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martes, 2 de julio de 2019

LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL LLEGAN A LOS HOSPITALES MILITARES DE ESPAÑA.

San Vicente de Paúl, sacerdote francés, nacido en el año 1581, fundó las cofradías de caridad en el año 1617. En 1634; Luisa de Marillac, viuda, perteneciente a una de las cofradías; reúne un grupo de mujeres para ayudar al cuidado de enfermos, naciendo de este modo las Hijas de la Caridad. Comienzan su labor en el emblemático Hospital Dieu de París y en los barrios humildes de la capital. Llegan a Barcelona en 1790 y después de distribuirse por distintos lugares de Cataluña, pasan a Cádiz en 1830. Fundan la Casa Cuna en la calle Rosario Cepeda. Después; Jerez, Sanlúcar de Barrameda y San Fernando, en el Hospital de San Carlos. Una de las hermanas de esta nueva comunidad; Sor Luisa Giménez, marcha a Cartagena, a su Hospital de Marina, en el año 1891, mientras que Sor Mercedes López marcha al Hospital Naval de Ferrol. En estos centros forman nuevas comunidades y va a ser; Sor Eugenia Gómez, marchando al Hospital del Ejército de Carabanchel en Madrid quien funda allí la nueva comunidad. Por otra parte; siguiendo el camino marítimo, en 1862, habían llegado a Filipinas para distribuirse por hospitales y escuelas. Al Hospital de Marina de Cañacao llegan cinco hermanas procedentes de la Península.1  
Conocidas como monjas o hermanas y dirigiéndose a ellas con el trato de sor (hermana en latín), su labor, al comienzo era solo de enfermería, pero en 1890 en los reglamentos de los hospitales de marina, encontraremos varios artículos en los que figuran una función administrativa complementaria para estas hermanas. Al frente de la comunidad estará una superiora que dependerá del administrador para estas funciones administrativas que entre otras misiones destacarán la adquisición de material y víveres, inventario y cuidado de ropas, muebles y efectos, así como muda, lavado y costura. En cuanto a las funciones de enfermería dependerá la superiora del jefe de servicio y las hermanas que presten su asistencia en las salas del hospital seguirán las indicaciones de los médicos y practicantes.
 
NOTAS.

1). García Cubillana. 13 de junio de 1990. 
*). Roca Núñez et al. p 83.

BIBLIOGRAFÍA.
Garcia Cubillana, J. “Glosa del Bicentenario de la llegada a España de las Hijas de la Caridad”. Salón de Actos del Hospital Naval de San Carlos. San Fernando, 13 de junio de 1990.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez  Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.


 

Hijas de la Caridad asignadas al Hospital de Marina de San Carlos en el año 1941. Fotografía cedida por la Comunidad. 





miércoles, 26 de junio de 2019

VIRGEN DEL PERPETUO SOCORRO. 27 DE JUNIO DE 2019

En la isla de Creta aparece un icono con  una imagen de la Virgen sosteniendo al Niño en sus brazos. Después de pasar por ciertas dificultades llega a Roma donde terminan haciéndose cargo del icono los Redentoristas, en la segunda mitad del siglo XIX. Esta orden que fundara San Alfonso María de Ligorio, se compromete a distribuir copias por todo el Mundo, en especial por América y Europa. En España se declara patrona de la Sanidad Militar del Ejército de Tierra y de los Colegios Médicos, y se fundan cofradías.

