Política de uso de cookies

martes, 26 de febrero de 2019

LA SANIDAD DE LA ARMADA ESPAÑOLA EN EL GOLFO DE GUINEA Y RIO DE ORO.


En el año 1777 se pacta el Tratado con Portugal mediante el cual España tomará posesión de Fernando Poo y Annobón, a cambio de la colonia de Sacramento e Isla de Santa Catalina, en América. Parte una expedición desde Montevideo al siguiente año de 1778, formada por dos fragatas y el paquebote Santiago, mandada por el brigadier del Ejército Felipe Santos Toro, conde de Argelejo, y llevando como ayudante al teniente de artillería Joaquín Primo de Rivera. Va integrada por carpinteros, operarios, herreros, soldados, y un ingeniero. El objeto es establecer en aquellas tierras una fábrica. Joaquín Primo de Rivera se ve obligado a tomar el mando por enfermar y fallecer el conde de Argelejo. Debido a enfermedades entre numerosos miembros de la dotación, pasar por muchas penurias y haberse declarado un motín, se interrumpe la expedición. 
En otra expedición que realiza a Annobón José de Moros, en 1836, encuentra noticias de la existencia de varias factorías en la costa, las cuales contribuyen al abastecimiento de un hospital para marineros europeos enfermos. En 1842, Juan José Lerema en el bergantín Nervión llega a Fernando Poo y a las islas de Elobey y Annnobón, y el asentamiento de Clarence, en las primeras de las islas, pasa a llamarse de Santa Isabel. Desembarcará también en Corisco. Entre 1844 y 1845, Guillermo de Aragón lidera una nueva expedición al mando de la fragata Venus.
En 1858, parte de Cádiz el capitán de fragata Carlos Chacón y Michelena, mandando una flota formada por el vapor Vasco Núñez de Balboa, bergantín Gravina, goleta Cartagena y urca Santa María. Viajaba con la expedición un grupo de jesuitas dirigidos por el P. José Irisarri. Se efectuó la primera escala en la isla de Corisco.
La urca Santa María transportaba víveres y medicinas para cubrir un periodo de unos seis meses y además llevaba una barraca-hospital capaz de albergar unas 40 camas. Mientras que la hospitalización se hacia a bordo de la Santa María, se intentaba emplazar el nuevo hospital en Fernando Poo. Al principio se había elegido como lugar Punta Cristina, pero se desistió y Chacón decidió llevarlo a la punta opuesta que cierra la bahía de Santa Isabel, antigua Clarence, denominada Punta Fernanda, ya que consideró que este lugar reunía mejores condiciones higiénicas.
El día 15 de junio de 1858 llegan los materiales necesarios y en agosto comienzan las obras. Se recurre a la ayuda del personal nativo y el centro queda acabado en el mes de diciembre, siendo inaugurado el día 19 de este mes. El día 24, víspera de Navidad, toma la dirección el segundo médico José María Pérez Lora, uno de los facultativos de la división naval. Se organiza el traslado de enfermos desde la urca Santa María. El Hospital se va a regir según la reglamentación de los hospitales navales de la Península, aprobado el 2 de enero de 1859. El centro va a tomar el nombre de Hospital del Salvador, también conocido como El Príncipe de Asturias. El personal que forma parte del nuevo hospital es el siguiente:
Director. Es un profesor médico del Cuerpo de Sanidad de la Armada. Es jefe de Sanidad y además atenderá como facultativo a los pacientes ingresados. Pasará dos visitas diarias, a las 6 de la mañana y a las 5 de la tarde.
Administrador. Corresponde este cargo a un oficial del Cuerpo Administrativo, el cual llevará cuenta y razón de los gastos del establecimiento. Además; cuidará de las dependencias del centro, interesándose en que estén en buen estado. Así como de los víveres, ropas y utensilios. Llevará las altas y bajas de los enfermos ingresados.
Capellán. Será asignado para este cargo uno de los capellanes de los buques de la división y si no los hubiera se le pasará aviso al Padre Superior de la Misión para que nombre uno de los Padres de  la misma.
