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miércoles, 27 de marzo de 2019

LA DOCENCIA EN EL CUERPO DE SANIDAD DE LA ARMADA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. LAS MEMORIAS CLÍNICAS.


Con el objeto de que no decaiga el amor al estudio. La afición al adelanto de la ciencia, y á fin de que esto redunde en beneficio de la humanidad, reunirán una vez al mes en sus oficinas á los Jefes y Oficiales del cuerpo que se encuentren en el Departamento para conferenciar sobre un caso práctico de Medicina o Cirugía, ó acerca de una tesis concerniente a higiene naval;…1
Reglamento del Cuerpo de Sanidad de la Armada. Art. 14
                                                                                                                                                                  
Recordando el destacado papel que tuvieron las juntas literarias del antiguo Colegio de Cirujanos de la Armada, se establece que se lea una memoria clínica, una vez al mes en cada Departamento Marítimo, con el fin de asegurar la buena formación del médico de la Armada. En el reglamento del Cuerpo de Sanidad de la Armada del mes de julio de 1869; los artículos 14 y 15 se refieren a estas memorias, manifestando que una vez al mes se reunirán los jefes y oficiales del Cuerpo que se encuentren en el Departamento para conferenciar sobre un caso práctico de medicina o cirugía o acerca de una tesis referente a higiene naval. Se establecerá un turno de moderno a antiguo. Habrá dos concurrentes que hagan objeciones y serán nombrados por el Inspector de Sanidad del Departamento. Dicho Inspector presidia las conferencias y era responsable de conservar el orden en ellas así como dar conocimiento al Almirantazgo, remitiéndose las memorias y un extracto de las reflexiones que se hubieran hecho. De esta forma se podía constituir un tribunal presidido por un inspector médico de primera clase, asistido por otro inspector de segunda clase, dos médicos mayores, dos primeros médicos y cinco segundos médicos, siendo el más moderno quien ejercerá la función de secretario.
El ilustre historiador y médico de la Armada Salvador Clavijo, ha hecho una investigación de las memorias leídas en esta década y de sus autores, que podemos resumir por apartados:
Enfermedades infecciosas Y CARENCIALES
Tratamiento de las fiebres perniciosas. Paludismo. Recidivas de las fiebres palúdicas. Consideraciones sobre el beriberi. Fiebres intermitentes. Preservación de la fiebre amarilla. Sobre la viruela. Sobre el escorbuto. Viruela hemorrágica. Una palabra sobre el paludismo. “Grippe”. Sífilis en los niños. Fiebre en general. Notas para una monografía de la fiebre amarilla. Fiebre intermitente perniciosa. Los miasmas palúdicos. Infección purulenta. Bases para un tratamiento racional de la tuberculosis. Concepto semiológico y etiológico de la disentería de los países cálidos intertropicales. Teoría patogénica de la enfermedad del sueño. Reflexiones sobre el cólera en Zamboanga en 1882. Un caso de tetania. Epidemia de cólera morbo asiático en la isla de Baglan (Filipinas).Epidemia colérica en Puerto Real. Otras muchas más.
Debido a los destinos de la Marina en países donde muchas de estas enfermedades eran endémicas, constituía un tema de máximo interés el estudio sobre la trasmisión de ellas. Por otra parte, la viruela a pesar de que la vacuna había sido descubierta en el siglo XVIII y que el médico del Ejército Balmis, entre 1803 y 1814 distribuyó dicha vacuna por las colonias de América y Filipinas, ayudado en algunas ocasiones por médicos de la Armada; la enfermedad podía resultar mortal. A pesar de que los buques, desde hacía mucho tiempo, llevaban cítricos en sus despensas, todavía se daban casos de escorbuto y enfermedades carenciales.
Aparato Digestivo
Tratamiento de las dispepsias en Filipinas. Funciones hepática. Dos casos de hepatitis. Fiebre gástrica. Cálculos biliares. Hepatitis purulenta. Causas recientes de la ictericia. Otras muchas más.
Muchos de estos trastornos podían estar relacionados con la dieta alimentaria y con infecciones que afectaran al tracto digestivo, en una época en la que no se conocían los antibióticos.
Sistema nervioso
Mielitis crónica. Examen práctico del sistema nervioso. Diagnóstico diferencial de las afecciones nerviosas. Hemiplejia facial por causa cerebral. Diagnostico del síntoma paraplejia. Diagnostico de las enfermedades sifilíticas del cerebro. Conmoción cerebral. Epilepsia. Un caso de epilepsia. Otras más.
Se disponía de pocos medios de exploración pues no existía una radiología profunda ni electroencefalografía que ayudara al estudio de estas enfermedades. No obstante; la clínica y la exploración física con sus métodos, estos médicos la dominaban a la perfección. La sífilis producía estragos en la población militar y al no existir terapéutica adecuada para detener su evolución, llegaba a afectar al sistema nervioso.