Patrona de la Sanidad Militar.
El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra de 28 de julio de 1926, número 165; en la Real Orden circular, decía: Atendiendo al deseo del Cuerpo de Sanidad de tener por tutelar a la Milagrosisima Virgen del Perpetuo Socorro, cuyo simbolismo y protección sagrada es la del médico militar, se declara de acuerdo con lo informado por el Provicario General Castrense a la esclarecida Virgen, Patrona del Cuerpo y tropas de Sanidad y se izará la bandera en los edificios respectivos. 22 de julio de 1926
Con la entrada en vigor de la ley 17/89, Reguladora del Régimen del Personal Militar Profesional, se llevó a cabo la unificación de los cuerpos militares de sanidad del Ejército de Tierra, Armada y Ejército del Aire. El nuevo Cuerpo Militar de Sanidad quedará formado por las especialidades fundamentales de Medicina, Farmacia, Veterinaria, Odontología, y Psicología. Además estará la Enfermería Militar. Junto con los cuerpos: Intervención, Jurídico, y Música; se integrarán todos en los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas. En el año 1999, a petición elevada por el Inspector General de Sanidad de Defensa, General Arturo Ortiz, apoyada y cursada a la Santa Sede por el Arzobispo Castrense Monseñor Estepa; el Vaticano a través del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, Cardenal Medina Estévez, el 8 de noviembre de dicho año comunica la concesión de Patrona del Cuerpo Militar de Sanidad de España de la Virgen del Perpetuo Socorro, al arzobispo castrense español.
Patrona de los médicos españoles.
Considerando que el icono procedente de Creta pudiera estar inspirado en la imagen de la Virgen que pintó San Lucas, como sabemos era médico, el Consejo General de los Colegios Médicos de España, en el año 1941, nombran a la Virgen del Perpetuo Socorro: Patrona de los médicos españoles, fijando su festividad para los 27 de junio. No obstante, en 1962; los Colegios Médicos de toda España, representados por el Doctor Antonio de Soroa Pineda, piden a Juan XXIII la ratificación de la elección de la Virgen del Perpetuo Socorro como Patrona de de los médicos, siendo transmitida dicha petición por el Arzobispo de Toledo, Enrique Pla y Daniel. El Papa declara: Principal Patrona, ante Dios, de todos los médicos de España, a la bienaventurada Virgen María bajo la advocación del Perpetuo Socorro. Fechado en: 14 de febrero de 1962.





Virgen del Perpetuo Socorro:

Acompaña y protege siempre al personal de la sanidad.
Civil y militar.
En la salud y en la enfermedad.
En la guerra y en la paz.
Los que están en misiones.
Los que navegan en la mar.
Los que trabajan en hospitales y consultorios conflictivos.
Los que a toda suerte de adversidades están sometidos.

¡Virgen Santísima. Ruega a Dios por nosotros!







BIBLIOGRAFÍA.
BLOG DE HUMANIDADES Y MEDICINA. Nuestra vecina, la Virgen del Perpetuo Socorro. 7 de julio de
 2015.





Pintura que representa a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Obra del Dr. Luis San José Valverde.

lunes, 17 de junio de 2019

CAPELLANES EN LOS HOSPITALES DE LA ARMADA ESPAÑOLA DE ÚLTIMOS DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX.


La aparición de los capellanes para asistencia del personal de Armada data desde mucho tiempo atrás y en las Ordenanzas de 1793, en el Tratado 3ª. Título IVº, habla: De las obligaciones y funciones de los Capellanes. Unos años antes, en 1762, se había nombrado al Patriarca de las Indias; Vicario Castrense de los ejércitos de Tierra y Mar. 
En 1825, se suprime el Cuerpo para restablecerse en 1848, aprobándose su Reglamento en 1878 que establece la existencia de un Teniente Vicario en cada Departamento. El ingreso en el Cuerpo se hará por concurso-oposición y el nuevo capellán de la Armada, obtendrá el empleo de capellán segundo, aunque ocasionalmente hubo capellanes terceros.1 A principios del siglo XX, el Cuerpo está integrado de la siguiente manera: Vicario general castrense, auditor secretario del vicario general, tenientes vicarios, curas párrocos departamentales, capellanes mayores, primeros capellanes y segundos capellanes.2 Igual que ocurría con el Cuerpo de Sanidad, los capellanes en sus obligaciones dentro de los destinos de Armada mantendrán el espíritu de las primitivas ordenanzas, modificadas por el nuevo Reglamento y adaptadas a la época. 
En los hospitales peninsulares y coloniales había destinado un capellán. En estos últimos, si faltaba, se le asignaría un capellán de la división naval perteneciente al apostadero. El capellán destinado en el centro hospitalario se hacía cargo de la capilla y de los ornamentos, en calidad de párroco. Además serían responsables del aseo del lugar. Celebraban Misas con un horario establecido de acuerdo con el director y jefe de servicio. Sujeto al reglamento hospitalario, atenderá las necesidades espirituales de los enfermos y del personal del centro, y a las Hijas de la Caridad, a la llegada de estas. Tendrá alojamiento en el hospital y si tuviera que ausentarse lo tendrá que hacer con conocimiento del director y en su ausencia, del jefe de servicio. En caso de ausencia prolongada por causa de fuerza mayor o permiso reglamentario, el teniente vicario mandará un sustituto de otro destino departamental. 
Administrará el Viático y Santa Unción a moribundos y enfermos que lo soliciten y visitará periódicamente a los enfermos con particularidad a aquellos que hayan demandado su presencia. Vigilará por las buenas costumbres que debe imperar en los centros de la Armada y organizará actos religiosos como Santo Rosario, pláticas o celebraciones cuaresmales, de acuerdo con el director y jefe de servicio. 
Durante algún tiempo, el capellán anotaba en un cuaderno los fallecimientos habidos en el centro, expresando el Campo Santo donde se había hecho la inhumación y otras circunstancias; como si recibieron antes de morir los Santos Sacramentos o sí testaron. Pasaban copia de ello al teniente vicario del Departamento y podían  extender certificaciones de fallecimientos. 
Estaban a las órdenes directas del director del hospital en cuanto a destino pero en cuanto a funciones de su ministerio dependían del teniente vicario, el cual podía comisionarlo y sustituirlo en el destino, con conocimiento del capitán general del Departamento.