Practicante de Cirugía. Deberá tener a su cargo los utensilios de su profesión como; apósitos, vendajes, y aparatos. Siempre estarán preparados y dispuestos para su utilización. Asistirá a las visitas médicas, llevando un recetario y anotando en el las prescripciones de medicación externa o tópica. Una vez terminada la visita, debe pasar con el recetario a la botica para que el practicante de farmacia despache las medicinas ordenadas. A continuación, aplicará estas en la forma y hora que ha dispuesto el profesor médico. Practicará las operaciones propias de su profesión y llevará a cabo las curas simples en las horas establecidas. Recogerá los vendajes sucios y se los entregará al cabo de sala para que este los de a lavar y después se encargará de ellos, cuando estén limpios. Al finalizar el mes, hará una “papeleta” de consumo de los efectos a su cargo y de aquellos utensilios que se hubieren roto, para su reposición o exclusión. Recibirá a los enfermos que ingresen en el centro y anotará en un libro la procedencia o buque a que pertenezcan, así como: clase, nombre, apellidos materno y paterno. También anotará en dicho libro el día de alta, anotando el destino a que pasa. O bien, la defunción, cuando la triste circunstancia desgraciadamente ocurriera.
Montaba guardias, un día si y otro no, alternado con el cabo de salas, sin estar excusado de realizar su trabajo durante ella.
Practicante de Farmacia. Tenía a su cargo las medicinas y utensilios de la botica, siendo responsable de su conservación. Además, se encargaba de la elaboración de las medicinas recetadas por el profesor médico. Asistirá a las visitas ordinarias y también extraordinarias, programadas por el médico, y siempre llevando consigo el recetario de medicinas para apuntar en el, con toda claridad, las prescripciones. Una vez terminada la consulta, se dedicará a preparar las medicinas ordenadas y entregar al practicante de cirugía las tópicas o externas.
Distribuirá personalmente las tisanas o cocimientos, poniéndolos en la cabecera de la cama y encargando al enfermo el uso de ellas, si el estado de este lo permitiera. En el caso de enfermos graves, la administración de los preparados corría a cargo del enfermero de la sala. Al finalizar el mes, hacia una “papeleta”, indicando los consumos.
Cabo de Salas. Tenía a su cargo las camas, ropas, envases, y aquellos que no estaban en uso quedarían guardados en el almacén. Asistía a las visitas médicas, llevando una libreta para anotar en ella la alimentación ordenada. Una vez finalizada esta visita, pasaba a la despensa para entregarla, en presencia del cocinero. Distribuía las comidas. Cuidaba del orden y se preocupaba por la limpieza de las salas y camas. Montaba guardias, un día si y otro no, alternando con el practicante de cirugía. Vigilaba la conducta de los enfermeros. Recogía la ropa de los enfermos ingresados, anotándolo.
Enfermeros. Se destinaba a cada sala el número de ellos que se consideraba necesario y no podía bajar de dos el número en cada una de ellas. Debían tratar a los enfermos en sus necesidades con dulzura y caridad. Hacían las camas y la limpieza de las vasijas. Debían cuidar del alumbrado, encendiéndolo a la puesta del sol y apagándolo por la mañana. Asistían a la visita médica. Acompañaban al cabo de salas para llevar los alimentos y a los practicantes de cirugía y farmacia para llevar el material de cura y las medicinas. Había un enfermero de guardia en cada sala, día y noche. No podían abandonar el establecimiento sin el permiso del director pero los días festivos, si estaban francos de servicio, se les concedía salir después de la comida hasta el anochecer.
Despensero. Tenía a su cargo los víveres pertenecientes al hospital, cuidando de su conservación. También era responsable de los enseres de cocina que no estuvieran en uso. Entregaba al cocinero, con arreglo a la libreta del cabo de salas, los artículos ordenados. En un tablero estaba la nota, indicando los artículos y raciones.
Cocinero. Tenía a su cargo los utensilios y envase de su dependencia, debiendo cuidar de su limpieza y conservación. Cocinaba los alimentos indicados para los enfermos y la comida del personal del hospital. Debía fregar platos y enseres. Recibía los artículos del despensero. Debía proveer a la enfermería el agua caliente necesaria para baños y operaciones, y siempre mantenía un hornillo con fuego para cubrir estas necesidades.
