita al Este con el mar de Filipinas, al Oeste con el mar de la China Meridional, y al Sur con el mar de la Célebes. Se llamó Filipinas en honor al rey de España Felipe II. Al llegar los españoles tendría unos 500.000 habitantes. El clima es cálido y húmedo. Alternan estaciones secas y lluviosas, dominadas por los monzones y se producen frecuentes huracanes. En 1771 en la Isla del Corregidor, situada en la entrada a Manila, se construye una torre fortificada que vigila la entrada al puerto. En 1793 se proyecta la construcción de un astillero. En 1796 se traslada el Apostadero de San Blas de California. En 1800, estando la Comandancia de Marina en Manila, se crea una fuerza sutil y seis estaciones navales. Se crean destacamentos de Infantería de Marina. El apostadero contaba con una Comandancia General, Estado Mayor, Ordenación e Intervención, Administración y Trabajos, Ingenieros, Artillería, Comisaría de Material, Hospital y Capilla.
El primer hospital español fue de carácter militar, fundado por Miguel de Legazpi en Cebú y después trasladado a Manila, en 1571. Se llamó Hospital Real de españoles y fue atendido por los P.P. Franciscanos. Se crean más hospitales como los el de Naturales, San Gabriel o de Chinos, atendido por los Dominicos. El Hospital de los Baños, aprovechando los manantiales termales. En 1591 se crea un hospital en el pueblecito de San Roque, que se llamará Hospital del Espíritu Santo u Hospital Real de Cavite. Es atendido al principio por los P.P. Franciscanos y más tarde es entregado a la Orden de San Juan de Dios. El Hospital de Nueva Cáceres o de San Diego fue construido por los hacendados españoles. El Ejército, en 1656, comenzó a contar con el Hospital de San Juan de Dios de Manila, construido sobre el antiguo Hospital de Naturales y que se había llamado también Hospital de la Misericordia. El Hospital de San José de Cavite era regido por la Orden de San Juan de Dios. En 1857 las secciones de Guerra, Marina, y Ultramar, acuerdan mejorar la asistencia sanitaria de los militares del Ejército y de la Armada, destinados en filipinas. Se crea un Hospital Militar en Manila que se llamará de los Arroceros.
En todos estos hospitales es atendido el personal de Armada pero además se utilizará las enfermerías de los buques y se creará otras enfermerías en las distintas estaciones navales. De este modo surgen: 

Cavite. En la Isla de Luzón y al Sur de la bahía de Manila. En su arsenal, entre 1852 y 1862 se construyó una amplia enfermería para atender al personal del Arsenal y de los buques, así como a la tropa de infantería de marina del Cuartel General de Cavite.Contaba con el siguiente personal:
1  Subinspector médico de 1ª. Jefe de Sanidad del Apostadero.
1  Primer médico. Para  guardias.
1 Primer practicante.
1  Tercer practicante.

Olóngapo. En el Luzón central. En 1885 se había construido un arsenal y este albergaba su enfermería naval.

Maniveles. Al sur de Bataán. En la región del Luzón Central. Una pequeña enfermería.

Isla del Corregidor. Situada en la bahía de Manila. Pertenecía al comienzo a Bataán pero desde 1857 perteneció a Cavite.

Hospitalillo de Zamboanga. Territorio más occidental de la isla de Mindanao. Desde el año 1634 fondeaban y hacían escalas los buques de guerra españoles. Había un presidio y en 1719 se construyó una ciudadela de piedra en forma de cuadrilátero con cuatro baluartes. Dentro de ella se construyó un hospital y cuando se estableció la estación naval de apoyo quedó como enfermería.

Pollok. En Mindanao. La Armada había construido tres edificios: cuartel, fuerte, y hospital. El centro sanitario era un edificio en forma de cuadrilátero con un patio central y cuatro lados apoyados en pilares de mampostería, con el fin de mantener la construcción elevada del suelo y defenderla de la humedad. Tenía capacidad para 80 camas.

Davao. En Mindanao. La Marina tuvo un establecimiento en un pueblecito en el que  las viviendas de los indígenas eran de caña y rupa mientras que las de los europeos eran de tabla y rupa. La enfermería era muy sencilla.

Isla de Balábac. Al sur dela isla de la Paragua. En 1858 se construyó un establecimiento militar que se llamó Príncipe Alfonso. El puerto de Balabac, en la bahía de Calondaran, tenía al Sur una playa y en ella estaba la estación naval. Había en ella un cuartel para la marinería, almacén, depósitos, talleres, polvorín, y enfermería. Los edificios estaban hechos de mampostería o madera. El techo era de rupa o cinc. La enfermería era de madera con techo de cinc, constituyendo un pabellón rectangular cercado en su parte anterior por una verja de palma y en sus partes laterales y parte posterior por pared de madera.

Puerto Princesa. En la isla de Palawan o de la Paragua. Su nombre era debido a la princesa Eulalia de Borbón, hija de  Isabel II. En 1872, en una expedición, se colonizó la zona y se ocupó la Isla de la Paragua, perteneciente a la provincia de Calamianes. Hubo un establecimiento militar en la costa oriental de la isla, situado en una pequeña península limitada por la bahía de Ihuiahy y con un puerto al mar de Joló. Había tres enfermerías: para el Ejército, Armada, y colonia civil. La enfermería naval era de ladrillos y el techo de hierro galvanizado.

Isla Isabela de Basilán. Situada al sur de la península de Zamboanga, en Mindanao, y separada de ella por el mar. En la costa norte de esta isla, en 1884 se fundó el pueblo y establecimiento militar de Santa Isabel. Más tarde se crea un arsenal el cual dispone de varadero, cuartel de marinería y cuartel de infantería de marina, almacenes, pabellones, oficinas, y enfermería. Dicha enfermería es bastante amplia y dispone de tres salas. Es atendido el personal del Arsenal, el de las dotaciones de los buques de la división naval, y el de las pequeñas estaciones de Siassi, Bangao y Tataan, entre otras.

