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lunes, 13 de julio de 2020

XII. APUNTES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA EN CÁDIZ Y SUPROVINCIA



La fiebre amarilla en Cádiz y su provincia desde el punto de vista social y humano

Tomando como referencia la obra de Vicente Blasco Ibáñez, Los cuatro jinetes del Apocalipsis; la guerra, el hambre, la peste y la muerte, vemos representados a estos en Cádiz y su provincia, en aquel nefasto comienzo del siglo XIX. La peste, en esta ocasión, es sustituida por la fiebre amarilla, el terrible “vómito negro”. La muerte aparecerá de inmediato, y el hambre y la guerra lo harán algo más tarde, como si se hubieran retrasado.
Vamos a ocuparnos del tercer jinete de Blasco Ibáñez que en esta ocasión ha cambiado de identidad pero no por ello es menos peligroso, montado en el bíblico caballo negro, y para poder hacer un análisis lo mas exhaustivo posible, nos disponemos a hacer un recorrido por distintas poblaciones de la provincia, azotadas en varias ocasiones por el terrible mal.
Salvador Clavijo cuando se refiere a los tristes acontecimientos vividos en la Villa de la Isla de León, primero, y Ciudad de San Fernando después, nos cuenta como el mandamiento cristiano de enterrar a los muertos de las epidemias, exigió siempre esfuerzos y garantías para llevarlo a cabo, y siempre atendiendo a las reglas promulgadas por los facultativos. Se recibió donativos de particulares para conseguir el socorro de los enfermos y sus familiares, y también en todas las ocasiones, el Ayuntamiento contribuyó a ello. La Iglesia iba coordinando muchas de estas ayudas, a través de las parroquias. Actuaron, igual que en otros lugares, las hermandades.
En medio de estos horrores, la población española es creyente y católica, gracias a la sangre derramada por tantos santos y mártires para poder llevar el Evangelio de Jesucristo al mundo entero, y al fiel compromiso de los padres de transmitir estas enseñanzas a sus hijos. Por ello, todos los pueblos se encomiendan a Dios, la Santísima Virgen y santos patronos.

En Cádiz, seguro que los más viejos del lugar no se olvidan de los relatos que escucharon de sus antecesores de aquel maremoto del 1 de noviembre de 1755, cuando el fraile capuchino de la Viña fray Bernardo de Cádiz, en unión del padre capellán Francisco Macías, invocan a la Virgen de la Palma. Cádiz se encomienda a Nuestro Padre Jesús y en algunos lugares a Nuestra Señora del Rosario del convento de Santo Domingo, cuya devoción había comenzado en el siglo XVI. Sin olvidar que los patronos de la ciudad, desde 1617, eran San Servando y San German.


                               Nuestra Señora del Rosario. Patrona de Cádiz. Convento de Santo Domingo.
                                                          Spínola et al. La Provincia de Cádiz.

En la Isla de León-San Fernando se invocó a San José, el cual era patrono de la primitiva villa desde el año 1766. Cuenta el historiador Salvador Clavijo que el 15 de septiembre de 1800 el Ayuntamiento a través de sus regidores tomó el acuerdo de pedir la intercesión de su Patrono, mediante la siguiente guía.
1). Hacer ayuno la víspera de los desposorios del Glorioso Patriarca.
2). Celebrar solemne función religiosa en su honor.
3). Declarar día festivo el 19 de marzo de todos los años.
4). Comunicar estas resoluciones al Sr. Obispo.
El 26 de abril de 1801, para conmemorar este acontecimiento, se colocó en la sala Capitular del Ayuntamiento, un cuadro pintado por el artista alemán Francisco Xavier Riedmayer, representando a los distintos estamentos sociales de la villa, arrodillados ante el Santo Patriarca. Hoy se encuentra la pintura en el Museo Municipal de San Fernando.
En la villa, la devoción a la Virgen del Carmen venia desde tiempos atrás, cuando en noviembre de 1680 se había bendecido e inaugurado la primitiva Iglesia y la imagen de Nuestra Señora del Carmen, procedente de Cádiz, fue trasladada desde el puente de Suazo hasta el convento carmelitano. También había devoción por Nuestra Señora de la Salud, instalada en una ermita con este nombre.
En 1784 se había aprobado la constitución de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, cuya imagen se veneraba en una capilla llamada de El Monte, en un barrio de la villa.