Krumanes. Personal nativo. Había un número de ellos considerados necesarios para el servicio exterior del establecimiento. Estaban encargados, fundamentalmente, de la limpieza del centro. Debían de estar provistos de agua potable y para limpieza. También tenían la misión de podar las plantas y conducir al cementerio los cadáveres de los fallecidos, dándoles sepultura. En esta penosa misión le acompañaba un enfermero.
Régimen de comidas hospitalarias.
Se siguió el Reglamento del Hospital de Marina de San Carlos, aprobado el 27 de mayo de 1851. El desayuno tenía lugar después de la visita médica. La comida a las 11 de la mañana y la cena a las 5 de la tarde. Si algún enfermo estaba febril y en mal estado, se guardaba la alimentación para cuando pudiera tomarla. Las dietas se daban según prescripción facultativa.
Reglamento interno del Hospital.
El hospital y sus dependencias se abrían al amanecer y se cerraban a las ocho de la noche. El personal no podía pernoctar fuera sin permiso del director. No se abriría la puerta, a no ser que se produjera un ingreso o tuviera el facultativo que hacer una visita extraordinaria. Los días festivos, se podían visitar a los enfermos en horarios de 10 a 11 de la mañana y de 3 a 5 de la tarde. No se podía introducir en el centro; alimentos, bebidas, y ropas.1
Hospital de María Cristina.
El primitivo Hospital va acusando el paso del tiempo y surge la necesidad de construir un nuevo centro que tomará el nombre de Hospital de María Cristina. En su construcción se emplea el acero y materiales importados de Bélgica.
Luis Ferrer González nos va hacer una descripción del centro, la cual recogida por Salvador Clavijo nos va a proporcionar una idea de su estructura física. Refiere que consta de un solo piso y que se encuentra elevado del suelo 1,80 metros. Tiene tres salas, capaz de albergar cada una de ellas 12 enfermos, y se encuentran separadas por dos patios interiores. Cada sala tiene dos cuartos para enfermos y material. Reciben luz y ventilación por ocho ventanas rasgadas, de corredera. Hay dos grandes puertas para facilitar el acceso a dichas salas, una en cada extremo.
El frente principal del edificio tiene delante una galería cubierta. Separados de las salas y en corredores anchos y transversales están los alojamientos del director, practicantes y boticario. Hay cuatro habitaciones más para enfermos distinguidos, cuartos de aislamiento y otros.
Otro corredor separa las salas de la fachada posterior, donde están: cocina, despensa y almacén. En cada extremo de los corredores hay dos habitaciones destinadas al depósito de medicinas y almacén de ropas, y en el posterior hay cuatro cuartos para excusados.
Nos llama la atención de que no se hable de la Capilla y de la habitación que debería ocupar el capellán. Tampoco figura entre el personal algún sacristán, como ocurría en otros hospitales, por lo que podemos pensar que este cargo podría recaer en algún personal del centro de la clase enfermero. Otro personaje que sorprende su presencia es la figura del boticario, y no sabemos si había alguien de esta clase contratado o se refiere al practicante de farmacia.
Este Hospital dejará de pertenecer a la Armada para pasar al Ejército. Aunque la Marina solicitó se le concediera una sala, a semejanza del Hospital de Ejército de la Habana, chocó con el problema de la falta de facultativos navales. No obstante, el personal de Armada siguió hospitalizándose en el centro. La Armada dispuso de una enfermería en la isla de Elobey.
Rio de Oro.
En el Sahara occidental, llamado Sahara español, en 1881 se habilitó como hospital un pontón fondeado frente a la costa de Rio de Oro, con el fin de prestar apoyo sanitario a la flota pesquera de las Islas Canarias. Tres años después, en 1884, con la fundación de Villa Cisneros se crea en la zona un destacamento y se construye una enfermería, quedando destinado en ella un segundo médico, comisionado y perteneciente al servicio de guardias del Hospital de Marina de San Carlos. Probablemente, hubo también un practicante comisionado.