Bangao. Al sur del archipiélago de Tawi-Tawi. En el año 1882, España había creado una estación naval que originaria posteriormente una colonia. Al principio son utilizados buques pontones para enfermería, pero cuando se ocupa el N.E. de la isla, crece la población militar, se construye un fuerte y se instala un regimiento de infantería. Se construye una calzada que unirá el fuerte al pueblo. La enfermería va a ser rudimentaria, constituida por una amplia casa de madera y rupa, pudiendo albergar en ella unas 50 camas.

Hospital de Marina Nuestra Señora de los Dolores en Cañacao
 En Cavite había un Apostadero de estructura similar al de la Habana, y para la atención médica del personal se utilizó distintos hospitales. En el siglo XVIII se contó con un hospital en Manila mientras que en Cavite; el  convento de San José se había destinado para hospital militar, donde se atendía a los marinos destinados en el Apostadero, para ser el hospital de Manila, llamado San Juan de Dios, el que atendiera al Ejército. Pero aumenta la población de marina, paralela al agrandamiento del Apostadero, y entonces es necesario crear una enfermería naval dentro del Arsenal que pronto será insuficiente su ayuda. Por este motivo se ordena la construcción del Hospital de Marina de Cañacao, teniendo lugar su apertura el 18 de septiembre de 1876 y se llamará Hospital Nuestra Señora de los Dolores. El personal del cuerpo de sanidad presente en el Apostadero era escaso, y el primer director, nombrado de forma provisional, fue el primer médico jefe de clínica encargado de la sala de Marina del Hospital San Juan de Dios de Manila, ayudado por un segundo médico comisionado, procedente de uno de los buques del Arsenal, y fue el médico segundo de la fragata Carmen. El hospital está situado al N.E. de Cavite, en una ensenada que lleva este nombre y a unos 50 metros de la playa. A la entrada, una portada de piedra con puerta de madera que conduce a un amplio jardín. A la derecha queda la sala de San José con techo de tejas, y a la izquierda la de San Vicente con el techo de hierro galvanizado. Ambas tienen una sola planta, quedando elevadas a dos metros del suelo, con el fin de evitar la humedad de la zona.Cada una tiene 26 camas. Seguimos caminando y frente a la puerta principal nos encontramos con la Capilla, de forma redondeada y cerrada con cristales. Está rodeada de una galería pequeña con columnas metálicas y tiene un techo de hierro galvanizado. Rodeamos el edificio y por detrás nos encontramos con la sala del Carmen, de igual forma y construcción que las demás salas, con el  techo de tejas. Nos llamará la atención una serie de locales con distintos fines. Parque sanitario, botica, oficinas, despacho del director, cuarto del médico de guardia, departamento para la plana menor, sala de oficiales, habitaciones para las Hermanas de la Caridad, con capilla para estas, ropero, despensa, y cocina. El cuarto del médico de guardia quedaba a la derecha de la puerta de entrada y la cocina a la izquierda. Más tarde, debido a la gran afluencia de enfermos, es ampliado el Hospital, añadiéndosele el edificio de un antiguo cuartel de Infantería de Marina contiguo a él. De la misma forma, en 1892, se añadió la Casa del Comandante de Marina, como sala de beribéricos. Aumenta progresivamente la plantilla que queda constituida de la siguiente manera:
Personal militar sanitario:
1 Subinspector Médico de 2ª, Director. 1 Médico Mayor, Jefe de la Clínica de Medicina. 1 Médico Mayor, Jefe de la Clínica de Cirugía. 2 Médicos Segundos para guardias. 1 Primer Practicante. 3 Segundos Practicantes. 4 Terceros Practicantes. 1 Farmacéutico Primero.
El personal militar no sanitario llegó a ser el siguiente:
1 Contador de Navío de Primera Clase, Comisario Interventor. 1 Contador de Fragata, Pagador. 1 Capellán Segundo. 2 Terceros Escribientes.
La marinería destinada en el centro estaba constituida por marineros de 2ª:
1 Cabo de Luces. 1 Cocinero. 2 Ayudantes de cocina. 1 para servicio de Botica. 9 Enfermeros particulares.
El personal civil comprendía:
10 Hermanas de la Caridad. 1 Enfermero Mayor. 3 Cabos de salas. 1 Portero. 1 Sacristán.
El cargo de Jefe de Servicios o Jefe Facultativo recaía en el Médico Mayor Jefe de Cínica más antiguo. Este ocupaba la dirección en caso accidental. Las Hermanas de la Caridad realizaban función sanitaria y función administrativa, a semejanza de los hospitales de la Península.
Islas filipinas. Plano del Padre Pedro Murillo Velarde. Año 1744. Museo Naval de Madrid.

BIBLIOGRAFÍA
 ARCHIVO Y BIBLIOTECA NAVAL DE SAN FERNANDO. Estado General de la Armada. Año 1898.
BELAÚSTEGUI FERNÁNDEZ, A. Sanitarios Militares en Filipinas, 1521-1898: La lucha contra el olvido VII. Servicio de Publicaciones del Ministerio de Defensa. Madrid, 2012.
 CLAVIJO Y CLAVIJO, S. La trayectoria hospitalaria de la Armada española. Editorial Naval. Madrid, 1944.
ESPAÑA Y FILIPINAS. 1898. Centenario. Fundación Municipal de Cultura. Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, 1998.
GRACIA RIVAS, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
REGODÓN VIZCAINO, J. Contribución al estudio de la Medicina en las islas filipinas en la segunda mitad del siglo XIX. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Medicina. Departamento de Historia de la Medicina. Madrid, julio de 1990.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J.. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.