Aparato cardiocirculatorio
Angina de pecho. Junto a otras más.
Conocida desde muy antiguo pues ya hay referencias de ella en tiempos de Séneca. No obstante; la entidad fue descrita de forma clara por primera vez en el año 1768, por William Heberden en el Real Colegio Médico de Londres. Los médicos del siglo XIX conocían perfectamente el ángor pectoris con sus características clínicas de: localización, duración, irradiación, relación con la marcha o aparición en reposo.
Aparato Respiratorio
Asma. Ligeras consideraciones sobre la neumonía del vértice. Junto a otras más
Antes de la era radiológica ya los clínicos podían localizar los procesos neumónicos gracias a su habilidad en la percusión y auscultación. Con los primeros estudios radiológicos, el problema fue más sencillo, pero la radiología aún no estaba perfeccionada. La valoración clínica de la disnea y la auscultación de sibilancias podía ser fundamental en el asma bronquial.
Cirugía
Ligadura de la arteria radial. Hernias inguinales reducibles. Cirugía conservadora. Heridas por arma de fuego. Herida penetrante de pecho. Vendaje de Esmarch. Herida penetrante de vientre con lesión intestinal. Tratamiento de los aneurismas por la introducción de cuerpos extraños. Heridas de cabeza con fracturas. Tratamiento antiséptico de las heridas. Importancia de las operaciones quirúrgicas como medio profiláctico de la tuberculosis. Caso práctico de absceso osifluente operado por el aparato aspirador de Dieulafoy. Algunos apuntes sobre los heridos curados y operados en Cartagena de Indias, en 1885. La anestesia en cirugía. Historia clínica sobre una herida y quemadura por explosión de pólvora. Ligera consideración sobre las heridas por arma de fuego y su tratamiento. Algunas consideraciones sobre la fluxión en general. Otros muchos temas prácticos.
La preparación quirúrgica del médico de la Armada en esta época de mediados a finales del siglo XIX, no tiene más remedio que ser óptima pues el facultativo embarcado estaba sometido a navegaciones muy largas con mínima probabilidad de evacuación a hospitales. Las fracturas y las heridas, entre ellas por arma de fuego, representaban un porcentaje elevado. Otros temas tratados corresponden a cirugía hospitalaria. Intervenciones y técnicas, de las que se hablan, todavía  no habían sido introducidas en muchos hospitales civiles y militares del país. No obstante, constituirá una importante fuente de conocimientos para preparar el terreno a una cirugía de élite.
Traumatología
Consideraciones sobre la terapéutica de las fracturas de miembros y ventajas del apósito amovo-inamovible del doctor Creus. Entre otras muchas.  
La traumatología en esta época correspondía a los cirujanos en los hospitales mientras que en las unidades navales y dependencias era desempeñada por el médico del destino.
Oftalmología
Daltonismo desde el punto de vista médico legal. Conjuntivitis granulosa purulenta. Conjuntivitis granulosa. Amaurosis completa pasajera consecutiva a la acción de la atropina y calaborina. Muchas otras.
Muchos son los problemas clínicos y legales que se plantean a los médicos del cuerpo destinados en los hospitales de Marina. La exploración del daltonismo era de una gran responsabilidad para el personal facultativo de la Armada. Las conjuntivitis granulosas debido al tracoma, eran frecuentes.
Odontología
Estudio sobre las caries y necrosis. Entre otras.
 Era ello responsabilidad conjunta del médico y del practicante, extrayendo piezas dentarias dañadas, y mediante la preocupación de que hubiera  higiene personal.
Psiquiatría
Concepto general sobre la locura. Histerismo, las pequeñas locuras. Algunas palabras sobre la locura de Lister. Algunas consideraciones sobre el histerismo en el sexo masculino. La psicofísica y sus hombres. Consideraciones acerca del estudio del temperamento y constitución individual. Consideraciones generales acerca de las neurosis. Reflexiones sobre el suicidio. Otras muchas más.
En esta época nos llama la atención; como está presente la ansiedad en la vida del personal de la Armada, sobre todo en aquellos reclutas que no tienen ningún tipo de experiencia marinera. Va a prestársele atención a los estímulos físicos y las distintas reacciones que van a experimentarse en los individuos afectados por ellos, y más bien como rama de la psicología que de la psiquiatría. Nos damos también cuenta del apoyo que esta rama de la Medicina prestará a la medicina legal y forense.
Terapéutica