NOTAS.
1). Vigón Sánchez, p. 151
2). Estado general de la Armada. 1901, p 271.
*). Roca Núñez et al, p. 82.

BIBLIOGRAFÍA.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
VIGÓN SÁNCHEZ, A. Mª. Guía del Archivo Museo D. Álvaro de Bazán. Viso del Marqués, 1985.

ARCHIVO Y BIBLIOTECA NAVAL DE SAN FERNANDO.
Reales Ordenanzas de la Armada. 1793. Tratado 3º. Título IVº. 
BIBLIOTECA VIRTUAL DE DEFENSA. Estado General de la Armada para el año de 1901. Cuerpo Eclesiástico. 




Detalles de la fallada de la Capilla del antiguo Hospital de Marina de Ferrol. Hoy perteneciente a la Universidad de La Coruña. Fotografía del autor. Año 2009. 

lunes, 10 de junio de 2019

ADMINISTRACIÓN DE LOS HOSPITALES DE LA ARMADA ESPAÑOLA DE FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX.


Los asuntos económicos de la Armada, desde muy antiguo, estaban a cargo de los veedores, pagadores y comisarios. Felipe V, en el año 1705 había creado el cuerpo de intendentes de Marina y en 1717 Patiño va a introducir una nueva organización y lo va a llamar: Cuerpo del Ministerio. En 1829, se introduce un nuevo reglamento y en 1847 cambia su nombre por el de Cuerpo Administrativo. En 1885, se establece los siguientes empleos: intendente, ordenador de primera, ordenador, comisario, contador de navío de primera, contador de navío y  contador de fragata 1. 
La función en hospitales de Marina sería: Llevar cuenta y razón de los gastos del centro, visitar las dependencias del establecimiento, comprobando la policía y buen orden de las ropas, víveres y utensilios. Preocuparse de las bajas y altas de los enfermos ingresados según el Reglamento de Contabilidad vigente. Sería responsable de la adquisición de víveres para el hospital. Efectuará los pagos por la adquisición de víveres y género para elaboración de medicamentos, reposición de utensilios, ropas, camas, productos de limpieza, material de oficina, etc. Más adelante, se ocupó del pago de nóminas del personal destinado en el centro. El administrador, está a las órdenes directas del director del hospital y en su ausencia del jefe de servicio. En los hospitales de la península hubo un comisario encargado de la administración y un contador de navío como pagador.2
En 1898, el Cuerpo Administrativo de la Armada contaba con: 4 intendentes, 6 ordenadores de primera clase, 6 ordenadores, 28 comisarios, 36 contadores de navío de primera clase, más 26 que no ocupan número en el escalafón y 2 supernumerarios. 97 contadores de navío, 57 contadores de fragata, más 8 que no ocupan número en el escalafón.3 
    
NOTAS.
1). Vigón Sánchez, pp.79-82.
2). 3). Estado General de la Armada. Año 1898,  pp. 214-265
*). Roca Núñez et al, pp. 81-82.