NOTAS.
1) Clavijo y Clavijo, pp. 280-284.



Hospital Reina Cristina en Fernando Poo. Fachada exterior y una de sus salas. Salvador Clavijo. Figuras 86 y 87, p. 287.

BIBLIOGRAFÍA.
Clavijo y Clavijo, S. La trayectoria hospitalaria de la Armada española. Editorial Naval. Madrid, 1944.
Gracia Rivas, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
SÁNCHEZ LOBERA, F. “Primeras exploraciones españolas en el golfo de Guinea”.
www.elinconformistadigital.com. Barcelona, 28 de septiembre de 2014.

BIBLIOTECA VIRTUAL DE DEFENSA. Estado General de la Armada. Cuerpo de Sanidad. Año 1859.




    

martes, 19 de febrero de 2019

LA SANIDAD DE LA ARMADA ESPAÑOLA EN LAS CAROLINAS.


Estas islas fueron descubiertas por Toribio Alonso de Salazar y Diego Saavedra, quienes avistaron la isla de San Bartolomé en el año 1527. Desde entonces, España colonizó aquella zona, permaneciendo en ella hasta que después de la guerra hispano-americana de 1898 fueron vendidas a Alemania, reservándose España  el derecho de poseer un depósito de carbón en la región.
La isla de Yap, situada en la Micronesia y al oeste del Océano Pacífico, formaba parte del conjunto de cuatro islas unidas en un arrecife de coral, y la colonia española se situó en un montecillo, al fondo de la bahía de Tormil. Al establecerse la división naval de Carolinas; Yap fue la cabeza de la zona occidental, construyéndose una enfermería en una excavación del terreno. El edificio quedaba formado por cinco barracas de madera y hojas de coco y con cimientos hechos también de pilotes de coco.1
Ponapé fue la cabeza de la zona oriental y contaba también con su enfermería cuya característica podemos conocer gracias a la descripción hecha de ella por el segundo médico de la Armada Jesús López Suevos, destinado o comisionado en ella entre los años  1896 y 1899.2
Escribe: Situada junto a la playa y con dos pantanales, está rodeada por una muralla con tres pequeños fuertes y dos baterías para dos y cuatro cañones. Disponía de una enfermería formada por dos construcciones circulares unidas por un corredor. Junto a ella un local para cocina de los enfermos y otro para el alojamiento del practicante. En el centro de la colonia y frente a la Casa de Gobierno  estaban las del  médico y Secretario de la Colonia.3                                                       
Había otros edificios destinados a alojamiento de la tropa, almacenes, una escuela y la iglesia. Eran los edificios más destacados de un conjunto de un total de treinta o cuarenta casas.
NOTAS.
1). Clavijo y Clavijo, p. 306.
2). En el escalafón del Cuerpo de Sanidad de la Armada de la época, el segundo médico Jesús López Suevos aparece destinado en el Aviso Marqués del Duero, buque destacado en el Apostadero de Filipinas. Tampoco se ha encontrado destinos de médicos y practicantes en Carolinas. Ello coincide con que la sanidad de estas islas corriera a cargo de una división naval de Filipinas, la cual prestaba apoyo logístico total. También hubo un buque pontón para la asistencia sanitaria.
3). Gracia Rivas, p. 139.



Corbeta María de Molina que al final de su carrera sirvió en Las Carolinas como buque pontón. Ilustración de José Lledó Calabuig. Buques de vapor de la Armada española, p.116.

BIBLIOGRAFÍA.
Clavijo y Clavijo, S. La trayectoria hospitalaria de la Armada española. Editorial Naval. Madrid, 1944.
Gracia Rivas, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.

ESTADO GENERAL DE LA ARMADA. Cuerpo de Sanidad. Año 1898. Biblioteca y Archivo Naval de San Fernando.







martes, 12 de febrero de 2019

ASISTENCIA HOSPITALARIA EN FILIPINAS DE LAS ORDENES RELIGIOSAS.