La hidroterapia en los hospitales y buques de la Armada. Tratamiento de la sífilis. Transfusión de la sangre. Efecto fisiológico del hachís. Curación del tétanos por el cloroformo. Consideraciones sobre el tratamiento del tifus. Generalidades sobre la cura de Lister. Algunas consideraciones sobre los medios hipotérmicos. Del uso del jeriquiti en la terapéutica de los ojos. Agua fría, sus aplicaciones en los estados nerviosos. Indicaciones y contraindicaciones de las aguas minerales. Ventajas higionáuticas del alumbrado eléctrico. Influencia terapéutica de la electricidad. El mercurio en la sífilis. Los polvos vegetales de Guglionne como antipiréticos. Diversas opiniones sobre el acido fenico como antipirético. Electricidad médica. El cloruro de sodio en las ulceras atónicas- fungosas. Efectos terapéuticos del frío y enfermedades en que con mayor ventaja se ha empleado. Influencia del alcohol, empleado localmente en el tratamiento de las heridas. Profilaxis y tratamiento de las fiebres intermitentes. Seleccionadas entre otras muchas más.
En una época en la que no existen los antibióticos, el procurar una asepsia en cirugía es de suma importancia. De aquí, como se podía esperar, surge un tema relacionado con la limpieza de las heridas. Junto a ello, la terapéutica física, aprovechando los nuevos descubrimientos de la época y las fuentes que nos brinda la naturaleza. En todo este marco, se tiende a hacer tratamientos sintomáticos en la mayoría de las ocasiones.
Técnicas exploratorias y Laboratorio
Termometría médica. Termometría bajo el punto de vista del pronóstico de las enfermedades. Necesidad del cateterismo en la trompa de Eustaquio. Servicio que el microscopio presta en la clínica. Otros muchos más.
Con estos temas nos damos cuenta que los médicos de la Armada estaban al corriente de las nuevas incorporaciones a la medicina clínica y quirúrgica.
Medicina logística
Movimiento sanitario de la División Naval de Algeciras entre 1879-81. Noticias geográficas médicas sobre la Isla de Balaban y establecimiento militar Príncipe Alfonso. Caracteres de la cirugía militar ante los medios de ataque y defensa en la guerra moderna. Se presentaron muchas más.
Entre tantos interesantes temas clínicos, aparecen temas relacionados con la medicina logística. No hay necesidad de recordar el importante papel que la logística representa en el apoyo a la fuerza, y la sanidad constituye un apartado dentro de ello. De aquí, la importancia de estos temas que ponen de manifiesto el estado de la sanidad en una división naval o en un establecimiento militar.
Asistencia médica en distintos buques de la Armada.
Situaciones vividas en la corbeta “Diana” en Chafarinas. Recuerdos de la enfermería de la fragata “Carmen”. Historia médica de la cuarta división de cañoneros en la Isla de Cuba. La cuestión sanitaria del crucero de guerra “Gravina”. Casos de gangrena en la fragata “Concepción”. Consideraciones médicas con motivo de las enfermedades observadas en la goleta “Caridad”. Apuntes y resumen de la cuarta división de cañoneros. Ligeras  consideraciones sobre algunas enfermedades observadas en los buques y sobre la farmacia de los mismos. Viaje del crucero “Aragón”, de Cartagena a Guantánamo. Se presentaron más memorias de este tipo.
No me cabe la menor duda que cuando se solicitaron la lectura de estas memorias, relacionadas con la sanidad naval embarcada, fue acogido con gran expectación por el Jefe de Sanidad del Departamento y por el tribunal asignado. Y es que fueron con toda seguridad, enormemente ilustrativas en aquella época. Hoy en día nos debe recordar la situación de aquel personal sanitario en los casos de extrema urgencia, sin los medios modernos de evacuación que tenemos a nuestro alcance.
Hospitales
Clínicas de los hospitales de Marina. Algunas mejoras necesarias en el Hospital de San Carlos.
Entre muchos otros temas, aparece esta interesante referencia hospitalaria que dedica su estudio a la medicina llevada a cabo por los distintos jefes de clínicas destinados en los hospitales y al personal ayudante.
Medicina Legal
Cremación cadavérica. Hemos seleccionado este tema que pudiéramos considerar revolucionario para su época y nos muestra la preocupación del desempeño de la función médico-pericial, de la que ya hablamos.
Otras muchas memorias referentes a la higiene naval sería preferible tratar en otro capítulo, por su extensión.
Hay médicos que llegaron a leer más de una memoria, como es el caso de Alejandro Lallemand Lemos que entre 1883 a 1891, leyó seis memorias: Algunas consideraciones sobre los medios hipotérmicos. El cólera a bordo del crucero “Aragón”. Concepto de dispepsia. Apuntes de patología tropical. Dos años a bordo del crucero “Aragón” en Filipinas. Nuevos reconocimientos de víveres.  Estas dos últimas, en un solo año.
Antonio Jurado Calero, de 1884 a 1891, leyó: Teoría patogénica de la enfermedad del sueño. Un caso de pericarditis reumática. Intoxicación colectiva por peces toxicóforos. Viaje de la corbeta “Nautilus” a Italia y Túnez en el año 1890, bajo el punto de vista médico.
José María Robles Villar, en su corta y desgraciada vida militar, leyó dos memorias clínicas: Sobre la transfusión de sangre, en 1881 y  la influencia del alcohol sobre el organismo humano, en 1884. *