BIBLIOGRAFÍA.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
VIGÓN SÁNCHEZ, A. Mª. Guía del Archivo Museo D. Álvaro de Bazán. Viso del Marqués, 1985.
ARCHIVO Y BIBLIOTECA NAVAL DE SAN FERNANDO. Estado General de la Armada para el año de 1898. Cuerpo Administrativo. 




Dibujo que muestra la distinta uniformidad del Cuerpo del Ministerio (Intendencia). Museo Naval. Ana María Vigón Sánchez. Guía del Archivo Museo D. Álvaro de Bazán, p. 78.




lunes, 3 de junio de 2019

ENFERMEROS EN LOS HOSPITALES DE LA ARMADA ESPAÑOLA DE FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX.


En la segunda mitad del siglo XIX, en el Hospital de San Carlos existían los cargos de enfermero mayor, cabo de sala y enfermero, con su uniformidad correspondiente de paseo y faena. Ruiz Sanromán, había propuesto una serie de obligaciones para los enfermeros, como: Fregar los utensilios de enfermería, hacer las camas, asear a los enfermos y prestarle los auxilios necesarios, sobre todo a los imposibilitados. Transportar el material de cura y repartir la comida. El enfermero debe de tener conocimientos y aptitudes de sus funciones. En el reglamento de 1858 para el hospital de Fernando Póo, referente al cabo de sala, se establece que este tendrá a cargo las camas, ropas y objetos pertenecientes a la enfermería. Cuidarán de la ventilación y limpieza. Asistirán a la visita de enfermos con la libreta de anotación de alimentos y una vez terminada esta, la entregará a la despensa, expresando en ella el número de la cama y haciéndolo en presencia del cocinero. Distribuirán los alimentos a la hora indicada, de arreglo a las instrucciones de la libreta. Cuidaran el orden y limpieza de las salas, camas y utensilios de comida. Montarán guardias alternas con el practicante de cirugía. Vigilarán la conducta de los enfermeros, ya que es el jefe de ellos. Finalmente; recogerán la ropa de los enfermos.1 Estudiando las funciones de este personal de enfermería, nos llega la duda respecto a la posición que ocuparían el enfermero mayor y el cabo de sala. Siendo los dos jefes de enfermeros, la solución estaría en que el primero representará a todos los enfermeros del hospital mientras que el segundo sería responsable de los enfermeros de su sala. 
En el año 1865, en el Hospital de San Carlos se había dispuesto una uniformidad para los enfermeros y otros empleados del hospital, probablemente utilizada después en los demás departamentos. De esta forma; el enfermero mayor vestiría levita, pantalón y chaleco de paño azul turquí, cuello vuelto y solapa vuelta. La levita llevaba dos hileras de siete botones cada una, dorados y con un ancla en ellos. En el cuello aparecían bordadas en oro una H y una M, la primera a la derecha y la segunda a la izquierda del sujeto. El chaleco que tenia cuello abierto formando ángulo, mantenía en su centro siete botones pequeños de ancla repartidos a igual distancia. En la boca-manga de la levita aparecía un galón de oro de 10 líneas de ancho y una angosta trencilla en la parte inferior de este. La uniformidad se completaba con una gorra de paño azul turquí, con una visera charolada de color negro y una trencilla angosta de oro colocada en la parte superior del aro, y con un escudo también bordado en oro que llevaba las iniciales H y M. El resto de los enfermeros; vestían chaqueta, pantalón y chaleco de paño de color azul turquí y la chaqueta tenia cuello vuelto y solapa vuelta. Llevaba dos hileras con siete botones cada una con un ancla. En las puntas del cuello la H y la M, bordadas de estambre amarillo, y sobre las bocamangas un vivo encarnado. La misma gorra pero en vez de trencilla de oro llevaban un vivo encarnado y el escudo era bordado de estambre. Pues bien, si este era uniforme de paseo o de presentación en determinados actos, el de faena era una blusa de género listadillo con cuello de género azul y con las iniciales H y M sobre sus puntas. Además, llevaban un cinturón de charol con chapa de metal. Pantalón del mismo género de la blusa. Gorro de paño con un vivo encarnado en la parte superior del aro. El cabo de sala, igual que el practicante de farmacia, vestía el mismo uniforme que el enfermero mayor pero con la diferencia de que no llevaba el galón dorado de la boca-manga.2   

NOTAS.
1). Clavijo y Clavijo, pp. 282-283.
2). García-Cubillana de la Cruz, pp. 91-92.
*). Roca Núñez et al, pp. 80-81.