Con la colonización de Legazpi llegaron al archipiélago los Agustinos y en 1545 fundaron el primer hospital español en la isla de Cebú. El centro asistencial estaba fabricado a base de caña y nipa, recibiendo en el asistencia sanitaria la propia tropa expedicionaria.
En 1577 llegan los Franciscanos y construyen en intramuros de Manila, el Hospital Real de Españoles u Hospital Militar.
En 1606 llegan los primeros hermanos de la Orden de San Juan de Dios.
En 1862 llegan a Manila las Hijas de la Caridad de la Orden de San Vicente de Paul, se distribuyen por los hospitales militares y se hacen cargo de varios colegios.
No podemos olvidar que los Dominicos, en 1645 rigieron la Universidad de Santo Tomás y que en 1871 comenzó a impartir cursos de Medicina y Farmacia. Las Órdenes de Santo Domingo y San Francisco fundaron algunos hospitales, aunque estos últimos, en los comienzos, llevaron todo el peso de  la organización hospitalaria.1
La Orden de San Juan de Dios tendrá un gran protagonismo hacia la mitad del siglo XVII.
Hospitales de Filipinas.
Hospital de Naturales Santa Ana.
En el año 1578, Fray Juan de San Clemente, hermano lego franciscano, se dedica a ejercer la caridad, cuidando a los enfermos que llegan a la portería del convento de San Francisco, en Manila, y solicita a sus superiores construir un pequeño pabellón en el atrio del convento. Pero como el local era insuficiente se llegó a la construcción de una amplia casa, hecha a base de caña y rupa, la cual contaba con dos grandes pabellones. El nuevo hospitalillo abrirá sus puertas en 1580 y tomará el nombre de Hospital de Santa Ana o de los Naturales. En 1583 este centro sufre un aparatoso incendio y es destruido. En 1585 se construye un nuevo centro, en el mismo lugar.
En 1593, el nuevo hospital cuenta con tres salas de enfermería. Al año siguiente, de 1594, el Padre franciscano Marcos de Lisboa crea la Hermandad de la Misericordia y consigue fondos para ampliación y sostenimiento del centro que pasará a llamarse Hospital de la Misericordia. Pero sufre un nuevo incendio en 1603. Entonces, la Orden toma la decisión de construir un nuevo hospital a extramuros de Manila y que esté especializado en albergar enfermos con lepra y otras enfermedades contagiosas, mientras que  en los terrenos del siniestro se construiría un hospital general. De este modo, los franciscanos van a disponer de dos hospitales: Hospital de San Lázaro para leprosos, en extramuros, y Hospital de la Misericordia, en intramuros.
Hospital de Sangleyes San Gabriel.
Llamado también Hospital de Chinos. Había sido construido alrededor de 1588 y se encontraba en el barrio chino de Parián, a extramuros de Manila. Fue fundado por los Padres Dominicos y permaneció hasta 1744.
Hospital de San Lázaro.
Nos hemos referido anteriormente a el. Fundado por los Padres Franciscanos, a principios del siglo XVII, en las afueras de Manila y entre los pueblos de Dilao y Malosac.
Hospital de los Baños.
En la isla de Luzón y entre las provincias de La Laguna y Batangas, fué fundado este centro hospitalario. También llamado “Hospital de las aguas calientes”. En realidad era un balneario donde se curaban distintos tipos de enfermedades. Eran atendidos pacientes de distintos estamentos sociales, tanto españoles como filipinos. El Hospital fue fundado en el año 1603, por los PP. Franciscanos en un territorio correspondiente a la Misión de los PP. Agustinos. Para obtener permiso para la construcción del centro hubo que demostrar mediante análisis químicos de la época, la propiedad de aquellas aguas. Al principio, se construyó a base de caña y rupa, pero en 1614 se reedifica, empleando la piedra en la construcción. En 1727 fue destruido por un incendio y reconstruido poco después, siguió funcionando durante los siglos XVIII y XIX.
Hospital de Nueva Cáceres.
Nueva Cáceres era la capital de Camarines y en el siglo XVII los PP. Franciscanos disponían de un hospital, trasladados los enseres desde el hospitalillo que tenían en la aldea vecina de Naga, llamado Hospital de San Diego. Como van a ser atendidos un gran número de leprosos pasará a llamarse Hospital de San Lázaro.
Hospital de Cavite del Espíritu Santo.
