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lunes, 8 de junio de 2020

VIII. APUNTES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA EN CÁDIZ Y SU PROVINCIA


La fiebre amarilla en otras ciudades y pueblos de la provincia de Cádiz

PUERTO REAL

En la Bahía. El 21 de agosto de 1800 se produce la primera noticia sobre la aparición de la enfermedad en Cádiz y el Ayuntamiento de forma inmediata toma las medidas necesarias para intentar frenar el contagio. Envía un oficio a José Salvaresa, del protomedicato de Cádiz, y a José Vila, cirujano mayor y director accidental del Colegio de Cirugía de la Armada, con el fin de obtener información sobre el contagio. Se prohíbe la entrada de forasteros enfermos, pero esta medida llega tarde. El día 25 de agosto, el Ayuntamiento acuerda formar una Junta de Policía y Sanidad presidida por el médico titular de la villa Joaquín Bello. Se monta un cordón sanitario con guardias en distintos puntos de embarcaderos y carreteras. Alfonso de María se hace cargo de la dirección médica.
Iglesias da la cifra de 4.834 enfermos con 913 fallecimientos, entre vecinos y forasteros. Alfonso de María da una mortalidad de 1.621 fallecidos. En el Hospital de la Misericordia de la villa, ingresaron 290 enfermos, de los que fallecieron 154.


Puerto Real. Vista parcial del Ayuntamiento. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.


PUERTO DE SANTA MARÍA

En la Bahía. La epidemia de fiebre amarilla de 1800 causó 3.693 muertes. También sufrió esta población los brotes de 1804, 1813, 1819 y 1821. Se había creado un cementerio provisional en San Sebastián y también se hicieron enterramientos en el de la ermita de Santa Clara atendida por la Hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza, al cuidado de los montañeses.



 Puerto de Santa María con el rio Guadalete. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.

CHICLANA DE LA FRONTERA

En la Bahía. Es 1801 y escribe el vicario Vicente García de Torquemada que la villa era de las más libres de la epidemia, pero que habiendo llegado 4.000 personas procedentes de Cádiz había crecido el número de enfermos. Hubo necesidad de cortar el tránsito y los médicos, sacerdotes y frailes no bastaban para proporcionar cuidados y atenciones. Según Alfonso de María el número de defunciones fue de 1328 fallecidos.
En 1810, Chiclana es ocupada por el ejército francés y sus jefes militares habían dividido la villa en cinco cuarteles. En mayo de este año, el gobernador militar francés solicita para la población camas, en el caso de que se pudiera propagar la peste Smirna, y manda poner en cuarentena a los desertores y demás individuos que lleguen de Cádiz. Deben tomarse medidas para el establecimiento de lazaretos.
Se había establecido una serie de normas que implicaban la vigilancia de la salud por parte de la Milicia Cívica y abarcaban la limpieza de calles y corrales, extracción de inmundicias fuera de la población, tener cuidado con las malas aguas y con los vinos y alimentos corrompidos. Proveerse de artículos de primera necesidad. Resguardarse de los efectos del clima y de las estaciones. Acopio de medicinas necesarias para combatir las epidemias. Enterrar a los animales muertos y que estos no estén ni una hora en el pueblo. Ni que estos se arrojen a los ríos. El Decreto es dado desde Sevilla por el Consejero de Estado y encargado del Ministerio de Policía Francisco Amoros, quien también da otras normas para prevenir enfermedades infecciosas y contagiosas.



Chiclana con el rio Iro. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.


SANLÚCAR DE BARRAMEDA

En el Bajo Guadalquivir. El 30 de junio de 1800 llega a Sanlúcar el buque Águila, procedente de la Habana y durante la travesía había perdido cinco tripulantes, y después llega a Cádiz. En la epidemia de este año mueren en Sanlúcar 2.310 personas, 1.686 varones y 624 hembras. Alfonso de María da una cifra de fallecidos aproximada, 2.303. La población, en esta epidemia y en la de 1819 se encomendó a la Virgen del Sudor, como lo había hecho en las epidemias de peste del siglo XVII.


  Sanlúcar de Barrameda. Diario de Cádiz. Fotografía de Guillén Franco.

ROTA

En el Bajo Guadalquivir. Fallecidos, según Alfonso de María, 1.116, durante 1800.


Rota. Arco de Regla.C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.

CHIPIONA

En el Bajo Guadalquivir. El aislamiento de la población durante la epidemia de 1800, se hizo muy precoz y no murió nadie.


  Chipiona. Ayuntamiento. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.

JEREZ DE LA FRONTERA.

En la Campiña. A finales de agosto y principios de septiembre de 1800, los médicos jerezanos notifican asistir a enfermos sospechosos. Son citados todos los médicos y cirujanos de la ciudad. Se piensa en la necesidad de establecer un lazareto y se desplaza una comisión, compuesta de tres médicos, a Cádiz, para recabar información.
El día 15 de septiembre sufren el contagio algunos militares del cuartel del Tinte. La población se asusta y acude a la Virgen de Consolación. Con la entrada de forasteros procedentes de Cádiz, La Isla y Puerto Real, a pesar de las prohibiciones, hace que aumente el contagio. En la primera quincena del mes de noviembre sigue agudizándose la epidemia, pero a mediados de este mes comienza a remitir y el día 21 se piensa que la enfermedad ha pasado. En la Iglesia Mayor Parroquial se canta el Te Deum, como acción de gracias. El día 30 de abril, la Junta de Sanidad da la cifra de 46.000 enfermos y 10.000 fallecimientos. Sin embargo, Alfonso de María registra 10.192 muertes. Según Rodríguez Carrión, recogido por Benítez Reguera, ofrece una cifra de 5.491 fallecidos.


