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jueves, 29 de agosto de 2019
BEATO MARCELO SPÍNOLA. AFABILIDAD.
ESCLAVAS DEL DIVINO CORAZÓN. Madrid y Sevilla.
PARROQUIA VATICANA Y CASTRENSE DE SAN FRANCISCO. San Fernando (Cádiz).
Cuadro que representa al Beato Marcelo Spínola. Fachada exterior de la Iglesia Vaticana y Castrense de San Francisco. San Fernando (Cádiz).
Fachada exterior de la casa donde nació Marcelo Spínola. Antigua calle Comedias. Hoy Lope de Vega. San Fernando (Cádiz). Junto al portal, podemos observar la placa conmemorativa.
jueves, 22 de agosto de 2019
BEATO MARCELO SPÍNOLA Y MAESTRE.
ESCLAVAS DEL DIVINO CORAZÓN. Madrid y Sevilla.
PARROQUIA VATICANA Y CASTRENSE DE SAN FRANCISCO. San Fernando (Cádiz)
Pila bautismal donde fue bautizado Marcelo Spínola. Parroquia Vaticana y Castrense de San Francisco.
San Fernando (Cádiz).
Placa conmemorativa del bautismo del beato. Capilla bautismal de la parroquia anteriormente citada.
lunes, 5 de agosto de 2019
HERMANA MARÍA CRISTINA DE JESÚS SACRAMENTADO.
POSTULACIÓN GENERAL DE LOS CARMELITAS DESCALZOS. Corso d´Italia. Roma, 1996.
MADRES CARMELITAS DESCALZAS. Boletín Informativo Nº 14. San Fernando (Cádiz). Año 2019.
martes, 30 de julio de 2019
REFLEXIÓN DE UN OFICIAL MÉDICO DE LA ARMADA ESPAÑOLA DE FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX SOBRE LA ASISTENCIA MÉDICA EN LOS BUQUES DE GUERRA.
La experiencia vivida por el médico primero Juan Redondo Godino en el combate naval de Cavite, el día 1 de mayo de 1898, embarcado en el crucero Isla de Cuba, le llevará en
En los últimos años se había cambiado
de forma radical los servicios sanitarios en los buques; los antiguos navíos de
línea y las fragatas de vela tenían mejor cubiertas las necesidades médicas y
quirúrgicas que los acorazados y cruceros posteriores, y cuando un buque no
tiene enfermería de combate, hay que improvisarla. En cambio, en la guerra todo
tiene que estar previsto y ordenado con mucha anticipación, siendo este un
asunto de tanta importancia que merece un estudio especial y una reglamentación
apropiada. Las enfermerías de combate deben reunir tres requisitos esenciales:
Situación estratégica que asegure una
buena conducción de heridos.
Estar a cubierto de los fuegos
enemigos.
Comunicación propia con baterías y
cubiertas.
Se debe establecer varias enfermerías,
así como aumentar el personal sanitario porque es insuficiente. La enfermería
de combate debe ser para curas y cirugía de urgencia y el verdadero trabajo
quirúrgico debe quedar para una vez finalizado el combate, en una enfermería
ordinaria con sala de operaciones condicionadas.
Sobre todo, una escuadra debe
disponer de un buque hospital para cubrir esta necesidad.
En la enfermería de combate debe
quedar en sitio resguardado el material quirúrgico y de curación para evitar
ser destruido. Las cajas de curas repartidas por distintos puntos del buque no
tienen valor, porque sólo pueden ser utilizadas por los médicos y practicantes.
Las enfermerías de combate deben
quedar protegidas por la coraza del buque; alumbrada, ventilada y disponer de
gran cantidad de agua potable. La capacidad de esta enfermería debe ser
proporcional a la dotación del buque para que un 10% de esta pueda tener
alojamiento en ella. Por la enfermería no debe pasar tubo de vapor ni aparato
conductor de pólvora. Comunicación propia y apropiada con las partes superiores
del barco con el fin de que pueda asegurarse una fácil conducción de los
heridos, no debiéndose emplear los ascensores de municiones.
De este modo, las enfermerías de combate deben entrar en el plan de construcción del buque, siendo proyectadas y distribuidas al mismo tiempo que se proyectan y distribuyen las distintas dependencias.
De este modo, las enfermerías de combate deben entrar en el plan de construcción del buque, siendo proyectadas y distribuidas al mismo tiempo que se proyectan y distribuyen las distintas dependencias.
*). Roca Núñez et al, pp. 118-119.
BIBLIOGRAFÍA.
Redondo Godino, J. “Combate naval de Cavite: Impresiones de un médico”. Revista General de Marina. Madrid, abril, 1904.