martes, 3 de octubre de 2017

MÉDICOS DE ARMADA EN FILIPINAS

1882. Epidemia de cólera.
Durante el verano de este año se declara en Zamboanga una epidemia de cólera en la que muere trágicamente el segundo médico Guillermo Gómez Nieto, hecho ya descrito. Otros médicos de Armada tienen también una participación activa en esta epidemia y cuyos nombres tenemos el deber de mencionar.
Primer médico Joaquín Lorente Aspiazu. El vapor Francisco Reyes conduce al Apostadero de Filipinas los enfermos procedentes de Zamboanga, quienes son atendidos en el transporte Patiño, convertido en buque hospital. Allí se presenta Joaquín Lorente, como voluntario, y más tarde sigue atendiendo a los contagiados en el lazareto de Maribeles. Por este hecho recibe en recompensa la Cruz Blanca y la Cruz Roja al Mérito Naval.
Otros médicos que participaron en esta epidemia fueron:
Subinspector de primera Antonio García Trimiño.
Subinspector de segunda José Millán Buit.
Médicos mayores:
Manuel Ruiz de Somavia Ramos.
Amalio Lorenz Seco.
Primeros médicos:
Bonifacio Martínez Martínez.
Manuel Ambrós Miguel.
Andrés Medina González.
Mariano Cuadrado Sáez.
José Sola Casaus.
Luciano Rajal del Val.
Segundo médico Aureliano Guerrero Sarró.
Todos estos facultativos fueron condecorados por su actuación, en 1884.
1884. Primer médico Pedro Espina Capo.
En febrero de 1880, estando destinado en Cuba, había participado en los conflictos de Vega Grande y Angostura y había obtenido el título honorífico de Médico mayor del Ejército. Estando destinado en el cañonero Bojeador, en Balabac, en 1884, se han apresado unos piratas. Uno de ellos, aprovechando un descuido, se abalanza sobre el comandante del buque, portando un arma arrebatada a un centinela. Se entabla una fuerte lucha y Pedro Espina sale en ayuda de su comandante y consigue reducir al prisionero con la ayuda de un fogonero. En esta acción sufre heridas graves en cabeza y mano.
1897.
Segundo médico Eustacio Torrecillas Fernández. En la madrugada del 4 de octubre de este año es atacada la guarnición de Baler. Perecen los cuarenta militares que la componían. A las tres de la tarde llega el transporte Manila, al mando de Juan José Ozámiz, quien manda a diez marineros, a cuyo frente está un contramaestre. La fuerza es acompañada por el segundo médico Eustacio Torrecillas. Desembarcan y atraviesan el rio Baler, en medio del fuego enemigo. Llegan al convento y se unen a una nueva tropa llegada y que está asediada. El edificio es incendiado pero una copiosa lluvia apaga el fuego. El transporte Manila abandona el fondeadero para ir en busca de refuerzos. Llevan ocho días de asedio y el capitán de infantería que está al mando de la guarnición es herido por un astillazo en la cabeza. Eustacio Torrecillas, al ser el oficial más caracterizado, toma el mando militar, resistiendo hasta que llegan los refuerzos y son liberados los asediados. Años más tarde, en este mismo lugar tendrá lugar una acción heroica protagonizada por un grupo de cazadores del Ejército que originó la leyenda de los Héroes de Baler.
Primer médico Andrés Castro Vargas. Había llegado voluntario al Apostadero de Filipinas y había sido destinado a la enfermería de la Estación Naval de Balabac. El 20 de noviembre de 1897 tiene lugar una insurrección, en este lugar. El gobernador de la Estación, que es el teniente de navío Bellamay, junto a un alférez, son asesinados cuando se disponían a escuchar la Misa del domingo. Andrés Castro es asesinado en la calle, junto a dos soldados de Infantería de Marina. Cuando llegan fuerzas en auxilio se encuentran que los insurrectos muestran las cabezas de las victimas izadas un unas pértigas.




Cañonero Bojeador. Historia Naval de España y Paises de habla española.foro.todoavante.es

BIBLIOGRAFÍA


ARCHIVO Y BIBLIOTECA NAVAL DE SAN FERNANDO. Estado general de la Armada. Cuerpo de Sanidad, 1885.
CLAVIJO Y CLAVIJO, S. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925
GRACIA RIVAS, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J.. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martinez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.



   

lunes, 25 de septiembre de 2017

HERMENEGILDO TOMÁS DEL VALLE ORTEGA. MÉDICO DE ARMADA EN FILIPINAS.


En el año1897 es destinado, como voluntario, a Filipinas, embarcando de transporte el 18 de junio de este año, en el Vapor Mercante León XIII con  el que llega a Manila el 16 de julio. Había sido destinado al Hospital de Marina Nuestra Señora de los Dolores en Cañacao. Está encargado de la Clínica 1ª de Medicina y de la asistencia de la Sala de oficiales. Además es el 2º jefe del Hospital ya que en este centro no hay destino de Jefe de servicios. 
En 1898  tiene que hacerse cargo de la Dirección del Hospital al pasar su director, el subinspector 2º Francisco Carrasco, a ocupar la Jefatura de Sanidad del Arsenal de Cavite. Estalla la guerra con Estados Unidos y tiene que efectuar la evacuación del Hospital en dos ocasiones. Posteriormente al conflicto, quedará a las órdenes del Inspector de Sanidad Militar del Ejército.
En1899, el Subinspector 2º de Sanidad de la Armada Francisco Carrasco Enríquez tiene que regresar a la península por enfermo y Tomás del Valle ocupará la Jefatura de Sanidad del Apostadero, al ser el más antiguo de los médicos de Armada. Se ha suprimido la Comandancia General y queda afecto a la Comisión liquidadora de la Marina en Filipinas, y habiendo llegado a Manila los prisioneros españoles que se encontraban en el norte de Luzón, entre los que habían numerosos enfermos y heridos, y siendo escasos los médicos del Ejército que quedaban, se presenta, con permiso de sus superiores, al Subinspector de 1ª de Sanidad Militar del Ejército Zacarías Fuertes Crespo, ofreciendo sus servicios que son aceptados de inmediato. Se le encarga un hospital instalado en el Colegio de Santo Tomás, con 150 camas.
En 1900, en el mes de marzo, se recibe un telegrama del Ministerio de Marina ordenando que la Comisión quedara reducida al Jefe y al Contador, siendo pasaportados para la Península el resto del personal, el día 15 de este mes, en el Vapor Mercante de la Compañía Trasatlántica Montevideo, llegando a Barcelona el 13 de abril y por temor a que este buque trajera la peste bubónica es enviado a Mahón, cumpliendo 10 días de la cuarentena y saliendo para Barcelona, a cuyo puerto llega el 24 de mayo. Tomás del Valle a su regreso comienza a disfrutar de una licencia de cuatro meses por estancia en ultramar.