BIBLIOGRAFÍA.
Clavijo y Clavijo, S. La trayectoria hospitalaria de la Armada española. Editorial Naval. Madrid, 1944.
Garcia-Cubillana de la Cruz, J.M. El antiguo hospital de San Carlos (1809-1981) y la ciudad de San Fernando. Publicaciones del Sur Editores. Cádiz, 2007.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.




Pabellones del antiguo Hospital de Marina de Ferrol. Hoy el edificio pertenece a la Universidad de la Coruña. Fotografía del autor en el año 2009.



martes, 28 de mayo de 2019

LOS PRACTICANTES DE FARMACIA EN LOS HOSPITALES DE LA ARMADA ESPAÑOLA. FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX.


Ayudaban al farmacéutico en sus funciones.Además; se encargaban del mantenimiento de los utensilios de la farmacia y de la buena conservación del medicamento, sobre todo. Conocidos también por mancebos, cuando aún no habían obtenido la titulación, y en muchas ocasiones eran meritorios o supernumerarios, persiguiendo la obtención del título profesional. Mucho procedían de familias de mancebos que habían aprendido muchas técnicas de elaborado; porque la farmacia, como la medicina; es ciencia y es arte. Y quién sabe si en el Hospital de San Carlos hubo descendientes de aquellos profesionales de la botica del Hospital de Marina y Colegio de Cirugía que fundara el emblemático Cirujano Mayor de la Armada; Pedro Virgili, en la ciudad de Cádiz. Habría también mozos para la limpieza de los utensilios y orden del medicamento, desapareciendo con la llegada de los nuevos preparados la figura del hierbero que era el encargado de cuidar el huerto donde se cultivaban las plantas medicinales y viajar a distintos lugares para recoger algunas plantas. 
En 13 de noviembre de 1881 se dicta una serie de normas con el fin de proveer las plazas de practicantes de farmacia de los hospitales de marina. Se dispone que los practicantes particulares de farmacia ya existentes en los hospitales departamentales y apostaderos marítimos, continúen desempeñando dicho cargo, si son del agrado de sus jefes naturales. En adelante no se admitirán más individuos de su clase y procedencia; cuyas plazas deben amortizarse. Se asignan nuevas plazas de Practicante de Farmacia cuando surja una vacante en el destino o se produjera un aumento de las atenciones del servicio. El nombramiento recaerá en aquellos practicantes de la Armada más idóneos a juicio de los inspectores de Sanidad y farmacéuticos de los departamentos y apostaderos. Se aumentará la plantilla de los practicantes de primera y segunda clase hasta el número de cinco en cada una, y tres de los practicantes de primera clase que ha de aumentarse; deben ser indígenas de Filipinas, y los dos restantes europeos.1
A pesar del vuelco que había experimentado la ciencia farmacológica, los antiguos tratados se seguían manteniendo y en España todavía existía como referencia en muchas farmacias, la Farmacopea Matritense que se había divulgado por primera vez en 1739 y se había implantado en nuestro país su uso obligatorio. En su capítulo primero define a la farmacia como el arte de escoger, preparar y mezclar los medicamentos y se puede dividir en galénica y química. Habían surgido también las farmacopeas hispanas, utilizando el sistema métrico decimal de pesas y medidas, sustituyendo al grecorromano y de la que se hicieron varias ediciones desde 1794 a 1817.2 En los hospitales de marina se había tomado como referencia la Pharmacopea de la Armada de Leandro de Vega, de 1759,  y el "Formulario medicinal de embarco para uso de los cirujanos de la Armada durante la navegación", cuyos autores fueron el protomédico José Selvarresa y el cirujano mayor Francisco Canivell, en 1789.3 En Francia, se había tomado como referencia el Formulario farmacéutico para uso en hospitales militares de la República que en 1798 había publicado el jefe de farmacia del Hospital de Marina de Rochefort; Jean Baptiste Bobe-Moreau. 
Pedro María González, en su obra: “Tratado de las enfermedades de la gente de mar" en  su último capítulo lo dedica a tratar del estado de las medicinas con que pueden dotarse los navíos, arreglados a cien hombres de tripulación. Al avanzar el siglo, se van modificando los conceptos y se van a ir clasificando los medicamentos siguiendo su especie. De esta forma, tendremos: Plantas, bebidas, animales y productos, minerales, hierbas, flores, frutos, granos, raíces, cortezas, gomas, resinas y bálsamos, leños, jugos, lactíferos, vinos y aguardientes, aguas destiladas, alcoholes, sales y medicamentos en distintas composiciones; como extractos, emplastos, conservas, ungüentos, etc. 
La Armada en 1847, establece un reglamento de aquellos medicamentos que debían embarcarse y clasificados de la siguiente manera: “Jaraves” y mieles, extractos, estructuarios, píldoras, sales y óxidos, ácidos y álcalis, alcoholes y éteres, tinturas alcohólicas y vinosal, polvos simples y compuestos, aceites, ungüentos, emplastos, esencias y medicamentos simples. De esta forma, encontraremos preparados históricos, como: los extractos de valeriana, de opio y belladona. El bicarbonato de sosa, carbonato de potasa, sulfato de magnesio, sulfato de quinina, acetato de morfina. Ácidos: Sulfúrico, cítrico, tartárico. Amoniaco liquido. Alcoholes de romero y de canela, éter sulfúrico. Landano liquido. Polvos de goma “araviga”, de azafrán, de quina, de ruibarbo, polvos compuestos a partes iguales de astringentes y goma tragacanto. El ungüento de mercurio o la pomada sulfurosa; compuesta de dos partes de manteca y una de azufre. Los emplastos confortativo y aglutinante. La esencia de trementina. Junto a ellos; zarzaparrilla, tabaco, flores de árnica, manzanilla, tila y violeta, cebada, almendras dulces, almidón, alcanfor, esponjas; fina y preparada, etc.4