Redondo Godino, J. “Combate naval de Cavite: Impresiones de un médico”. Revista General de Marina. Madrid, abril, 1904.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz),
Fragata Triunfo. Pintura de Bastida. Roca Núñez et al, p.94.
martes, 23 de julio de 2019
LA SANIDAD DE LA ARMADA ESPAÑOLA EN LAS EPIDEMIAS DE CÓLERA Y MALARIA DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.
El cólera, oriundo de la India,
penetra en Portugal procedente de Rusia, cerca de la mitad del siglo XIX. En
España, se van a afectar aquellas provincias y regiones fronterizas; como Vigo,
Extremadura y Huelva, y en la primera guerra carlista, las tropas combatientes
contribuyen a distribuirlo por todo el territorio peninsular. Después, hubo
varios brotes a lo largo del siglo. Se vio más tarde que la bacteria vibrio
cholerae era capaz de producir una infección intestinal cuando penetraba en el
organismo a través del agua y alimentos contaminados. El cuadro clínico
consiste en dolor abdominal, acompañado de una diarrea acuosa y abundante,
hasta 40 deposiciones diarias de un color blanquecino y con pequeños gránulos; “agua
de arroz”, con vómitos, llevando todo ello a la perdida de iones, fosfatos y
bicarbonatos. Se llega a la deshidratación, si no existen remedios adecuados,
con un cuadro de shock, manifestado por hipotensión y oliguria; conduciendo a
la muerte.
En la epidemia de cólera de esta
época también pagan con su vida varios médicos de la Armada. Es el caso de Guillermo
Gómez Nieto, natural del Puerto de Santa María, en Cádiz, siendo segundo médico
de la División Naval del Sur en la zona de Zamboanga, durante el verano de 1882.
Atendiendo a los enfermos afectados de cólera, contrae la enfermedad y a pesar
de ello continúa prestando asistencia hasta que empeora y fallece el día 20 de
julio de ese año. En un boletín de Medicina Naval de 1883, su compañero Benito
Francia le dedica el siguiente epitafio: Murió
curando. El Comandante General de Filipinas en escrito al Ministro de
Marina, el 7 de agosto de 1882, expone: Con
el más profundo dolor tengo la honra de participar a V.S. que a las once de la
mañana del día de hoy 20 de julio ha fallecido de cólera asiático el médico
segundo de la División Naval del Sur Don Guillermo Gómez Nieto, víctima de su
abnegación y de su celo, llevados a un grado eminentemente heroico en el
cumplimiento de sus deberes; también cumplo a mi deber hacer presente a V.S. que
enfermo hacia algunos días, este brillante oficial médico de la Armada,
continuó en su puesto, sin querer darse de baja, hasta ser acometido con rudo
golpe de la misma epidemia que con tanta decisión, energía y caridad venia
combatiendo. Mientras que el primer médico Joaquín Lorente y
Aspiazu; a bordo del Patiño, un transporte de tropas habilitado como enfermería
flotante, atiende a los enfermos de la epidemia colérica y por su actuación se
le conceden la Cruz Blanca y la Cruz Roja del Mérito Naval.
En 1865, Manuel Chesio que después fue Inspector General, intervino en abortar una epidemia a bordo del Vulcano que transportaba tropas, siendo recompensado por ello con las cruces de Epidemia y de Beneficencia. En 1885, Vicente Cabello Bruller se pone al frente del Hospital de Coléricos de Pueblo Nuevo del Mar en la provincia de Valencia, fundado por el Comandante de Marina de esta localidad.
En 1865, Manuel Chesio que después fue Inspector General, intervino en abortar una epidemia a bordo del Vulcano que transportaba tropas, siendo recompensado por ello con las cruces de Epidemia y de Beneficencia. En 1885, Vicente Cabello Bruller se pone al frente del Hospital de Coléricos de Pueblo Nuevo del Mar en la provincia de Valencia, fundado por el Comandante de Marina de esta localidad.
No podemos olvidar un brote epidémico que se declara en Cartagena en ese mismo año.
La primera víctima fue una mujer ingresada en la Casa de la Misericordia, el
día 13 de junio de aquella fecha. A raíz de ello se cerró la ciudad y se colocó
centinelas en el recinto amurallado, se fumigaban viajeros y equipajes que
pretendían entrar en la ciudad, quedando después un tiempo en observación. Se
crea una Junta de Sanidad con un servicio médico constituido por cuatro
facultativos titulares más otros tres escogidos. Se establece un hospital
provisional de coléricos en la Iglesia de San Diego, junto a la casa de la
Misericordia. Este hospital va a disponer de tres salas; para mujeres, hombres,
y convalecientes de ambos sexos, y otra sala para casos dudosos que deben
quedar en observación. Habrá un servicio de guardias para visitas domiciliarias
y una brigada de camilleros para el traslado de enfermos al hospital,
constituida por presidiarios. El director es el médico Arturo Massoti que
además se hará cargo de la farmacia. Le acompaña un practicante, dos hermanas
del asilo de la Misericordia, dos mozos de servicio, un administrador, dos
cocineros y un capellán. Los medicamentos proceden del Hospital de la Caridad.