 Cuadro de Francisco Javier Riedmayer referente a la proclamación del voto a San José por parte de la Villa
 Museo Histórico Municipal de San Fernando. David Cárdenas Recio, www.elcastillodesanfernando.es 
1 de mayo de 2016.




 Ex-Voto hecho a la Virgen del Carmen en el siglo XIX. J. Aranda y J. Dobado. 
El Carmen de San Fernando. p.155.

En Puerto Real se veneraba la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, en la iglesia conventual de la Victoria y la Iglesia Mayor Parroquial estaba bajo la advocación de San Sebastián.



 
Virgen de la Soledad. Obra de "La Roldana" (siglo XVII). Iglesia de la Victoria de Puerto Real.


En Chiclana de la Frontera se había construido una ermita a Santa Ana, entre los años 1772 y 1774, cuya imagen junto a la de la Virgen Niña fue una obra encargada al escultor genovés Domingo Giscardi, en 1772.

                                Ermita de Santa Ana en Chiclana. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.





En Sanlúcar de Barrameda resalta la devoción por la Virgen del Sudor, una pintura italiana del siglo XVII que representa a Nuestra Señora de los Afligidos y se encuentra en el Convento de Madre de Dios. Según la tradición, la Santísima Virgen había librada a Sanlúcar de una epidemia de peste, padeciendo Ella misma la enfermedad. La pintura había sido llevada desde Roma por un fraile dominico.

En Jerez de la Frontera; Nuestra Señora de Consolación. A mediados del siglo XV la imagen de la Virgen fue llevada por un caballero genovés a Jerez de la Frontera. Según cuenta la leyenda; la talla fue encontrada milagrosamente en el mar tras ser librado de un aparatoso naufragio. Tras algunas discrepancias fue llevada al convento de Santo Domingo.
Nuestra Señora de la Merced, era patrona de la ciudad desde el siglo XVII, aunque la devoción venia anteriormente.

Villamartín había elegido ya como patrona a Santa Ana desde algunos siglos atrás y también experimentó gran devoción por San Sebastián.

Paterna de la Rivera, desde mucho tiempo atrás, tenía como Patrón a San Sebastián.

Medina Sidonia que sufrió aquella terrible epidemia de 1801, se encomendó a Nuestra Señora de la Paz que era su Patrona desde el año 1802, cuya talla de 1738 se encuentra en la Iglesia de Santa María Coronada.
De un gran  carisma entre la población gozaban las agustinas recoletas en cuyo monasterio de Jesús, María y José, ingresaría en 1818 la joven hebrea conversa, gibraltareña, Simi Cohen Leví, la cual había sido bautizada en la población el año anterior. Con el nombre de Sor María Dolores del Amor de Dios vivió en aquel convento, en santidad hasta el día de su muerte, el 8 de enero de 1887. Hoy sierva de Dios.  


 Virgen de la Paz. Patrona de Medina Sidonia. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.


 Parroquia de Santa María la Coronada de Medina Sidonia. M. Bueno. Simi Cohen.



En Alcalá de los Gazules, siempre ha estado muy arraigada la devoción a nuestra Señora de los Santos cuyo santuario primitivo data del siglo XIV, donde parte la devoción a la imagen de esta Virgen, tras la batalla del Salado.
San Jorge es el patrón de la población cuya imagen se venera en la iglesia de su nombre, la cual data del siglo XVI.


 Entrada al Santuario de Nuestra Señora de los Santos en Alcalá de los Gazules. Autor.



 Imagen de Nuestra Señora de los Santos. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.



Algeciras ha venerado y tomado como patrona a Nuestra Señora de la Palma, cuya devoción comienza a finales del siglo XVII, cuando un barco procedente de Italia se ve obligado a abandonar la carga en el puerto y entre ella aparece la talla de la Virgen.


 Iglesia de Nuestra Señora de la Palma de Algeciras. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.

Tarifa venera a Nuestra Señora de la Luz cuya imagen data del siglo XIV, en tiempos de la batalla del Salado.



 Santuario de Nuestra Señora de la Luz en Tarifa. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.


En Gibraltar, tras la epidemia de 1813, se celebra el domingo 12 de diciembre de aquel año un acto de Acción de Gracias. Pero; junto a anglicanos, otros cristianos, judíos y musulmanes, hay una gran parte de la población de ascendencia católica, la cual venera a Nuestra Señora de Europa, cuyo santuario con el nombre de Our Lady of Europe, se encuentra en el extremo sur del Peñón, sin olvidar a San Bernardo de Claraval, tradicional patrono tras la reconquista de Gibraltar a los musulmanes por Alonso de Arcos, un 20 de agosto de 1462, festividad del santo.