En el año 1591, los PP. Franciscanos fundan un pequeño hospital próximo al puerto de Cavite, en el pueblecito de San Roque, y al que llamarán Hospital del Espíritu Santo u Hospital Real de Cavite. En 1642 se ven obligados a entregar el centro a los Hermanos de San Juan de Dios, los cuales llevan la orden de hacerse cargo de todos los hospitales del Archipiélago. Tomará el nombre de Hospital de San Juan de Dios de Cavite.
Hospital de San Juan de Dios de Manila.
En el año 1656 la Orden de San Juan de Dios va a hacerse cargo del Hospital de la Santa Misericordia, primitivo Hospital de Naturales, y tomará el nombre de Hospital de San Juan de Dios de Manila. Este centro dura hasta 1866, en que por Decreto del Gobernador General de Filipinas, del 29 de agosto de dicho año, la orden juandediana deja el Hospital para trasladarse al de San José de Cavite que pasará a llamarse San Juan de Dios de Cavite. El anterior Hospital de Manila pasará al Gobierno General.
El Hospital de Manila, por la acción de los terremotos e incendios que sufrió tuvo que ser reconstruido en varias ocasiones. Fray Luis Ortega, refiriéndose al Hospital, afirma que en el se habían atendidos entre 1730 y 1772 a 8.000 pobres, 16 sacerdotes y 30 colegiales. La Sala de Nuestra Señora de los Dolores era para hombres, la de San José para cigarreros, y la de San Joaquín para extranjeros. En 1856 se puso en funcionamiento una Sala de gravedad y otra sala para curas diarias de pacientes que no precisaran hospitalización.
Hospital de San José de Cavite.
Había sido construido en un amplio solar, en Cavite, en la calle del Cabildo y junto al convento de Santa Clara. Ya hemos referido que cuando la Orden de San Juan de Dios se hace cargo del centro pasa a llamarse Hospital de San Juan de Dios de Cavite.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del siglo XIX, los hospitales de San Juan de Dios de Manila y de Cavite eran los dos únicos centros hospitalarios importantes que funcionaban en el Archipiélago de Filipinas.
Este Hospital de Cavite llegó a disponer de 255 camas, distribuidas en las salas siguientes:
Nuestra Señora de los Dolores. 46.
Nuestra Señora del Rosario. 41.
San Rafael. 28.
Santísima Trinidad. 46.
San Pío V. 20.
Santo Cristo. 14.
San José. 60. 2
Los pacientes ingresados eran fundamentalmente militares del Ejército y de la Armada, pero también eran atendidos presos y pobres de solemnidad. Por parte de la Marina se amplió la atención hospitalaria al personal de maestranza de las fábricas y al embarcado en buques de guerra.
La Orden de San Juan de Dios en Filipinas.
En el año 1606 llegan al Archipiélago los primeros Hermanos de la Orden juandediana. Son los PP. Fray Juan de Gamboa y Fray Lucas de los Ángeles, quienes logran un modesto refugio a extramuros de la ciudad de Bagumbaya. En 1624 se comunica al Rey la mala situación reinante en los hospitales de Manila, produciéndose muchos fallecimientos por falta de atención médica, en particular de soldados. Se dice que sería muy conveniente de que los Hermanos de San Juan de Dios tuviesen a su cargo su administración y servicio. 3
Cuando se hace cargo de la capitanía general de Filipinas D. Juan Niño de Tavora, toma la iniciativa, en 1626, de que los Hermanos de San Juan de Dios en Manila, en virtud de una Real Cédula del 16 de octubre de dicho año, se encarguen de la hospitalización del archipiélago. No obstante, debido a una serie de dificultades, tuvo que pasar algún tiempo para que llegaran dos religiosos de la Orden, en calidad de comisionados, pertenecientes al convento de Nuestra Señora de los Desamparados, en el virreinato de Méjico. Eran los PP. Fray Andrés de San Joseph y Fray Antonio de Santiago, y era el año 1641. Dichos religiosos tenían la orden de recibir el gobierno de los hospitales de Manila y Cavite, así como el colegio de San Juan de Letrán. Es cuando sustituyen a la Orden franciscana, la cual llevaba la administración de los hospitales filipinos de la isla de Luzón.