Se detecta un brote en el cañonero Toledo, atracado en el muelle de Portmán, y
después aparecen cuatro focos más; los tres primeros corresponden a distintos
barrios de la ciudad y el último tiene lugar en el presidio que después de ser
controlado, a los ocho días aparece un rebrote. Es cuando el comandante del
penal solicita auxilio al capitán general del Departamento. El inspector de
sanidad del Departamento, Félix Echauz y Guinart, organiza la asistencia médica,
creando un hospital militar provisional en el Castillo de Despeñaperros,
situado en unos de los cerros de la ciudad, pero al ser insuficiente se recurre
al cuartel de Antiguones o Antigones. Al comienzo se dispone de un médico mayor para
visitas y dos médicos segundos para guardias, a los que se le van agregando
algunos facultativos más del hospital y del departamento, así como practicantes
y personal de enfermería. Como director de este hospital provisional; el médico
mayor Luis Gutiérrez Gamba, acompañado por una serie de médicos que encontramos
en la siguiente relación:
Médico mayor Juan M. López Pérez. Médicos
primeros: José Vega Elorduy, Enrique Nogués Polo, Antonio Cachá Arcolla,
Federico Bassa Nicolau y Galo Calvo-Rayo García. Médicos segundos: Federico
Montaldo Peró, Luis Vidal Teruel, José Botella Martínez, Miguel Peña Gálvez y
Venancio Almazán García. Como coordinadores van a actuar: el subinspector de
primera González Briones y el subinspector de segunda Joaquín M. Abella.
En Guinea, el enemigo epidémico era el
paludismo, al ser África una zona endémica, pero también había casos en América.
El paludismo o malaria es una enfermedad causada por parásitos del género
plasmodium, existiendo varias especies: P. falciparum, P. vivax, P. malariae, P. ovale o P. Knowlesi. Los tres primeros son frecuentes en el continente
americano. La transmisión se realiza por diversas especies del mosquito
Anopheles, aunque solo pican las hembras porque precisan alimentarse de sangre
para madurar los huevos. El médico militar francés; Charles Louis Alphonse
Laveran, en Argelia, descubrió parásitos en el interior de los glóbulos rojos
de las personas infectadas. El cuadro clínico puede empezar con fiebre,
escalofríos, cefaleas y sudoración, pudiéndose acompañar de nauseas, vómitos,
tos, dolores musculares, o ser más alarmante con trastornos de la coagulación
diversos; heces sanguinolentas, o aparecer de inmediato una ictericia. Al final;
se puede llegar a un estado de shock con insuficiencia hepática y renal,
trastornos neurológicos graves por afectación del sistema nervioso central y
coma. Se denominó fiebre perniciosa o acceso pernicioso a una forma clínica
grave y mortal de la enfermedad. Con motivo de un acceso de este tipo, el médico
segundo Ricardo Cordón, en el año 1891,
se ahogó en la bahía de Santa Isabel, al arrojarse al mar durante una crisis
delirante en el transcurso de la fiebre.
*). Roca Núñez et al, 88, 89, 90.
BIBLIOGRAFÍA.
Clavijo y Clavijo, S. Historia del Cuerpo Militar de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925.
Gracia Rivas, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁND EnEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martinez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
Clavijo y Clavijo, S. Historia del Cuerpo Militar de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925.
Gracia Rivas, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁND EnEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martinez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
SÁEZ Gómez
J. M. et al.
“La epidemia de cólera de 1895 en Cartagena a través de la obra de Federico Montaldo y Peró”. Universidad de Murcia. Dialnet.
WIKIPEDIA. "Malaria". wikipedia.org/wiki/Malaria. 3 de julio de 2019.
WIKIPEDIA. "Malaria". wikipedia.org/wiki/Malaria. 3 de julio de 2019.
lunes, 15 de julio de 2019
LA SANIDAD DE LA ARMADA ESPAÑOLA EN LAS EPIDEMIAS DE FIEBRE AMARILLA EN EL SIGLO XIX.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis,
como nos recordara el ilustre escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, van a
estar presentes entre el personal de los ejércitos de tierra y mar de la época,
pero con algunos matices. La peste como representativa de las epidemias y
enfermedades en general, va a dejar su protagonismo a la fiebre amarilla y
cólera mientras que la guerra que es seguida de los otros dos jinetes; el
hambre y la muerte, se acompaña de otro nuevo que es el naufragio en la Armada.