Hermenegildo Tomás del Valle ante la guerra en Filipinas

Tomás del Valle se hace cargo de la dirección del Hospital de Cañacao el día 18 de marzo de 1898 . El 28 de abril recibe órdenes de la superioridad de trasladar el Hospital a unos camarines de sierra que poseía en el poblado de San Roque un tal Doroteo Inocencio, debido a su proximidad a Cavite y temiendo que se produjera un bombardeo de su arsenal. Incluso se había instalado una batería en Punta Sangley, muy próximo a Cañacao. Tomás del Valle reúne al personal del establecimiento para organizar el traslado. Los enfermos y heridos tendrán que ser transportados en carruajes, incluso a brazos. Se traslada el material. Entre los días 29 y 30 queda evacuado el Hospital, habiéndose trasladados un total de 320 hombres. El día 1 de mayo una escuadra americana procedente de Hong-Kong, al mando del comodoro Dewey, se presenta en la costa occidental de la isla de Luzón y dobla la isla del Corregidor, encontrándose con la escuadra española que manda el contralmirante Patricio Montojo Pasarón, fondeada frente al Arsenal de Cavite. Las cornetas de la Plaza habían tocado a las 2 de la madrugada: atención, para que todo el personal se presentara en su destino. En el Hospital estaban preparados las camas e instrumentos. Comienza el fuego a las 6 de la mañana, y media hora más tarde entra el primer herido, un paisano indio.Después comienzan a entrar más. Se recibe una orden urgente para que acudan al Arsenal de Cavite médicos y practicantes, con el fin de curar a los heridos desembarcados de la Escuadra. Como los dos jefes de clínica del Hospital se han marchado, solo queda Hermenegildo en el Centro. Los proyectiles enemigos caen en las mismas puertas del Hospital. Juan Redondo Godino es el primer médico del crucero Isla de Cuba quien en un articulo publicado años más tarde, nos habla de aquella odisea de la que también fue protagonista. Cuando se dirige al Hospital de Cañacao en una falúa con heridos y algunos cadáveres, se entera de su evacuación a San Roque y nos cuenta que se había colocado una bandera de la Cruz Roja izada en lo alto de un palo, en la playa próxima al Hospital. Aun así había estallado una granada en las mismas puertas del Centro y había producido la muerte de dos paisanos que acudían a pedir asistencia. Cuando se comunica que los americanos han desembarcado; el Jefe de Sanidad del Apostadero envía a Juan Redondo a parlamentar con el enemigo. Lleva sobre un brazo el brazalete de la Cruz Roja que le ha colocado una monja del Hospital y llegando a las líneas enemigas es conducido por dos marineros americanos ante el jefe de las fuerzas. Le saluda militarmente, se identifica como oficial médico de la Marina española, destinado en el hospital en cuyo techo ondea la bandera con la Cruz Roja y el día anterior las granadas americanas habían causado la muerte de personas en su puerta. El oficial que se identifica como el comandante del Concord, se lamenta mucho de lo ocurrido, manifestando que para los Estados Unidos de América: los heridos, mujeres y niños son sagrados. Cuando se recibe la noticia de que se iba a bombardear Cavite y San Roque, como los camarines era un sitio muy expuesto, al ser de madera y con peligro de incendio, Hermenegildo Tomás solicita permiso al jefe del Arsenal que es el capitán de navío de 1ª clase Enrique Sostoa Ordoñez, para trasladar el Hospital a otro sitio, quien responde que hiciera lo que creyese más oportuno. Ello fue el traslado  de todo el hospital a la Iglesia de San Roque, la cual era de piedra. Quedaba claro que el Hospital estaba amparado por el Convenio de Ginebra. Una vez enterados de que no tendría lugar el bombardeo, los enfermos y heridos son trasladados de nuevo al Hospital de Cañacao. Al no haber quedado personal subalterno, los mismos médicos tienen que colocar a los heridos en carretas. La casa de Tomás del Valle, en Cavite, ha sido saqueada por los insurrectos. Al llegar a su Hospital de Cañacao, se encuentra que no hay camas suficientes porque está lleno de familias acogidas y tiene que dormir en el suelo. El día 3, por la mañana, manda a la Escuadra americana dos médicos que hablan ingles, con el fin de entrevistarse con el Almirante Dewey y manifestarle que acogiéndose al Tratado de Ginebra pide la evacuación del hospital a Manila. Juan Redondo nos cuenta en su relato que abandonado Cavite, los indígenas habían asaltado el Hospital civil mientras que los heridos y personal del hospital de sangre de San Roque pudieron llegar al de Cañacao, donde también se refugiaron los enfermos y heridos del Hospital Militar del Ejército. Después acudieron al Hospital; mujeres, niños y  varios frailes. Según relato propio; Juan Redondo es uno de los médicos enviados por Tomás del Valle a parlamentar con los americanos, al no poder comunicar la situación a las autoridades militares españolas de Manila por estar los caminos terrestres interceptados por los indígenas. Aunque el camino marítimo estaba interceptado por los americanos, era más seguro. Cundo Juan Redondo llega al Acorazado Olympia, buque insignia de Dewey, el almirante americano se empeña en trasladar a los enfermos y heridos españoles al Arsenal, por considerarlo más seguro. Para los médicos españoles esta medida es impracticable ,pero Dewey no cede y al final se le puede convencer gracias a la intercesión del cónsul de Inglaterra. El jefe de Estado Mayor americano va a prestar una embarcación con la condición de que sea devuelta y no se quedara en Manila. Dejando una guardia de 10 hombres para defender el Hospital de los insurrectos, se dispone a embarcar a los heridos y enfermos, muchos de ellos en situación de extrema gravedad, incluso algunos recién operados. Llegado a su destino, quedan todos alojados en el hospital ambulante de San Gabriel, del Ejército. El día 10 de mayo; ordena el almirante Montojo formar un hospital de Marina, en Manila, en el Convento de Nuestra Señora de Guadalupe de los Agustinos Recoletos, para cuya empresa había sido nombrado un contador de la Comisión de Compras, con la finalidad de adquirir lo necesario. Después de efectuar algunas obras, a los quince días el hospital funcionaba con toda regularidad, albergando a todos los enfermos y heridos, excepto a aquellos que por su gravedad habían quedados en los hospitales ambulantes del Ejército. El día 4 de junio; el coronel Lasala pierde la línea del rio Zapote, tiene que replegarse a Taguig para posteriormente retroceder a Guadalupe, quedando el Hospital a vanguardia del Ejército. Entonces; previniendo una invasión del enemigo, se da la orden de que saliera todo el personal refugiado en él que no fuera enfermo o herido o trabajador del centro. El personal sanitario que queda en el recinto se reduce a dos médicos segundos, un farmacéutico, varias hermanas enfermeras, algunos practicantes, y el director Tomás del Valle. Además, el intendente y el capellán. Cuando llegan los insurrectos piden al teniente que manda una fuerza de 20 hombres, defendiendo el edificio, se rindiera. Tomás del Valle manda una nota al jefe de los tagalos, recordándole la neutralidad del Hospital, pero hace caso omiso.Se rompe el fuego y al final entran los insurrectos; atropellando, robando y maltratando. El día 6 llega al convento de Guadalupe el general del ejército tagalo Pio del Pilar, formando de inmediato un Consejo de Guerra, y parte para Emilio Aguinaldo, jefe supremo de la revolución, un oficio en el que se pide el fusilamiento del teniente que defendía el Convento y el del director Tomás del Valle, por la  resistencia de ambos a la negociación de rendición. El día 11 llega al Hospital un convoy de heridos procedentes del destacamento de cazadores de Calambá. El día 12 se presenta el cónsul de Inglaterra para liberar el Hospital pero los tagalos no quieren entregar a los cazadores heridos. Hermenegildo se queda voluntariamente prisionero en el Hospital para no abandonar a sus heridos. El día 21 acude un médico mayor de Sanidad Militar del Ejército para buscar a los heridos y a Hermenegildo Tomás del Valle, con autorización pactada para conducirlos a todos a Manila, terminando la terrible odisea. Los pasos posteriores por la Jefatura de Sanidad del Apostadero, la Comisión liquidadora y el Hospital provisional del Colegio de Santo Tomás, ya lo conocemos.