Al finalizar las epidemias en todas las poblaciones, en sus templos, se solía celebrar un tedeum o Te Deum, cuya traducción del latín es A ti, Dios. Cantico de la liturgia católica, entonado por diversos coros y con asistencia de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y todos los estamentos sociales. También, en la ocasión, se rogaba a Dios que acudiera en ayuda de sus siervos en las adversidades.



 Catedral angicana de la Santisima Trinidad, utilizada como Hospital auxiliar en la epidemia de fiebre amarilla de 1828. T. J. Finlayson. Guia turistica de Gibraltar, p.17.



 Mezquita árabe de Gibraltar. Autor.




 Capilla de Nuestra Señora de Europa. T.J. Finlayson. Guia turistica de Gibrlatar, p 38.


 Imagen de Nuestra Señora de Europa. Capilla de Nuestra Señora de Europa. Gibraltar  Autor.



 Pintura que rememora el traslado definitivo a la capilla de la imagen de Nuestra Señora de Europa desde Algeciras, donde había sido restaurada y guardada. Capilla de Nuestra Señora de Europa. Gibraltar. Autor.


BIBLIOGRAFÍA

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CÁRDENAS RECIO, D. "El cuadro de El Voto, una joya del siglo XVIII", el Castillo de San Fernando.www.elcastillodesanfernando.es. 1 de mayo de 2016.
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WIKIPEDIA. “Ermita-Santuario de Nuestra Señora de los Santos”. 19 de octubre de 2019.
wikipedia.org/wik




 Ex- Voto conservado en el Santuario de Nuestra Señora de los Santos de Alcalá de los Gazules. Aparece un cirujano de la Armada atendiendo a un paciente natural de la Villa de Chiclana. D. Ferrer. Historia del Real Colegio de Cirugía de la Armada de Cádiz. Lámina XI. Fig. inferior.

lunes, 6 de julio de 2020

XI. APUNTES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA EN CÁDIZ Y SU PROVINCIA




La fiebre amarilla en Cádiz y su provincia desde el punto de vista epidemiológico y clínico