NOTAS.
1). Redondo y Pozuelo, p. 286.
*). Roca Núñez et al, pp. 49-54.



 Placa dedicada al Maestro Consultor del Real Colegio de Cirugía de la Armada en Cádiz; Pedro María González Gutiérrez, colocada en el año 1878, en el primitivo Hospital de Marina de San Carlos. Hospital Básico de la Defensa San Carlos, antes del cierre.



BIBLIOGRAFÍA.
Clavijo y Clavijo, S. Historia del Cuerpo de Sanidad Militar de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925
Redondo, F. J;  Pozuelo, A. La ciencia médica de la Armada española del siglo XIX. Aula médica. Madrid, 2008.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.








martes, 19 de marzo de 2019

FUNCIÓN MÉDICO PERICIAL DEL CUERPO DE SANIDAD DE LA ARMADA DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.

El médico forense verá por si mismo
E. R. Robins

La existencia de tribunales médicos con el fin de declarar la falta de aptitud para el servicio de las armas, viene desde muy antiguo y así tenemos constancia en el Hospital de San Carlos, en sus comienzos, en la época del asedio napoleónico a la Isla de León, donde médicos del Ejército y de la Armada formaron parte del llamado: “Tribunal de reconocimiento de inútiles”. La época que tratamos corresponde a un tiempo de guerras y epidemias, con un servicio militar obligatorio y sin existir ya la matricula de mar que pudiera hacer una selección del personal, la necesidad de estos tribunales es lógico deducirla. Las enfermedades que ocasionaban la perdida de aptitud para el servicio eran muy diversas y el facultativo tenía que enfrentarse al reconocimiento físico y psíquico con pocas herramientas diagnosticas a su alcance. Los rayos X no se introducen en los hospitales de marina hasta 1897 y en su comienzo estaban a cargo del jefe de cirugía, pues también cumplían función terapéutica. El laboratorio apenas aportaba información porque los gabinetes de análisis clínicos, bacteriología y micrografía no se organizan formalmente hasta principios del siglo XX. En cambio, existe un instrumento muy útil para la exploración torácica y abdominal que es el fonendoscopio, descubierto por el médico francés René Laënnec, en 1819. Algunas enfermedades congénitas con defectos físicos muy llamativos eran fáciles de diagnosticar, así ocurría con manifestaciones clínicas como la cianosis por ejemplo, mientras que la disnea había que comprobarla y el examen presentaba ciertas dificultades. Es la época de la clínica sofisticada, donde la exploración física del paciente es protagonista. Para las enfermedades del sistema nervioso se explora la motilidad, reflectividad, sensibilidad, pares craneanos, lengua, mímica y trofismo. Para los aparatos circulatorio, respiratorio y digestivo; se realiza la inspección, palpación, percusión y auscultación. Para los trastornos psíquicos tienen que ser estudiadas las funciones intelectuales, emocionales e instintivas, mediante técnicas que se van perfeccionando. Las alteraciones de la personalidad para diagnosticarlas y clasificarlas tenían que ser muy llamativas y había que recurrir en muchas ocasiones a certificados médicos de facultativos, muchos de ellos especializados en la materia, y que habían observado al paciente durante un tiempo prolongado. No ocurría lo mismo con los casos de deficiencia mental cuyo diagnostico era más fácil. A veces se recurría a centros hospitalarios, antiguos manicomios, tanto para el tratamiento de la enfermedad mental declarada durante la estancia en la Armada como del informe médico necesario para el tribunal. La Marina disponía de atención psíquica para su personal en el manicomio de San Baudilio de Llobregat, donde estaba asignado un médico mayor perteneciente a la comandancia de marina de Barcelona. Este centro hospitalario fue descrito por el investigador alemán de enfermedades psíquicas Juan Bautista Ullesperger como el manicomio mayor, más extenso, adecuado, bello, generosamente dotado con los más modernos adelantos y el más elegante del mundo. Otro grupo de enfermedades excluyentes eran las infecto-contagiosas. La tuberculosis comenzaba a hacer estragos en el mundo y las enfermedades tropicales con sus secuelas posteriores también eran frecuentes. En España habían aparecido los primeros sanatorios antituberculosos, a semejanza de otros países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Suiza o Francia. Se habla de la necesidad de un sanatorio para el personal de Armada que hubiera contraído la enfermedad pero no es hasta el siglo siguiente cuando se desarrolla esta idea. Los órganos de los sentidos se podían examinar de modo algo superficial, tanto la vista como oído y nariz, siendo más complicado el estudio de la laringe y de los senos, aunque cada vez se irán descubriendo nuevas técnicas.
La mayoría de las exclusiones se producían en reclutas y como muchos de ellos no tenían interés alguno en realizar el servicio militar, simulaban enfermedades, surgiendo de este modo una modalidad que son los “simuladores”, a los que los miembros del tribunal tenían que estar muy atentos, así como el jefe de la clínica o el médico responsable de la sala, el cual había estudiado al paciente y había hecho la propuesta de exclusión. Hay historias de individuos que se producían mutilaciones con el fin de conseguir su exclusión. Está descrito el caso de un recluta hospitalizado para observación en el Hospital de San Carlos que tuvo la intención de simular una hemoptisis, introduciéndose en la boca un objeto cortante, pero fue descubierto por el profesor médico de la sala. Fernández Caro refiere que en el Hospital de San Carlos, entre 1862 y 1864, de 470 reclutas ingresados; 230 padecían “lesiones del corazón”. 35 fallecieron y 205 fueron declarados inútiles. El 55,42% de patología cardiovascular fue atribuida a la ansiedad. Otras veces, el reconocimiento era dirigido al personal profesional que había padecido una mutilación en guerra o en acto de servicio, o había contraído una enfermedad con secuelas, y según la gravedad del caso debía pasar a la situación de retiro. En alguna ocasión, los médicos debían de desplazarse a un domicilio para reconocer a un paciente inmovilizado en él y después redactar un parte facultativo. Otras veces habría que intervenir en función de forense, en caso de muertes accidentales, incluyendo los ahogamientos. Para el ingreso en los distintos cuerpos de la Armada era necesario un reconocimiento de aptitud física que según Real Orden de 12 de mayo de 1864, se llevará a cabo por médicos castrenses de la Armada o del Ejército, si los hubiere en el punto de residencia, o en su defecto por médicos civiles. No obstante; tenemos conocimiento que en fechas posteriores, en el examen oposición para ingreso, se llevaba a cabo un reconocimiento médico por un tribunal, firmando un acta en que manifestaban que el opositor era útil para el servicio de mar y tierra. Lo firmaban tres médicos de la Armada y daba el visto bueno el presiente asignado.*