La Orden juandediana comienza en Cavite con un modesto hospital de 10 camas, levantado y mantenido a expensas de limosnas. Cavite era una pequeña ciudad a tres leguas de Manila, por mar, entre las ensenadas de Cañacao y Bacoor, habiendo sustituido al poblado de Cavite Viejo, más cerca de Manila. Quedaba instalado en la punta llamada por los indios de Tengray, por tener forma de anzuelo. La ciudad, muy pequeña, contaba con solo tres calles, muy estrechas y poco saneadas.
A los dos meses de la estancia juandediana, solicitaron la entrega del Hospital Real de Cavite, que como recordaremos, administraba el centro la Orden de San Francisco. El hospital estaba hecho de madera y jarigues, y cubierto de tejas. Lleva la dirección hospitalaria Fray Andrés de San Joseph. Más tarde, se sitúan en un hospital, a extramuros de Manila, y en 1644 la Orden obtiene licencia para restablecer el antiguo Hospital de Bagumbaya. La idea de Fray Andrés, es contar con un grupo de religiosos, cirujanos expertos y entendidos en cirugía, para servir en los galeones de la Armada que partieran de la ciudad, igual que ocurría en las provincias del Perú y Nueva España.
El Hospital de Manila era el antiquísimo Hospital Real que había pasado a ser administrado por la Hermandad de la Santa Misericordia. El Hospital pasa a llamarse de San Juan de Dios.
En el siglo XVIII, 1734, el Padre Jesuita Murillo, escribe: un Hospital Real muy grande y bien proveído, de que hay un Capellán, Médico, Cirujano y Botica para los soldados.4
No obstante, la situación sanitaria en las islas no era buena, como se desprende de la referencia que hace Fray Juan Maldonado, de la Orden de San Juan de Dios, en 1742:
Carecen estas islas de Médicos y Cirujanos y también de Medicinas porque a excepción de la Capital Manila y el Puerto de Cabite, donde tenemos Hospitales y assistir pueden, el corto número de sugetos seculares, que la Facultan proffesan, las demás Provincias y muchos Pueblos dependientes, solo se mantienen de la Providencia, socorriéndose con yervas y otros simples… 5
El Hospital llegó a tener 113 camas, distribuidas por las siguientes salas: Nuestra Señora de los Dolores, Nuestro Padre San Juan de Dios, San Joaquín, San José y Nuestro Padre Jesús. 
 En Cavite, los Hospitalarios se trasladan desde San Roque al centro de la ciudad, calle Mayor, cerca del Astillero y Arsenal. Del Hospital de San José de Cavite, después de San Juan de Dios, ya hemos hecho referencia.
Las Hijas de la Caridad de la Orden de San Vicente de Paul llegan a Filipinas.
En 1845 el P. Codina había concebido la idea de que las HH. de la Caridad de la Orden de San Vicente de Paul se hicieran cargo de la enfermería de los hospitales de Filipinas. En 1852, una Real Orden expresa que las Hijas de la Caridad atiendan a los hospitales de Filipinas. Además, se encargarán de la enseñanza de niñas, en los colegios de Santa Potenciana, Santa Isabel, Compañía de Jesús y San Sebastián.
En 1855, el gobernador y capitán general de Filipinas, ha recibido la noticia del envío al Archipiélago de las doce Hermanas que había reclamado. No obstante, se le notifica que no es posible la llegada de estas religiosas, junto a varios directores espirituales, por escasez de medios. En 1861, se dispone una expedición bajo la dirección del Director Espiritual de Hermanas y Superior de la Casa de los Misioneros de Manila, P. Inocencio Gómez. En dicha expedición figuran cuatro misioneros y quince hermanas. La superiora es Sor Tiburcia Ayanz y la encargada de las escuelas es Sor Eustaquia Laza. Van a partir del puerto de Cádiz, en la fragata Concepción, el 5 de marzo de 1862, y el 22 de agosto llegan a Manila para ocupar sus puestos en hospitales y escuelas.
Hospitales y enfermerías militares.
El capítulo de los hospitales y enfermerías propias del Ejército y de la Armada en Filipinas ya ha sido tratado anteriormente por lo que solo vamos a recordar las referencias donde puede leerse:
Blog de Humanidades y Medicina. humanidadesymedicina.bogspot.com
Asistencia sanitaria de la Armada en Filipinas. 18 de octubre de 2017.
La Sanidad del Ejército en Filipinas. 24 de octubre de 2017.
Revista General de Marina.
El Hospital Nuestra Señora de los Dolores de Cañacao en Filipinas. Enero-Febrero de 2018. Vol. 274, pp. 53-59.
NOTAS.
1). Beláustegui Fernández, pp. 21-22.
2). Regodón Vizcaino, pp. 60-61.
3). 4). 5). Clavijo y Clavijo, pp. 386 y 394.