NOTAS.
1). Martínez Cerro, pp. 108-109.
2). García-Cubillana de la Cruz, p. 230.
3). Gracia Rivas, p. 210.
4). Redondo y Pozuelo, pp. 260-267.
*). Roca Núñez et al, pp.78-80.

BIBLIOGRAFÍA
GARCÍA-Cubillana de la Cruz, J. M. El Hospital de San José (1767-1956) de la Isla de León. Publicaciones del Sur Editores. Sevilla, 2011.
Gracia Rivas, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
Martínez Cerro,  M. El Servicio Farmacéutico de la Armada. Su vinculación histórica y aportación a la vida hospitalaria (1814-1936). Editorial Naval. Madrid, 1990.
Redondo, F. J. Pozuelo, A. La ciencia médica de la Armada española del siglo XIX. Aula médica. Madrid, 2008.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.


Frascos para guardar medicamentos del antiguo Hospital de Marina de San Carlos. Estuvieron, como recuerdo, en la Farmacia del Hospital de la Defensa de San Carlos.



lunes, 20 de mayo de 2019

LOS FARMACÉUTICOS DE LA ARMADA ESPAÑOLA A FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX.



Cuando en el Real Hospital de Marina en Cádiz aparecen los boticarios, a pesar de que no hay una organización militar definida en ellos, si existe una jerarquía, y a las órdenes del Inspector de medicinas estarán: el boticario mayor, boticario, practicante de botica y mozo de botica. Todos tienen unas obligaciones señaladas. La botica elaborará las medicinas destinadas al Hospital de Marina y además abastecerá a los buques y dependencias de la Armada. Pronto, entre el personal auxiliar aparece una especialización para la elaboración del medicamento y su aplicación. Los tisaneros están al cuidado de las tisanas y cocimientos. Los topiqueros aplican aceites, fomentos y cataplasmas. Los untureros para las unturas ordinarias y venéreas. Los clistereros para los clisteres, muy empleados como lavativas y purgatorios durante mucho tiempo. Este personal también realizaba labor de limpieza de la botica y montaban guardias nocturnas.1 
Conforme avanza este siglo XIX, con la aparición de una medicina y una farmacopea más científica, en un abrir y cerrar de ojos el panorama cambia ostensiblemente. El boticario pasa a llamarse farmacéutico y la botica se llamará farmacia. Este farmacéutico se encargará de la elaboración de los nuevos medicamentos, ayudado por el practicante de farmacia, y la administración medicamentosa correrá a cargo del practicante de cirugía que dependerá del jefe de la clínica y no de la farmacia. El farmacéutico es responsable de la elaboración, almacenamiento, reconocimiento y distribución de los medicamentos, para abastecer los hospitales y enfermerías de buques, arsenales, cuarteles y otras dependencias. También; impartirá clases a los practicantes de cirugía sobre la elaboración de los preparados más sencillos, así como se encargará de la formación del practicante de farmacia. Por lo tanto, cumplía con esta función docente que debía tener el Cuerpo de Sanidad. Respecto a la función pericial, es poco probable que estuviera implicado en ella, durante esta época, pues la gran aportación que tuvo en la toxicología algún farmacéutico, esta llegó bastante más tarde. 