Hermenegildo Tomás del Valle como secretario del sección XIV del XIV Congreso Internacional de Medicina. Madrid, 1905. 
Banco de imágenes de la Medicina española. Real Academia Nacional de Medicina.
www.bancoimagenesmedicina.com

BIBLIOGRAFÍA

ARCHIVO GENERAL DE MARINA ÁLVARO DE BAZÁN. Hoja de Servicios de Hermenegildo Tomás del Valle y Ortega. Legº. nº. 2898/150.
CLAVIJO Y CLAVIJO, S. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925na, 1995.
ESTADO GENERAL DE LA ARMADA. Años de 1898 a 1914. Biblioteca y Archivo Naval de San Fernando.
GRACIA RIVAS, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
PUIG-SAMPER, M.A. “El Dr. Valle y Ortega: médico naval y antropólogo”. Revista de Historia Naval. Año IV. 1986. Número 12, pp. 45-65. Instituto de Historia y Cultura Naval. Armada española. Biblioteca Naval de San Fernando.
REDONDO GODINO, J. “Combate de Cavite: Impresiones de un médico”. Revista General de Marina. Madrid, abril, 1904. Biblioteca Naval de San Fernando.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FÉRNANDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martinez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
WIKIPEDIA. www.wikipedia.org/wiki


lunes, 18 de septiembre de 2017

JUAN REDONDO GODINO Y MANUEL BALLESTEROS PARDO. DOS MÉDICOS DE ARMADA EN FILIPINAS.