Vamos a contemplar por separado todos estos factores.
En ultramar era endémico, el llamado
vómito negro que había llegado al continente americano procedente de África, a
través de la esclavitud. En el siglo XVIII, los buques procedentes de América
habían extendido el contagio por la península, comenzando por Cádiz y Málaga.
Curiosamente, en alguna ocasión se presentó la enfermedad coincidiendo con la
aparición de la guerra como anunciando que los demás “jinetes” llegarían a
continuación. Así, en la epidemia de 1800 que afectó a Cádiz y resto de Andalucía
para pasar posteriormente a otras regiones de España, llega poco antes del
desastre de Trafalgar. Habrá un nuevo brote pocos años después, en 1810, en
pleno asedio francés a Cádiz e Isla de León.
Unos años más tarde, en 1833,
Carlos Juan Finlay, médico hispano-cubano, formado en Estados Unidos,
descubrirá el papel del mosquito Culex fasciatus que era como primitivamente se
denominaba el Aedes aegypti; en la transmisión de la enfermedad. Lógicamente,
conocido este mecanismo; el panorama mejoró, pues ya se podían tomar medidas
preventivas. A pesar de ello, la fiebre amarilla continuaba haciendo estragos.
Cuando se descubrió el virus causal, se pudo disponer de una vacuna para la
profilaxis. La enfermedad después de un periodo de incubación de 3 a 7 días, comienza con un
cuadro de fiebre elevada, escalofríos y cefaleas que puede acompañarse de
mialgias, náuseas y vómitos. En pocas ocasiones, queda aquí toda la sintomatología
para desaparecer de 1 a
3 días sin dejar complicaciones. Esta sería la forma leve de la enfermedad pero
en la forma clásica o grave, después de este periodo inicial, en el que también
puede haber hemorragias manifestadas como epistaxis y gingivorragia, se produce
un descenso febril para aparecer la fiebre de nuevo, acompañada de ictericia; encontrándonos
a continuación con una insuficiencia hepática y renal, continuando grandes
hemorragias con hematemesis (vómitos de sangre), siendo la sangre; coagulada y
de color negro. De aquí, el nombre de vómito negro que se da a la fiebre amarilla
con su ictericia. Finalmente: llega la muerte.
La fiebre amarilla había afectado
siempre a los médicos de la Armada que luchaban contra ella. A principios de siglo,
fallecieron en Cádiz; Domingo Vidal, cirujano mayor que se había hecho cargo de
la dirección del Colegio de Cirugía de la Armada, el catedrático de Botánica
del Colegio Francisco de Arjona y 24 colegiales. En la segunda mitad del
siglo XIX, el jefe de sanidad del Apostadero de la Habana, Juan Antonio López Pérez,
muere a consecuencia de la enfermedad y más tarde lo hará el primer médico Luis
Ferrer González.
Roca Núñez et al, pp. 87-88.
Roca Núñez et al, pp. 87-88.
BIBLIOGRAFÍA.
Blanco Villero, J. M. “Sinopsis de la epidemia de fiebre amarilla de 1800 en Cádiz y su provincia con una referencia a Sevilla y Filadelfia”. Salud y Enfermedad en los tiempos de las Cortes de Cádiz. Crónica sanitaria de un Bicentenario. Blanco Villero y García-Cubillana de la Cruz; pp. 105-147. Universidad de Cádiz. Sílex ediciones S. L., Madrid, 2013
Gracia Rivas, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
Roca Núñez, J. B. Los otros de Trafalgar: Médicos y Cirujanos. Boticarios. Sangradores. Enfermeros. Socorristas. Víctimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores, 2011.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
WIKIPEDIA."Fiebre amarilla".wikipedia.org/wiki/Fiebre amarilla. 13 de junio de 2019.
Blanco Villero, J. M. “Sinopsis de la epidemia de fiebre amarilla de 1800 en Cádiz y su provincia con una referencia a Sevilla y Filadelfia”. Salud y Enfermedad en los tiempos de las Cortes de Cádiz. Crónica sanitaria de un Bicentenario. Blanco Villero y García-Cubillana de la Cruz; pp. 105-147. Universidad de Cádiz. Sílex ediciones S. L., Madrid, 2013
CLAVIJO Y CLAVIJO, S. Historia del Cuerpo Militar de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925
FERRER, D. Historia del Real Colegio de Cirugía de la Armada de Cádiz. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. 2ª Edición. Cádiz, 1983. Gracia Rivas, M. La Sanidad Naval española. Historia y evolución. E. N. Bazán. Barcelona, 1995.