Hospital de San Juan de Dios en Manila. Clavijo. La Orden Hospitalaria en la Marina de Guerra, p. 388.

BIBLIOGRAFÍA.
BELÁUSTEGUI Fernández, A. Sanitarios Militares en Filipinas, 1521-1898: La lucha contra el olvido VII. Servicio de Publicaciones del Ministerio de Defensa. Madrid, 2012.
Clavijo y Clavijo, S. La Orden de San Juan de Dios en la Marina de Guerra de España. Presencia y Nexo. IV Centenario de la muerte del Santo Fundador. 1550-1950. NIHIL OBSTAT. Madrid, 1950
REGODÓN VIZCAINO, J. Contribución al estudio de la Medicina en las islas filipinas en la segunda mitad del siglo XIX. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Departamento de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina. Madrid, 1990.

HIJAS DE LA CARIDAD: fundación en Filipinas. Somos Vicencianos. “Historia de las Hijas de la Caridad”. Vicentians.com. 23 de octubre de 2016.




         

  

  

  

martes, 5 de febrero de 2019

ASISTENCIA HOSPITALARIA EN CHILE DE LA ORDEN DE SAN JUAN DE DIOS A LOS MARINOS ESPAÑOLES.



La simbiosis entre la Marina de Guerra y la Marina Mercante de España con la Orden de San Juan de Dios queda reflejada en estas tierras a través de los puertos de la Concepción, Valdivia, Arica, La Serena y Valparaíso.
En la Concepción se le hizo entrega a la Orden el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia que había sido levantado en el año 1550 y debido a terremotos y a erupciones volcánicas había tenido que ser reedificado en 1558 y 1657. Un nuevo Hospital de San Juan de Dios entra en funcionamiento en 1765, siendo prior Fray Cayetano Torres, y la Marina lo utiliza como hospital naval.
En Valdivia, los hermanos hospitalarios se habían situado en 1645, bajo la dirección de Fray Thomás de Mendoza. Existía el hospitalillo de Santa María la Blanca y este centro fue utilizado como hospital militar. Reconstruido en 1753, ocupó plaza de médico-cirujano el Padre Manuel Chaparro, de la Orden, en sustitución del Padre franciscano Daniel Botello.
En La Serena, capital de la provincia de Coquimbo, se instaló un hospital provisional que fue reedificado en 1559. En 1686 se restaura la iglesia y el hospital, por orden del obispo de Santiago, Bernardo Carrasco. En 1745 se le entrega a la Orden el Hospital de Nuestra Señora de la Asunción. Es un amplio edificio en el que se instalan dos salas, separadas para hombres y mujeres. En 1765 llega a tener 16 camas. En 1792 es derribado por un terremoto, reconstruido, y finalmente demolido en 1799. No obstante, la Marina de Guerra lo utilizó poco, siendo más bien utilizado por la Marina Mercante, donde en el fondeadero del Sur arribaban los barcos.
Valparaíso, durante la primera mitad del siglo XVII se había constituido en una plaza militar. A mediados del siglo XVIII comienza el problema hospitalario y en 1769 se ordena la construcción de un hospital, por Real Cédula, en este puerto. Pero no se puede llevar a cabo el levantamiento del edificio por falta de medios. En 1777, una comisión propone dos posibilidades; utilizar un terreno en la charca del almendral, perteneciente a los jesuitas o utilizar el antiguo convento de Santo Domingo, no terminado. Al final, se empleará el terreno perteneciente a los dominicos, en la quebrada Elías. Toma el nuevo centro el nombre de Hospital de San Juan de Dios y la condición es que sean asistidos las dotaciones de los navíos procedentes de España y de los mares del Sur. La apertura tiene lugar con Fray Luis Navedas.
Comienza a funcionar en 1787 y al año siguiente hubo un desplome de parte del edificio, debido a las fuertes lluvias y desbordes fluviales. De este modo, Valparaíso cuenta con un Hospital Real, existiendo constancia de que en este centro son atendidos los marinos de los buques Diamante, San José, y Príncipe Carlos. En 1797 y 1798 se registra el ingreso de enfermos pertenecientes al bergantín Júpiter y a la fragata Castora.    
En Arica, nos encontramos con que la Armada frecuentó poco este puerto. En 1793 solo había cuatro religiosos, dirigidos por el Padre José García, de la Orden de San Juan de Dios. El Hospital llegó a contar con 24 camas, siendo atendidos los marinos mercantes.



Representación de una panorámica de Valparaíso en la época. Clavijo. Fig 131, p. 369.




BIBLIOGRAFÍA.
Clavijo y Clavijo, S. La Orden de San Juan de Dios en la Marina de Guerra de España. Presencia y Nexo. IV Centenario de la muerte del Santo Fundador. 1550-1950. NIHIL OBSTAT. Madrid, 1950.
ALBERTO LÓPEZ, M. “Iglesias de Valparaíso. Hospital de San Juan de Dios y Capilla del Carmen”.
valpoiglesias.blogspot.com. 30 de noviembre de 2011.