Las incidencias médico-quirúrgicas que van a ocurrir en el desgraciado combate naval de Cavite la tenemos reflejadas en el relato de uno de los médicos participantes. Es el caso del primer médico Juan Redondo y Godino, embarcado en el crucero Isla de Cuba, quien publicó un artículo en la Revista General de Marina, en abril de 1904, en donde cuenta sus impresiones de este combate naval y de las que podemos comentar los puntos más importantes.
En 1896 zarpa de Cádiz en el crucero Isla de Cuba, rumbo a Manila y una vez llegado a Filipinas, con los demás buques del apostadero, realizará unas maniobras navales en Luzón para dirigirse después a Ilo-Ilo, hasta primeros de marzo del 98 en que regresa a Manila. Juan Redondo muestra su satisfacción porque el Isla de Cuba lleva un instrumental quirúrgico nuevo; aséptico, encerrado en estuches de níquel, pulimentados y brillantes. El cargo de medicinas y el material de curaciones están completos. No obstante, piensa que sería necesario adquirir: gran cantidad de apósitos y vendajes, gasas asépticas, fenicadas, sublimadas, y yodofórmicas, algodones hidrófilos, antisépticos y una gran cantidad de suero Hayem, utilizado para combatir el shock provocado por los brutales destrozos. Piensa en el grave problema que existe para transportar los heridos; pues “con las camillas, literas, extensores, sillones y delantales que se han inventado, podría formarse un museo”. Sigue preocupado porque el barco es pequeño y está dividido en varios departamentos sin ninguna comunicación. Callejones estrechos, escotillas reducidas, escalas demasiados verticales, y la conducción de los heridos solo se podría hacer “a brazos”. Grave problema el de la enfermería de combate pues la enfermería ordinaria, situada en cubierta, a babor y debajo del puente, está constituida por un camarote con cuatro literas; hay una estantería para medicinas, instrumental, material de curaciones, y cargo del practicante. Es pequeña y no adecuada para el combate. Podría establecerse la enfermería de combate en la cámara de oficiales como lo hicieron en una ocasión los médicos de la Armada japonesa. Se puede disponer de ocho camarotes contiguos con literas, contándose con veinticuatro camas. La mesa de comedor hará de mesa de operaciones y se hará provisión de agua; utilizando jarros, lavabos y palanganeros. Esta pasajera euforia que experimenta nuestro médico, es interrumpida de repente por un terrible pensamiento; dentro de la cámara hay tres pañoles de municiones con granadas y torpedos, a lo que hay que sumarle la maquinaria del servomotor con sus emanaciones.
Llega la noticia de que la escuadra enemiga ha salido de la Bahía de Mirs, territorio de China bajo control británico, el día 27 de abril por la mañana. El Isla de Cuba navega en situación de combate, colocándose por la aleta de estribor del Reina Cristina. A las diez de la noche se toca silencio y se retira a descansar la mitad de la dotación. A media noche suena un cañonazo, señal que transmite el Marqués del Duero, anunciando que el enemigo ha franqueado la isla del Corregidor. La noche es clara, de luna, aunque de vez en cuando aparecen grandes y densos nubarrones. A la llegada a la bahía de Manila, esta ofrece un aspecto desolador. Ni en el puerto ni en la costa se aprecia una sola luz, pues se ha apagado toda la iluminación. Existe una gran calma que a Juan Redondo se le antoja como precursora de un gran acontecimiento. A las cuatro de la mañana, paseando por la toldilla con el oficial de guardia, observan luces en dirección a la desembocadura del rio Bulacán. Es la escuadra americana. En este momento, el Reina Cristina iza en el pico de mesana; tres faroles rojos, indicando la señal de prepararse para abrir fuego. Se apagan las pocas luces que quedan encendidas y vuelve un silencio sepulcral. Son las 5 y 30 de la mañana y la batería de punta Sangley, en el norte de Cavite, hace el primer disparo, seguido por todos los buques españoles. Al momento es contestado por los americanos. El Isla de Cuba es sacudido con violencia y a Juan Redondo se le ha confiado la misión de custodiar la llave de los grifos de los pañoles de popa, con la intención de inundarlos cundo se le ordenara o creyera conveniente. Comienza situándose en la enfermería de combate, pasando revista a la caja de instrumentos y material de curaciones, cuando se escucha un grito de ¡Viva España!, repetido varias veces, resuena por todo el barco y al instante se escucha: “Lo hemos echado a pique”. Uno de los tiros del Isla de Cuba había hecho blanco en un buque enemigo. Se trata del Baltimore, pero solo habían logrado inclinarlo con serias averías. El Reina Cristina es el blanco principal del enemigo y aparece un incendio a bordo, mientras que infinidad de granadas pasan por encima del Isla de Cuba y cortando drizas y jarcias explotan al chocar con el agua. Aparece un segundo incendio en el Cristina, y estando en esta preocupación, una avalancha de heridos que después se comprobó ser 37, llegan a la enfermería del Isla de  Cuba.Curiosamente; ninguno pedía ser curado, solo pedían agua. Las lesiones fundamentales eran: Desgarros, magullamientos o destrozos, y rara vez una sola; generalmente varias, y muchas de ellas se complicaban con fracturas. Un oficial tenía catorce heridas con quemaduras en cara y manos y hubo que aplicar grandes apósitos antisépticos para absorber la sangre y dejar las heridas resguardadas del contacto del aire. Se reanimó a muchos heridos con inyección de suero o “bebida cordial”. No se podía pensar en alguna operación quirúrgica de importancia. A un contramaestre hubo de extraerle un enorme fragmento de granada. En ese momento llega la noticia de que el Jefe de la Escuadra ha sido herido, teniendo que acudir a socorrerlo el médico del Cristina, Antonio Siñigo quien había trasbordado al incendiarse su buque. Después de curar a su herido y administrarle una inyección de suero, Juan Redondo acude inmediatamente a interesarse por el jefe de la escuadra. Al llegar a cubierta se encuentra que el combate ha terminado y estaban fondeados en el Arsenal. El general le comunica que debe dirigirse al Austria para hacerse cargo de los heridos, entre los que se encuentra el médico de este navío. En un bote parte del Arsenal y cuando llega a la punta de Guadalupe se queda asombrado. El aspecto es desolador. Trozos de madera, fragmentos de botes, de remos, salvavidas, y multitud de objetos. Uno de los botes tenía una O en la proa, indicando de que pertenecía al Olympia, buque insignia americano, y este bote sería arrojado al mar al haberse declarado un incendio a bordo de este navío. El Cristina y el Castilla habían sido devorados por las llamas y cerca de ellos; el Ulloa y el Austria. El comandante de este último, Juan de la Concha, había muerto en el combate. Al subir a bordo del Austria, el barco daba la impresión de una casa en ruinas. El médico; Manuel Ballesteros, había realizado un acto heroico. Cuando el barco tuvo el primer herido, bajó a la enfermería y estando curándolo, un casco de granada le fracturó una pierna. Cuando aún no había acabado, le comunican que en el sollado de proa se desangran dos hombres. Entonces; pide que le cojan en brazos y atravesó la cubierta, de popa a proa, bajo el fuego enemigo.Una vez en el sollado, con ayuda del practicante, logra controlar la situación, conteniendo las hemorragias y logrando salvar la vida de los marineros. Después de solucionar los problemas más importantes de la enfermería del Austria, Juan Redondo embarca en un bote en el que van dos muertos y catorce heridos, remolcado por una lancha de vapor y con intención de llevarlos al Hospital de Cañacao, pero este ha sido abandonado, trasladándose enfermos y personal sanitario a San Roque por estar más alejado de los bombardeos. El director en ese momento, es el médico mayor y jefe de clínica: Hermenegildo Tomás del Valle, quien había mandado colocar una bandera con la cruz roja izada en lo alto de un palo y en plena playa de San Roque, con el fin de advertir a amigos y adversarios de la existencia del centro hospitalario. Al poco tiempo de llegar al hospital, el enemigo rompe el fuego y comienza el bombardeo del Arsenal. Una granada estalla en la puerta del hospital alcanzando a dos paisanos que habían acudido a buscar refugio en el. A los heridos de la escuadra se le suman los del Arsenal, quedando el hospital abarrotado, mientras que barcos incendiados hacen explosión por las granadas almacenadas, como fue el caso del Lezo, cargado de dinamita. Al día siguiente, nuestro médico contempla en la playa al Isla de Cuba echado a pique con su chimenea y palos rendidos y quemada la superestructura. Con gran tristeza piensa que en el queda cuanto poseía; equipo, instrumentos, los retratos de su madre, mujer e hijos, dinero y algunos objetos sin valor. Al separarse de la playa y al llegar al istmo, otra impresión impactante. La población indígena de Cavite abandonando en masa la ciudad. Hombres, mujeres y niños huyen a la desbandada; unos en coches, otros en carromatos, otros en carretas, pero la inmensa mayoría a pié, llevando a cuesta su ajuar. Al llegar al Arsenal, Juan Redondo es asignado al Hospital de Cañacao, otra vez habilitado, a donde comienzan a llegar heridos de gravedad quienes requieren intervenciones quirúrgicas de importancia, como es el caso de la amputación del muslo a un indio a quien un casco de granada se lo había destrozado. Más tarde se comunica que los americanos han desembarcados y las tropas españolas comienzan la evacuación. El jefe de sanidad del Apostadero envía a Juan Redondo a parlamentar con el enemigo. Llevando la insignia de la Cruz Roja, que le ha proporcionado una Hermana de la Caridad, colocada en un brazo, llega a las líneas enemigas, encontrando a estos desplegados como en guerrilla, y siendo escoltado por dos marineros americanos; llega al lugar donde se encuentra el oficial que manda las fuerzas. Le saluda militarmente y le comunica que es un médico de la Armada española destinado en el Hospital de cuyo techo ondea la bandera con la Cruz Roja, y el día anterior las granadas americanas habían causado la muerte de personas en su puerta. El oficial quien se identifica como el comandante del Concord, se lamenta mucho de lo ocurrido, manifestando que para ellos: los heridos, mujeres y niños, son sagrados. Una vez evacuado Cavite, la población ribereña se precipita sobre la ciudad, saqueando el Arsenal y demás dependencias, así como las casas de los españoles, de los chinos, establecimientos y viviendas de los indígenas acomodados. Al día siguiente; los indígenas del interior asaltaron el Hospital Civil de Cavite mientras que los heridos y personal del hospital de sangre de San Roque pudieron llegar al de Cañacao, donde también se refugiaron los enfermos y heridos del Hospital Militar del Ejército. Después; acudieron a Cañacao las mujeres españolas, los niños y varios frailes. El director del Hospital envía a Redondo a Manila, con el fin de notificar la situación, pero el camino terrestre está interceptado por los indígenas y el marítimo por los americanos, aunque este último es sin duda alguna más seguro. Ahora surge el problema de conseguir una embarcación. No obstante, encuentra una con la que puede llegar al Olympia y hablar con el Almirante americano Dewey quien le promete trasladar los enfermos y heridos al Arsenal. Esta medida es impracticable, Dewey no cede y al final puede convencerle gracias a la intercesión del cónsul de Inglaterra. De este modo, los enfermos pudieron ser trasladados a Manila.