*) Roca Núñez et al, pp. 45-47.



Temperamentos. Bailliére, 1844. El grabado en la Historia de la Medicina. Psiquiatría. Uriach.


BIBLIOGRAFÍA. 
Garcia-Cubillana de la Cruz, J.M. El antiguo hospital de San Carlos (1809-1981) y la ciudad de San Fernando. Publicaciones del Sur Editores. Cádiz, 2007.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.







martes, 12 de marzo de 2019

IN MEMÓRIAM. CRUCERO REINA REGENTE.


¿Qué barquito será aquel que viene dando tumbos? Será el Reina Regente que viene del otro mundo. Canción popular.

En mi niñez, cuando llegaba el mes de marzo, escuchaba decir a los mayores que era un mes de inestabilidad atmosférica y temporales. Hablaban de la tragedia del Reina Regente, desaparecido durante este mes, hacia ya muchos años. Este tema, al principio no despertó en mí especial atención hasta que en mi juventud tuve la oportunidad de ojear una revista en la que se hablaba de una extraña comunicación telepática entre un padre y su hijo, guardiamarina embarcado en el desafortunado buque. El hijo le comunica de forma misteriosa a su padre, el grave naufragio por el que pasa. La falta de conocimientos sobre esta historia que tenia en aquella época, unido al tiempo transcurrido, hace que apenas recuerde detalles de interés. ¡Cuánto daría por volver a encontrar aquella revista! Desde entonces, cuando llega el mes de marzo siempre me acuerdo de aquel buque de la Armada española que desaparece en aguas próximas al Estrecho de Gibraltar, un domingo 10 de marzo de 1895.1
Ya hemos referido en otra ocasión como su comandante, el capitán de navío Sanz de Andino, recibe orden del Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz de trasladar a Tánger una delegación marroquí, presidida por Hajd-Abd-el-Kerin Brisha.
El crucero, al que se le describía de “líneas graciosas y con dos curiosas chimeneas”, zarpa de Cádiz a las 11 y 30 horas de la mañana del día 9 de marzo de 1895. Después de unas siete horas de viaje, avista Tánger. Está oscureciendo y fondea en la rada del puerto. Se espera al día siguiente para desembarcar la delegación marroquí. Es el día 10 y a las 10 y 30 horas, probablemente ya celebrada la Misa dominical por el capellán Antonio Ramos Sánchez (2º capellán de la Armada), el buque leva anclas y dobla el “Muelle Viejo” para poner proa al N.O., rumbo a Cádiz. Pero nunca llegó.  
Poco se encontró del desafortunado crucero, solo determinados objetos esparcidos por distintas playas. Tres trozos de bandera nacional sin escudos, trozo de vaina con nombre Regente, un triangulo encarnado con el nombre del crucero; dos banderas de mano, un cojín y trozo de bandera con corona, un barril de bote para agua, un disco de madera con una R de bronce, un banco de madera con chapa, en la que se escribe “rancho 7”, un salvavidas, dos palos para toldo, una caja de cobre, un circulo de madera con una R de cobre, una escala de gato, una corona de tangón, remo de palma, trozo de amura de bote, una parte de roda de bote, gallinero, caja para bandera de telégrafos de bote, atacador de cañón de grueso calibre, atacador con el asta partida, remo con una pala pintada de blanco, palo de bote con chapa que tiene escrito “7º bote”, escudo de amura de bote con una R de bronce, tablilla de señales perteneciente a la primera canoa, bandera de bote nº 8, palo para toldo de bote, jaula o gallinero, capote de lona, tablilla del segundo bote, casillero de banderas, tablilla del segundo bote para ejercicios. La fecha en que se encuentran estos variados objetos abarca desde el 13 de marzo al 24 de junio de 1895, y los lugares son: Tarifa, Conil, Algeciras, Alborán, Marqués de Tamarón, Estepona, Alhucemas, playas de Mostaganen, Arcess y Sidi Ferruch, en Argelia estas tres últimas. No hubo más rastros a pesar de la intensísima búsqueda efectuada los días próximos al naufragio. Basándonos en el estudio hecho por Aragón Fontenla de las disposiciones del salvamento, podemos saber que intervinieron buques de la Armada con la participación de los cruceros Alfonso XII e Isla de Luzón y los cañoneros Perla y Cuervo. Se unieron varios buques mercantes; los vapores Gallo, Scolferino, Servando y James Haynes, además del vapor Piélago. Marruecos por su parte, envió el vapor Hassani. Se patrulló una extensa zona del Estrecho, desde Cádiz a Tánger, y otra zona desde Cabo San Vicente a Alborán e incluso se llegó a Canarias y Madeiras. Se navegó tanto de día como de noche, rastreándose aquellos lugares considerados más conflictivos para la navegación como las lajas de Conil, Placer de Meca, Bajo de la Aceitera, Torre de Castilobo, y otros lugares peligrosos. El armador Mc. Pherson, pionero de una empresa de excelentes servicios subacuáticos, se puso a disposición del Capitán General del Departamento y también la Armada rusa que poseía un dispositivo llamado “centinela submarino”, el cual emitía señales al pasar una sonda sobre objetos metálicos, y se ofreció a contribuir en la búsqueda.2