El vómito negro, el mal de Siam, Yellow Jack, tifus icteroides o fiebre amarilla, todos los facultativos estaban de acuerdo de que se trataba de una enfermedad muy contagiosa y muy peligrosa. Basándonos en el estudio del Doctor y Académico José Manuel Blanco Villero, nos encontramos con que en la primera epidemia gaditana de 1800, la población estaba poco inmunizada porque la anterior epidemia de fiebre amarilla había ocurrido 36 años antes y solo serían inmunes las personas más ancianas. En cambio, en las epidemias posteriores se observó una disminución de la morbilidad y de la mortalidad, con respecto a la primera, y hubo más incidencia entre los forasteros.
Las poblaciones del interior tuvieron en general más baja morbilidad y mortalidad porque las larvas y adultos del Aedes ofrecen poca resistencia al frio y altitud.
En el caso de mayor afectación en varones que en hembras podría estar relacionado con el compuesto llamado actenol que facilita al mosquito encontrar al huésped, así como otras sustancias químicas emitidas por el varón, o feromonas.
El aislamiento de la población tendría que haber sido muy precoz y estricto. Las medidas que se adoptaban eran progresivas y tardías, por lo general. Los controles, en diversas ocasiones, eran burlados por la gente que huia de las epidemias y la persona sana que pasaba un control podría estar en el periodo de incubación.
Muchas de las medidas adoptadas eran ineficaces, como la prohibición de la circulación de ganado, el dejar de enterrar en recintos sagrados o quemar ropas y enseres.
Las cuarentenas solo eran útiles en algunos casos porque el barco que la observaba podría llevar mosquitos infectados, los cuales sobrevivían a bordo bastante tiempo. Podría desembarcar al final algún miembro de la tripulación en periodo de incubación.
Las epidemias se extienden de un barrio a otro porque el mosquito vector tiene escasa autonomía y pica de casa en casa. Cuando el contagio pasa a otras poblaciones hemos de considerar que junto al pasajero ha podido pasar las ropas y equipajes, huevos y larvas del mosquito. Que participen otras clases de mosquitos locales en la transmisión creo que resulta más difícil admitir.
La mayoría de los enfermos mueren en los hospitales porque en ellos se ingresan los casos más graves. Aunque en casa podrían estar mejor cuidados por sus familiares y evitar algunas medidas contraproducentes como sangrías, en el hospital estaban más aislados de la población sana y podría aplicarse otras medidas más acertadas.
El desconocimiento del agente causal y del vector transmisor hacia que se luchara con un enemigo desconocido y que el personal sanitario no tuviera las medidas de protección adecuadas.
El aislamiento en lazaretos, hecho precozmente, si podría ser una medida adecuada.
Las juntas de sanidad serían muy útiles si estaban bien coordinadas y si estaban compuestas por el personal médico más idóneo.
El eliminar todas las aguas estancadas y el realizar un  control de lagunas y pantanos si era una medida necesaria, otra cosa es que se llevara a cabo con eficacia.
El reducir el contacto físico, evitando aglomeraciones, si era una medida eficaz.
La organización en barrios fue una buena decisión.
Evitar el exceso de temperatura si era una medida adecuada, pero otra cuestión era el conseguirlo con los medios con que se contaban.
Los facultativos de aquellos comienzos del siglo XIX sabían que esta terrible enfermedad aparecía en época calurosa y que en el contagio pudiera estar implicado el tráfico marítimo. Aún así, en sus comienzos había discrepancias sobre su identidad y cuando se le diagnosticaba era tarde.
A los síntomas y signos de sospecha no le podían acompañar pruebas complementarias porque no se disponía de ellas.
Los síntomas y signos acompañantes en el comienzo de la enfermedad podían ser comunes con otras enfermedades infectocontagiosas y cuando se llega a un diagnostico de sospecha por algún signo patognomónico ya es tarde.
Parece ser que no se tiene muy en cuenta los criterios epidemiológicos para sumárselo a los criterios clínicos de comienzo. De este modo, buscando el origen del contagio y sumándole algunas características, como que se produjera en estación calurosa, podría adelantarse el diagnostico de sospecha.
Entre los síntomas precoces parece ser que no hubo en general alguna preocupación en buscar algún signo específico diferencial, y cuando algún autor describe algunos de ellos, estos conocimientos no son adquiridos, en la mayoría de ocasiones, por el resto de facultativos, quizás por dificultad de difusión.
Llama la atención que en la epidemia de Gibraltar de 1810 fueran los doctores Arthur y Kidston, que habían pasado por la India, los que diagnosticaron la enfermedad de inmediato. Quizás era necesario tener algún médico especializado o con experiencia en esta epidemia y en otras.
No se organizaban en la época congresos y reuniones científicas, tanto locales como regionales, nacionales e internacionales que hubieran aunados criterios epidemiológicos, clínicos y terapéuticos. Las Juntas Literarias  del Colegio de Cirugía de la Armada aparecen como excepción y no hay registrado ningún caso de fiebre amarilla en las observaciones leídas en dichas juntas, desde noviembre de 1800 a enero de 1822.
 Los tratamientos, en general, no funcionaban porque la fiebre amarilla nunca ha tenido un tratamiento y solo pueden aplicársele medidas paliativas. Algunas medidas resultaban contraproducentes, como las sangrías. Recordemos que hubo algunos facultativos, como Pedro María González, que no se mostraron partidarios de esta medida. Tampoco de la provocación de vómitos. Otras medidas paliativas y de régimen higiénico-dietético si pueden ser aceptadas como útiles.


 Anfiteatro anatómico del Real Colegio de Cirugía de la Armada de Cádiz. 
S. Clavijo. Historia del Cuerpo de Sanidad Militar de la Armada, p.150


Hospitalizaciones durante las epidemias

Fueron numerosos los hospitales y lazaretos de la provincia de Cádiz que acogieron a los enfermos de fiebre amarilla en todas las epidemias de este siglo XIX. Aunque hemos hecho referencia de muchos de ellos, vamos intentar hacer un esquema de la disposición hospitalaria de la provincia durante estos tiempos de epidemia, señalando aquellos centros que parecen ser más significativos.

CÁDIZ
REAL HOSPITAL DE MARINA. Con 22 salas.
HOSPITAL PROVISIONAL DE LA SEGUNDA AGUADA. Con un total de 623 camas.
HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS. A cargo de la Orden Hospitalaria. Llegó a contar con cinco salas y albergar 89 enfermos, aunque pudo aumentar el número de hospitalizaciones.
HOSPITAL NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN o “DE MUJERES”. Con poca capacidad.