En los hospitales departamentales había un farmacéutico primero como jefe de la farmacia y un farmacéutico segundo, auxiliar. En el hospital de Cañacao había solo un farmacéutico primero, mientras que en Fernando Póo nunca lo hubo y la farmacia estaba a cargo del practicante de farmacia, sometido al reglamento del hospital. En Cuba; probablemente los medicamentos estaban a cargo de los farmacéuticos del Ejército, destinados en sus hospitales, mientras que en las enfermerias de Marina del Arsenal y estaciones navales, serían los médicos y practicantes de la Armada los responsables. 
En los hospitales de Marina, el jefe de farmacia estaba a las órdenes directas del director del centro y la organización del régimen interior del destino la haría de acuerdo con el jefe de servicio. En cuanto a destinos en el cuerpo, dependían los farmacéuticos de la Dirección del Personal. Algunos farmacéuticos destacaron por su labor como es el caso del primer farmacéutico José Ruiz Moro, quien estuvo destinado en el Hospital de Cañacao en tiempos de la insurrección, en una zona enormemente peligrosa, sobre todo en los meses de septiembre y octubre de 1866, cuando tuvo que multiplicarse para atender a la elaboración de medicamentos con los que tenía que abastecer además del hospital, la enfermería del Arsenal de Cavite y la de numerosas estaciones navales y buques, pues sólo contaba con la ayuda de dos practicantes indígenas. El 27 de abril de 1898 le fue concedida la Cruz del Mérito Naval de primera clase con distintivo rojo tras los informes reservados hechos por el director del hospital, en donde resaltaba el celo, amor al servicio y valor, habiendo demostrado: “Serenidad y tranquilidad en los días azarosos que con motivo de la actual insurrección han transcurridos”. Ruiz Moro; en 1897 había pasado destinado al Hospital de San Carlos, siendo sustituido por el también farmacéutico primero Francisco Andrés  Serra, procedente de este hospital, el cual cesó en 1898 por padecer paludismo y anemia, pasando a eventualidades en San Fernando. Este mismo año se suprime la plaza de farmacéutico del Hospital de Cañacao.2
Por R.O. de 26 de julio de 1895 se aprobó el Reglamento de organización del Cuerpo, quedando como una sección del Cuerpo de Sanidad de la Armada. Adquiere de este modo un carácter político-militar, y con derecho al uso de uniforme y divisas. Al principio, la plantilla es muy corta pues solo cuenta con un farmacéutico mayor, cuatro primeros farmacéuticos y tres segundos farmacéuticos. No obstante, en los años sucesivos se irá ampliando.3  

NOTAS.
1). Galán Ahumada, pp. 337-391.
2). Martinez Cerro, pp. 175-177.
3). Vigón Sánchez, pp. 140.
*). Roca Núñez et al, pp. 77-78.

BIBLIOGRAFÍA.
Galán Ahumada, D. La Farmacia y la Botánica en el Hospital Real de Marina de Cádiz. Editorial Naval. Madrid, 1988.
Martínez Cerro, M. El Servicio Farmacéutico de la Armada. Su vinculación histórica y aportación a la vida hospitalaria (1814-1936). Editorial Naval. Madrid, 1990.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
Vigón SÁnchez, A. Mª. Guía del Archivo Museo D. Álvaro de Bazán. Viso del Marqués, 1985.




Evocación al recetario antiguo. Francisco Sillue Ramoneda. Laboratorios Knoll.