Manuel Ballesteros Pardo. Salvador Clavijo. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. P 390

BIBLIOGRAFÍA

CLAVIJO Y CLAVIJO, S. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925
GRACIA RIVAS, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
Redondo Godino, J. “Combate naval de Cavite: Impresiones de un médico”. Revista General de Marina. Madrid. Abril, 1904.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J.. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martinez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.


martes, 12 de septiembre de 2017

MANUEL RODRIGUEZ PALMA Y EUGENIO FERNÁNDEZ Y MENÉNDEZ VALDÉS. DOS MÉDICOS DE ARMADA EN FILIPINAS.


En el año 1867; el vapor transporte Malaspina, el cual se encontraba asignado al archipiélago filipino desde 1859, cuando se dirige de Hong-Kong a Manila, es sorprendido por un huracán que causa la inmediata desaparición de nuestro buque. Entre la dotación figura el primer médico Manuel Rodríguez Palma.

 En 1884, el crucero Gravina tiene que realizar una comisión; dirigiéndose de Manila a Shanghái, zarpando el día 8 de julio, y costeando toca en Cayo Bolinao para enfilar el canal de Formosa. En este momento le sorprende un huracán cuando se divisaba la isla de Fuga, por lo que su comandante, el capitán de fragata José García de Quesada, decide fondear en la bahía de Musa, pero debido a la furia del mencionado huracán el buque es arrojado a la playa, estrellándose sobre las rocas para quedar dividido en dos partes y comienza a hundirse por estribor. En el puente se apiñan los tripulantes, es de noche y hay que esperar el amanecer para iniciar los primeros intentos de evacuación. Se echa un calabrote por medio de un bote tripulado por el alférez de navío Gabriel Quiroga, junto a varios miembros de la dotación, pero el bote se estrella contra el costado del barco haciéndose pedazos y salvándose los tripulantes milagrosamente. La única esperanza era llevar una guía a tierra para tender un cable. Lo intenta hacerlo, a nado, el tercer contramaestre Manuel Gestal, pero perece a la vista de la dotación. Entonces; intenta la misma operación, esta vez sobre una vela de velacho, el alférez de navío Manuel Galán, acompañado de tres marineros, pero se estrellan contra el casco del buque. El médico de a bordo; el segundo médico Eugenio Fernández y Menéndez Valdés solicita permiso al comandante para llevar otra guía y aunque este trata de disuadirlo, ante la gravedad de la situación, cede. Fernández Valdés se arroja al mar, consiguiendo llegar a tierra. Está lleno de heridas y contusiones, y sin apenas tener tiempo para recuperarse, vuelve al mar para recobrar una de las guías que habían echado desde a bordo, en un gallinero. Algunos desafortunados que le habían seguido murieron mientras que otros pudieron alcanzar la orilla, y con ellos, cobrando la guía, consiguieron llevar a tierra un calabrote de acero que amarraron a un árbol, quedando establecido de esta manera un puente por el que pudieron alcanzar la orilla los que quedaban de la dotación, uno a uno, siendo el último; el comandante. De esta forma se salvaron 175 náufragos. La acción de Fernández y Menéndez Valdés pronto sobrepasó las fronteras. La Sociedad de Médicos de la Marina Imperial de Rusia por medio de su Director General de Sanidad dirigió una felicitación al Inspector General de Sanidad de la Armada española, elogiando la acción de nuestro heroico médico.



Eugenio Fernández y Menéndez Valdés. Museo Naval de Cartagena.




BIBLIOGRAFÍA

CLAVIJO Y CLAVIJO, S. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925
GRACIA RIVAS, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
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lunes, 4 de septiembre de 2017

MIGUEL DE LA PEÑA GÁLVEZ. MÉDICO DE ARMADA EN FILIPINAS.