Patio del Hospital Real de Marina de Cádiz. M. Gracia. La Sanidad Naval Española, p.78.

ISLA DE LEÓN-SAN FERNANDO
HOSPITAL MILITAR DE SAN CARLOS
Abierto en febrero de 1809, con motivo de la Guerra de la Independencia. Al principio estuvo destinado a la hospitalización de los militares franceses prisioneros de la batalla de Bailén y de la Escuadra de Rosily, derrotada en la bahía gaditana. Pero, después se amplió la admisión a militares del Ejército y Armada, a operarios de la administración militar, familias de militares y otro personal.
HOSPITAL DE SAN JOSÉ. A cargo del Cabildo eclesiástico. Atendió a la Beneficencia Municipal y tuvo contratos con Ejército y Armada.
HOSPITAL DE LAS ANCLAS. Llamado también “De Ricardos”, por el hecho de estar en este caserío. Pertenecía a la Armada y se reabrió en algunos casos de epidemias.
LAZARETO DE INFANTES. En la casería de Infantes.
HOSPITAL PROVISIONAL DE SAN CARLOS. Junto al cuartel de Batallones.
HOSPITAL PROVISIONAL DEL PUENTE DE SUAZO. Situado en el Real Carenero. Llamado de San Caralampio.
HOSPITALES MILITARES  PROVIONALES  DEL EJÉRCITO ANGLO-PORTUGUÉS.
CASA DE ZOXA. HOSPITAL REAL DEL REGIMIENTO 29. Según el historiador local Joaquín Cristelly, hubo un hospital militar inglés en la casa nº157 de la calle Real, alquilada a una señora viuda, llamada María Jesús Perdiguero. Parece ser, según datos que ofrece Salvador Clavijo, corresponde a este lugar.
CASA DE SAN ANTONIO. HOSPITAL REAL DE ARTILLERÍA.


 San Fernando. Hospital de San José. Puerta de entrada.
J.B. Roca. Los otros de Trafalgar, p125.

PUERTO DE SANTA MARÍA
HOSPITAL DE LA CARIDAD. En la rivera del río Guadalete. A cargo de la Hermandad de la Santa Caridad.
HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS. En la calle Luna. Fue utilizado por el ejército francés, durante la ocupación.
HOSPITALITO. Entre las calles Ganado y Zarza.
HOSPITAL DE SAN SEBASTIÁN. En extramuros.
HOSPITAL MILITAR PROVISINAL FRANCÉS DE LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO. Utilizado durante la ocupación.


El Puerto de Santa María.  Hospital de San Juan de Dios de la calle Luna. Autor

CHICLANA DE LA FRONTERA
HOSPITLA DE SAN MARTÍN. Era un centro pequeño.
HOSPITAL MILITAR PROVISIONAL DEL EJÉRCITO FRANCÉS. Durante la ocupación. Situado en un caserío de la población.

SANLÚCAR DE BARRAMEDA
HOSPITAL DE LA MISERICORDIA. Regentado por la Orden de San Juan de Dios.

JEREZ DE LA FRONTERA
HOSPITAL DE LA CARIDAD. SAN BARTOLOMÉ. Dependiente este centro hospitalario de la Hermandad de la Santa Caridad.
LAZARETO DE LAS CUATRO NORIAS. Abierto en la epidemia de 1800.

ALGECIRAS
REAL HOSPITAL MILITAR. Perteneciente al Ejército. Situado en la antigua calle Imperial.
HOSPITAL DE LA CARIDAD. Perteneciente a la Hermandad de la Santa Caridad. Situado cerca del puerto.



 Antiguo Hospital Militar de Algeciras. Autor.


TARIFA
HOSPITAL DE SAN BARTOLOMÉ
Estuvo a cargo durante mucho tiempo de la Hermandad de la Santa Caridad y después pasó a la Beneficencia Municipal. El piso superior fue alquilado a la administración militar del Ejército.

GIBRALTAR
HOSPITAL NAVAL. Fue utilizado por la Marina y por el Ejército. Tras la paz de Amiens se redujo la plantilla, quedando en el centro un director, un cirujano y un boticario. Pero en 1803, debido a las hostilidades con Francia, esta escasa plantilla se incrementó de nuevo.


 
Hospital Naval de Gibraltar. Ch. Lawrence. The History of the Old Naval Hospital Gibraltar, p. 102



BIBLIOGRAFÍA

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