Roca Núñez, J. B. Los otros de Trafalgar: Médicos y Cirujanos. Boticarios. Sangradores. Enfermeros. Socorristas. Víctimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores, 2011.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
WIKIPEDIA."Fiebre amarilla".wikipedia.org/wiki/Fiebre amarilla. 13 de junio de 2019.
Representación cercana a la época de la fachada del Real Colegio de Cirugía de la Armada de Cádiz. Dibujo del autor basado en un fotograbado.
martes, 9 de julio de 2019
PERSONAL AUXILIAR EN LOS HOSPITALES DE LA ARMADA ESPAÑOLA DURANTE FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL XX.
Este personal lo podemos dividir en
personal militar y personal civil. En cuanto al primero; hemos de considerar un
personal para custodia del centro, con guardias incluidas, compuesto por un
rancho de marinería a cuyo frente estaría un contramaestre, ayudado por uno o
dos cabos. En cuanto al personal civil, diremos que estaba repartido por numerosos
puestos de trabajo. Los despenseros custodiaban los víveres, observando su buen
estado, en unos tiempos donde los medios de conservación de estos eran algo
precarios. También se ocupaban de los utensilios de cocina, y en los hospitales
pequeños, coloniales, estaban en contacto directo con el cocinero para
facilitar a este las raciones o el tipo de dieta, bien fuera animal o vegetal;
y todo ello de acuerdo a las anotaciones hechas en la libreta del cabo de sala.
Los cocineros debían cuidar los utensilios y envases de la cocina y además eran
responsables de la limpieza del local. Cocinarían para los enfermos, personal
de guardia y otro personal que se alojaba en el hospital, como capellán e hijas de la caridad.
Pudo también tener alojamiento,
el director con su familia. En los hospitales coloniales, los cocineros tenían
la obligación de proveer a la enfermería del agua caliente necesaria y tener
preparado un hornillo con fuego para cubrir las necesidades. Los porteros
montaban turnos de guardias en la portería. Otro cargo era el de guarda-ropa,
estarían a las órdenes del administrador. Los porteros, despenseros, y
guarda-ropa, vestían el mismo uniforme de los cabos de sala y practicantes de farmacia,
pero con diferentes divisas. También tenemos que contar con personal civil en
las oficinas, dependientes del administrador. El resto del personal estaría
constituido por trabajadores diversos, como; barberos-peluqueros,
mozos-limpiadores, limpiadoras, lavanderos y lavanderas. Había un sacristán
para auxiliar al capellán en sus labores. Aunque este personal hospitalario
había ido aumentando a partir de la segunda mitad del siglo XIX, conocemos la
plantilla aprobada por Real Orden de 1886 para los hospitales de Marina de la
Península, siendo la siguiente:
1 Subinspector Médico Director.
1 Contador.
1 Administrador.
1 Boticario.
2 Practicantes de Farmacia.
1 Mancebo de Botica.
1 Guardarropa con su ayudante.
1 Despensero con su ayudante.
1 Cocinero con su ayudante.
1 Enfermero mayor.
21 Enfermeros.
4 Cabos de sala.
1 Cabo de luces.
1 Sacristán.
1 Mozo de limpieza.
1 Topiquero.
1 Relojero.
1 Portero.
En esta plantilla no figuran médicos, cirujanos, practicantes de cirugía, ni capellanes.1
NOTAS.
En esta plantilla no figuran médicos, cirujanos, practicantes de cirugía, ni capellanes.1
NOTAS.
1). Soler Cantó, pp. 75-77.
*). Roca Núñez et al, pp.84-85.
*). Roca Núñez et al, pp.84-85.
BIBLIOGRAFÍA
GARCÍA-CUBILLANA DE LA CRUZ, J.M. El antiguo hospital de San Carlos (1809-1981) y la ciudad de San Fernando. Publicaciones del Sur Editores. Cádiz, 2007.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
ROCA NÚÑEZ, J.B. ROCA FERNÁNDEZ, F.J. GARVÍ LÓPEZ, M. ROCA FERNÁNDEZ, J.J. Historia de la Medicina. La Sanidad de la Armada española en la segunda mitad del siglo XIX. Martínez Encuadernaciones. Puerto Real (Cádiz), 2015.
SOLER CANTÓ, J. El Hospital Militar de Marina de Cartagena. 2ª Edición. Universidad
Politécnica de Cartagena, 1999.
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