El suceso produjo una gran preocupación en el Gobierno de la nación. En el Congreso se pidió responsabilidad por parte de los congresistas; Gumersindo de Azcárate, Díaz Moreu y Llorens. El Ministro de Marina era el vicealmirante José María de Beránger y Ruiz de Apodaca y el Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz era el contralmirante Manuel de Pasquín y de Juan. El Ministro de Marina ordena una investigación poniendo al frente de ella al capitán de fragata Fernando Villaamil y Fernández-Cueto, auxiliado por el ingeniero jefe de primera clase José María Castellote y Pinazo, quien actuará como asesor técnico. El Capitán General del Departamento nombra un juez instructor cuyo cargo recae en el capitán de fragata Miguel Aguirre y Corveto quien se desplaza al lugar donde se había asegurado haberse visto por última vez al desafortunado navío. Toma declaración a los testigos que son los hermanos Antonio y Francisco Rodríguez, campesinos de Bolonia, dando por cierto el relato de estos por ser congruente con la descripción del crucero y de su naufragio. Por su parte, la comisión investigadora presenta sus conclusiones a la Junta Extraordinaria, reunida el día 5 de febrero de 1896, en que se afirma por dicha comisión que el buque no tenía defectos graves y la pérdida de este sería debido al inesperado y duro temporal, así como era muy probable que el Reina Regente fuera el buque que algunos vieron desde el poblado de Bolonia. No se consideraba pertinente determinar responsabilidades y se deseaba ¡Paz Eterna! para los que sucumbieron.
El comandante del Crucero Reina Regente era el capitán de navío Francisco de Paula Sanz de Andino y Martí, siendo su segundo el capitán de fragata Francisco Pérez Cuadrado. El resto de la dotación la componían: 4 tenientes de navío, 4 alféreces de navío, 1 teniente de infantería de marina, 2 oficiales médicos, 1 contador de navío, 1 capellán, 2 oficiales de máquina, 5 guardiamarinas, 7 contramaestres, 8 condestables, 2 sargentos de infantería de marina, 4 cabos primeros, 3 cabos segundos, 2 cornetas, 34 soldados de infantería de marina y 330 marineros.3 Entre estos últimos había 49 aprendices de la Escuela de Artillería. Tendremos también en cuenta que dentro de los contramaestres iban incluidos un primer y un tercer practicante, por su equivalencia. En total era de 412 hombres. Hubo dos hombres que no se encontraban a bordo en el momento del naufragio por haber desembarcado en Tánger a realizar determinados encargos y haber perdido el barco a la hora de su salida. Uno de ellos continúo servicio en la Armada como repostero de guardiamarinas en el segundo crucero Reina Regente, mientras que el otro lo hizo como panadero en el crucero Alfonso XIII.4
Hubo otro superviviente; un testigo mudo de la catástrofe; un perro terranova, propiedad del alférez de navío José María Enríquez Fernández, residente en Sanlúcar de Barrameda. El animal sobrevivió, siendo recogido por un buque mercante inglés, el cual tiempo después, con ocasión de una travesía a Sevilla, recaló frente a Sanlúcar en espera del práctico. El animal al reconocer la costa se lanza al agua y a nado llega a la orilla para dirigirse desde Bonanza a Quinta de la Paz, donde vivió su amo, pero al no encontrarlo se dirigió al domicilio de sus padres en la calle de la Bolsa. El padre que bajaba las escaleras; al ver al perro sufrió un desmayo, teniendo que ser atendido. Este hecho produjo una gran consternación en esta población de la ribera del Guadalquivir.5
Necrología de la Revista General de Marina poco después del naufragio.
¡Dios haya acogido en su seno las almas de quienes han muerto victimas del cumplimiento de su deber!
 La bandera de la Patria les sirve de sudario; la inmensidad de sepultura; el dolor público, de oración fúnebre; el recuerdo de sus compañeros, de gloria.
¡¡Descanse en Paz la dotación del crucero Reina Regente!! 6


NOTAS.
1). Roca et al. p.159
2). Aragón Fontenla, pp. 256-257.
3). 6). El Batiburillo Submarino. 10 de marzo de 2015.
4). Mollá Ayuso, p. 332.
5). Barba Jímenez. Prensa de Sánlucar. 3 de agoto de 1897.