En 1896; comienza la insurrección en Filipinas, siendo el día 20 de agosto de este año cuando el cura de Tondo, el agustino Mariano Gil, informa a las autoridades españolas que está a punto de producirse un alzamiento frente al Gobierno de la nación. Comienzan las primeras escaramuzas. La infantería de marina se encarga de formar un regimiento de operaciones en Filipinas. De este modo, con fuerzas de Cádiz y Ferrol se forma el primer batallón, el cual va a quedar constituido por 6 compañías. Al mando del teniente coronel del cuerpo Marcelino Muñoz Fernández; parte de Cádiz en el vapor correo Cataluña, de la compañía Trasatlántica, rumbo a Manila. Una vez llegado al archipiélago se unirá al batallón allí existente, el cual al mando del teniente coronel Lorenzo Tamayo López queda como segundo batallón. Ambas unidades quedan al mando del coronel del cuerpo Juan de Herrera y Caldera, adoptando más tarde el nombre de primer regimiento. Pronto se va a formar una fuerza militar mixta al mando del general del Ejército Diego de los Ríos y Nicolau, la cual va a estar constituida por los batallones de infantería de marina: 1º del 1º regimiento y 1º del 2º regimiento de Filipinas. Este último regimiento va a estar al mando del coronel del cuerpo Fermín Díaz Matoni. El primer batallón de este 2º regimiento, constituido por fuerzas de Cartagena y San Fernando, al mando del teniente coronel José de Goyenechea Agüera, había llegado de la Península en el vapor correo Antonio López de la compañía Trasatlántica, zarpando del puerto de Cartagena. Los batallones de infantería de marina se unirán al regimiento del Ejército Joló nº 73, así como fuerzas de artillería e ingenieros. Es el mes de noviembre de 1896, el enemigo se ha hecho fuerte en Noveleta y se trata de recuperar este lugar. Se forma dos columnas que atacarán por diferentes sitios para después unirse. Una de ellas va a estar al mando del coronel del ejército José Marina de la Vega mientras que la otra la mandará el coronel de infantería de marina Fermín Díaz Matoni. La columna del coronel Marina en el cruce de Imus, entre Binacayan y Cavite Viejo, es sorprendida por los insurrectos quienes permanecen en trincheras fuertemente construidas, sufriendo gran número de bajas. El teniente coronel Marcelino Muñoz, herido de gravedad, continua al frente de su batallón de infantería de marina, no queriendo ser curado por no abandonar el servicio.  El médico primero Miguel de la Peña Gálvez quien acompaña al primer batallón del primer regimiento de Infantería de Marina; al ver que sus heridos iban a ser rematados por los enemigos, animando a los soldados de su alrededor, pese a sufrir heridas; hace fuego con su revólver, consiguiendo retirar las numerosas bajas que había. Después; ayudado por el primer médico Manuel Gil y Gil, y los segundos médicos: Ramón Días Barea y Eustasio Torrecillas Fernández quienes se habían hecho cargo de una ambulancia, proceden a la evacuación de los heridos en circunstancias muy difíciles ya que la columna había sido rota y aparecía un enorme desorden, teniendo que hacer las primeras curas bajo el fuego enemigo por no tener la posibilidad de efectuar un traslado a lugar seguro. En esta misma acción; el capellán segundo Esteban Porquores Orga, además de prestar a los heridos los auxilios espirituales, realizó una valiosísima labor, transportando sobre sus hombros a algunos de ellos, hasta ponerlos a cubierto de los disparos. Por este comportamiento, junto a Manuel de la Peña, se le concedió a ambos; la Cruz Laureada de San Fernando.


Miguel de la Peña Gálvez. Museo Naval de Ferrol. 
NOTAS.
*). Roca Núñez et al. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. pp. 98-99.

BIBLIOGRAFÍA

CLAVIJO Y CLAVIJO, S. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925
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lunes, 21 de agosto de 2017

ESTANISLAO GARCÍA LORANCA. MÉDICO DE ARMADA EN FILIPINAS.


 En el año 1874, el día 5 de abril tiene lugar la acción de Patean, cuando una escuadrilla al mando de Pascual Cervera y Topete compuesta por la corbeta Santa Lucia y los cañoneros Bulusán y Samar, navegan por las aguas de la isla de Patean, mientras que piratas en pequeñas embarcaciones se acercan a los barcos españoles y disparan contra ellos. Después de rechazado enérgicamente el ataque, como los piratas emprenden la huida, Cervera envía a tierra una compañía de desembarco de la Santa Lucia con el fin de realizar la persecución y desmantelar las instalaciones piratas. Pero la expedición regresa sin haber encontrado al enemigo, refugiado en los poblados bosques de la isla. Al día siguiente se reanuda la acción sin éxito pero se ha apresado a un guerrillero quien se brinda a conducir a los españoles a una cueva entre las rocas, situada en el interior de la isla, que sirve de escondrijo al enemigo. A las seis de la mañana se pone en marcha una nueva compañía de desembarco con la que va el segundo médico de la Armada embarcado en la Santa Lucia; Estanislao García Loranca. La compañía toma tierra y guiada por el preso llega a un valle rodeado por escarpadas montañas y bosques. Al mando está el teniente de navío Juan López de Mendoza quien organiza dos baterías con cañones; una al mando del contador Francisco Martin y la otra mandada por el alférez de navío José María Chacón. La primera se sitúa al Este y la segunda al Norte, para ofrecer protección, mientras que López de Mendoza con el resto de las fuerzas se dirige a inspeccionar la cueva. Allí serán sorprendidos por numerosísimos guerreros bien armados que caen sobre ellos por lo que tienen que retroceder al valle para quedar cubiertos por la batería de Chacón. Han tenido numerosas bajas y faltan el alférez de navío Serantes, el médico García Loranca y el soldado Uget, entre otros. Intentan, antes de regresar, rescatar los cadáveres de los compañeros muertos; transportan un cañón con el que abren fuego frente a la boca de la cueva y reforzados por una columna del Samar consiguen recuperar los cadáveres, excepto el del médico que se da por desaparecido.


Segundo Médico Estanislao García Loranca. Museo Naval de Ferrol.

NOTAS.
*). Roca Núñez et al. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. pp. 96-97.

BIBLIOGRAFÍA

CLAVIJO Y CLAVIJO, S. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925
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ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J.. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martinez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.