 Crucero Reina Regente. Mollá Ayuso. R.G.M. p 332.



BIBLIOGRAFÍA.

Aragón Fontenla, M. “Historias de la mar: ¿Dónde se encuentra el Reina Regente?” Revista General de Marina. Marzo de 2001, pp. 247-262.
Barba Jimenez, A. “El perro misterioso”. Prensa local, 3 de agosto de 1897, tomado del Noticiero de Sevilla. Curiosidades de Sanlúcar de Barrameda.
desanlucar. Blogspot. com 13 septiembre 2011.
GIL HONDUBILLA, J. El crucero Reina Regente y su hundimiento el 9 de marzo de 1895. Colección Barlovento. Madrid, 2004 MoLLá Ayuso, L. “Historias de la mar: 100 años del Reina Regente”. Revista General de Marina. Marzo, 1995, pp. 329-340.
MoLLá Ayuso, L. “Historias de la mar: 100 años del Reina Regente”. Revista General de Marina. Marzo, 1995, pp. 329-340.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.

EL BATIBURRILLO SUBMARINO. “120 años del naufragio del crucero Reina Regente”.
Batiburrillosubmarino.wordpress.com 10 de marzo de 2015.


miércoles, 6 de marzo de 2019

HOSPITAL DE GALERAS DEL REY DE NÁPOLES-SICILIA.


En 1442, Alfonso V de Aragón conquistó Nápoles. Desde el siglo XV, Nápoles estuvo en poder de distintas potencias; Aragón, Francia, España y Austria. Fue finalmente independiente, de 1734 hasta 1860, año en que se incorporará a la Italia unificada. Sicilia, perteneció a Aragón desde 1282. De este modo, los antiguos reinos de Sicilia y Nápoles, estaban ligados a la corona de Aragón desde los siglos XIII y XV, respectivamente.
Con el desmembramiento de la monarquía hispánica en el tratado de Utrecht, de 1713, estos territorios pasan al dominio de Austria. España intenta recuperarlos posteriormente. En 1734, en la Guerra de Sucesión Polaca; Carlos, duque de Parma, derrotó a los austriacos con las tropas de su padre Felipe V de España. Recuperó estos dos reinos para la dinastía. Fue de inmediato reconocido por Francia, en el primer Pacto de Familia. En 1737 por los estados pontificios y a continuación por el resto de los estados italianos.
A la muerte de su hermano, Fernando VI de España, Carlos cede el trono de Nápoles-Sicilia a su hijo Fernando I de Borbón (IV de Nápoles y III de Sicilia), en 1759, con el objeto de poder acceder al trono de España.
Tras el paréntesis que ocupó la Guerra de la Independencia de España, frente a Napoleón, Fernando IV de Nápoles regresa al trono napolitano y cambia el nombre de Nápoles- Sicilia por el de Dos Sicilias, en el año 1816. En 1860, reina su nieto Francisco II de las Dos Sicilias y pierde el trono, arrebatado por Giuseppe Garibaldi, en la expedición de los Mil o de los Camisas rojas, enviada por Cerdeña. De este modo, el reino de las Dos Sicilias finaliza, quedando agregado a la nueva Italia.
 Hospital Naval.
Cuando la toma Nápoles y la isla de Sicilia, en la alianza con Francia y Cerdeña, la permanencia de tropas y escuadras en aquellos lugares, crea un problema hospitalario. Primero se establece una amplia enfermería y a continuación se proyecta un hospital en Puerto Specia, utilizando unos almacenes que cedió el gobierno de Génova. Se trata de un hospital provisional que recogerá las bajas de la escuadra del conde de Clavijo, durante los años de 1733 y 1734.
En 1735 se crea un Hospital Naval que se llamará Hospital de Galeras del rey de Nápoles y Sicilia. Estaba en la dársena del puerto napolitano y se le mandó la documentación del nuevo centro al médico de S.M. Francisco Buoncore, el cual da el visto bueno. Se dispone que haya médico, cirujano, capellán y contralor. El 27 de septiembre de 1735, el jefe de escuadra de las galeras de España, pasado al servicio del Rey de Nápoles-Sicilia, teniente general Miguel Reggio y Brachuforte, siempre asesorado por su protomédico, informa del Hospital al ministro español Patiño, y manifestando que el gobierno de este centro hospitalario será igual a los de España. Los enfermos deberán ser atendidos con “puntualidad en lo espiritual y temporal, como con aseo y limpieza”. Se establece las obligaciones del personal:
Contralor. Se hará responsable de recibir las bajas y colocar a los enfermos en las camas. Extenderá el alta a la salida del centro. Hará una relación mensual de los enfermos ingresados. Asistirá al peso de la carne, asegurándose de su calidad, así como de los demás alimentos que conduzcan a la curación de los enfermos. Se interesará que antes de la comida y de la cena, todo lo mandado por el médico y cirujano se haya cumplido.
Capellán. Cuidará de lo espiritual. Asistirá a la comida. Siendo un hospital reducido no se necesitará ayudante de capellán.
Médico. Deberá ser práctico y con suficiente experiencia. Pasará dos visitas diarias.
Cirujano. Actuará según su cargo.
Estas cuatros plazas debían contar con la aprobación de S.M. A continuación va a surgir un personal auxiliar.
Practicante. Debe ser aprobado por el médico y cirujano. Se hará cargo de la organización de las visitas y distribuirá el trabajo entre los demás practicantes y los hará “estudiar y enseñar”.
Dos practicantes. Que sepan hacer sangrías y hacer todo lo que ordenen el médico y cirujano. Si hubiere mucha afluencia de enfermos se aumentará el número de practicantes.1
Mayordomo. Ayudar al contralor en los asuntos económicos. Aprovisionamiento de dietas, medicinas y otros destinados a los enfermos. Encargarse de la distribución del hospital.  
Boticario. Un oficial boticario para poder despachar los medicamentos con prontitud, dispuestos por el médico y cirujano. Los practicantes ayudarán a dar las medicinas a los enfermos en las horas señaladas. Ello implica un establecimiento de botica dentro del hospital para no tener que traer los medicamentos de fuera.
Sirviente. Para limpieza de las salas, aseo de las camas y otros enseres.
Régimen hospitalario. Las camas para enfermos constarán de un tablado, un “gergón”2 de paja, un colchón de lana, cabecera de lana, dos sábanas y una fresada colcha o manta. Al encamarse el enfermo lo hará con la camisa que proporciona el Hospital y deberá mudarse cuando lo pida la necesidad o lo mande el médico. Las sábanas se mudarán cada 15 días o antes, si es de menester.
Durante la convalecencia debía de estar el enfermo con un capote, unas chinelas y un bonete, hasta ser dado de alta. Salía del centro con su ropa.
La ración alimenticia de los enfermos era de 8 onzas de pan, 8 onzas de carne, 1 onza de sémola o fideos, y otra de pasas o almendras; para el medio día. Por la noche; 8 onzas de pan, 4 onzas de carne y en su defecto o a quien no le convenga comer carne, se le dará un par de huevos. La cantidad de pasas y almendras señaladas.3
La gallina se les dará a todos aquellos a quienes se los había ordenado el médico, no pasando de un cuarto diario. También ocurría con el vino, no pasando de un cuartillo al día. Para los convalecientes; un puchero con carne y gallina, tomando por las mañanas una taza de caldo o sopas, y dicha gallina servirá para la comida. Si algún enfermo, por su debilidad, no podía ingerir carne o gallina, se le daba caldo con yemas y bizcochos.    
El el  dormitorio había un armario pequeño cada dos camas, con el objeto de colocar en el servilletas y cucharas, así como guardar el pan sobrante.   
Los enfermos debían ser “asistidos con el cuidado, aseo y limpieza requeridos”.4
 Otros hospitales.
Sabemos por el historial de Miguel de Cervantes, que nuestro ilustre escritor, alistado en la compañía de Diego de Urbina y embarcado en la galera Marquesa, había enfermado de malaria antes del combate de Lepanto, del día 7 de octubre de 1571. Pese a tener autorización para no combatir, eligió el hacerlo. Recibió dos tiros de arcabuz en la parte anterior del tórax y un tercero en la mano izquierda. Posteriormente, pasó 6 meses en un hospital de Mesina. Es posible que fuera hospital para marineros y soldados.
NOTAS.
1). Los practicantes serian aprendices de cirujanos.
2). “gergón”. Jergón: colchón relleno de paja, hierba o esparto que se colocaba debajo del de lana.
3). Onza castellana. Unidad de medida, equivalente a 28,75 gramos.
4). Clavijo, pp. 207-210.


Representación de una Galera. Historia Marítima Española. Cap. II, p. 9Escuela Naval Militar. Publicación 297. Marín (Pontevedra).  
Fragmento del cuadro "La botica" del pintor italiano Pietro Longhi. Representación de una botica del siglo XVIII. Medicina. La Historia de la curación, p.82Roy Porter (asesor editorial). Edit. Lisma.China, 2002.

BIBLIOGRAFÍA.
BELZUNCE, F. “Un buscavidas errante. Los viajes de Cervantes”. La Verdad.www.laverdad.es 2016.
CLAVIJO Y CLAVIJO, S. La trayectoria hospitalaria de la Armada española. Editorial Naval. Madrid, 1944.
WIKIPEDIA. “Reino de Nápoles”.www.wikipedia.org./wiki. 18 de sept. 2018.
WIKIPEDIA. “Reino de las Dos Sicilias”www.wikipedia.org./wiki. 12 de feb. 2019.