Jerez de la Frontera. Diario de Cádiz. Fotografía de Guillén Franco.

VILLAMARTÍN

En la Sierra. Durante la epidemia de 1800, según Alfonso de María, solo hubo 1 defunción. En 1804, aparece la enfermedad entre la población en el mes de octubre y hasta el 25 de diciembre produce 168 defunciones, de las que 93 son varones y 75 son hembras. Hubo una gran cantidad de párvulos entre los fallecidos. La epidemia alcanzó rápidamente la calle de San Sebastián, donde vivía la clase más pudiente. Remitió a comienzos de 1805.


Villamartín con la Sierra del Pinar al fondo. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.

ARCOS DE LA FRONTERA

En la Sierra. Alfonso de María contabiliza 631 defunciones en 1800.

 Arcos de la Frontera. Diario de Cádiz. Fotografía de Guillén Franco.


BORNOS

En la Sierra. En 1800, según Alfonso de María, hubo 17 defunciones.


 Bornos. Vista del convento del Corpus Christi con el pantano al fondo. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.

ZAHARA DE LA SIERRA

En la Sierra. En la epidemia de 1800, según datos de Alfonso de María, hubo 5 defunciones.


 Zahara de la Sierra. Diario de Cádiz. Fotografía de Guillén Franco.

ALCALÁ DE LOS GAZULES

En la Janda. Durante el verano de 1800 aparece la enfermedad, al parecer introducida por dos vecinos de Cádiz que llegaron a Alcalá y después sanaron. El médico titular, José Sánchez Aznar, vio a un vecino de la población quien falleció y presentaba síntomas característicos de la fiebre amarilla. Este facultativo piensa que se había contagiado de unos arrieros que debido al transporte de mercancías mantenían contacto con vecinos de Medina y Paterna.
Es el mes de septiembre y se celebra el traslado de la Virgen de los Santos, de su ermita al pueblo. Con la aglomeración de vecinos se produce una propagación de la epidemia. Se forma una Junta de Sanidad Local y se piensa en la necesidad de crear un lazareto para que los visitantes pasen la cuarentena, eligiéndose una casa del Prado.
Los vecinos más pudientes abandonan el pueblo y se trasladan al campo. Se establecen guardias en todas las entradas y salidas de la población. Hay un cordón sanitario en el que intervienen las escasas tropas del ejército y vecinos del pueblo, utilizando chosas construidas, como puntos de vigilancia. Hubo que alojar a la tropa en algunos cortijos.
Según datos locales hubo 800 muertos y según Alfonso de María las defunciones fueron 817. Hubo en la población epidemias similares durante 1802, 1804 y 1820.



Alcalá de los Gazules. Autor.


PATERNA DE LA RIVERA

En la Janda. Cuando en aquel fatídico verano de 1800 llegan a la población noticias de la terrible epidemia que asola a Cádiz y pueblos cercanos, se crea en Paterna una Junta Local de Sanidad y comienzan a dictarse normas concernientes a la limpieza e higiene, así como no permitir la entrada de personas procedentes de lugares contagiosos.
En las afueras del pueblo se crea un lazareto, en la zona denominada “El Punto” y se utilizó un cementerio que pudo estar en otro lugar. Según Alfonso de María el número de defunciones fue de 86. Sin embargo, el libro de defunciones de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Inhiesta señala 86 defunciones en totalidad aquel año, incluidas otras causas.
En un estudio minucioso del Libro de Defunciones parroquial, llevado a cabo por Juan F. Moreno Castro, se llega a las siguientes conclusiones: El número total de fallecidos por fiebre amarilla fueron 10 personas. La primera muerte que registra el libro fue el 11 de octubre y la última el 8 de noviembre. Los meses de mayor mortandad fueron septiembre, octubre y noviembre. La mayor parte de las muertes fueron debidas a otras causas. Sería el mes de septiembre cuando comenzó la epidemia. 9 fallecieron en el mes de octubre y 1 en noviembre. Los 10 fallecidos fueron todos varones, con edades comprendidas entre 12 y 47 años. 9 murieron en el lazareto y fueron enterrados en el Granadillo. El otro fue sepultado en las inmediaciones de la ermita de San Sebastián.
En la epidemia de 1804, según datos de defunciones, la mortalidad fue mayor que la de 1800. Para Alfonso de María la cifra de muertes fue la de 162 fallecidos y según Juan Manuel Aréjula esta cifra fue de 117. El libro de defunciones parroquial señala 162 muertes aquel año, incluido también otros motivos. Por otra parte, para Aréjula la epidemia comenzó el 30 de agosto y las primeras defunciones están registradas en 2 de octubre. Por lo tanto, no concuerdan estas fechas, aunque no se puede descartar del todo.
Se sabe que en epidemias posteriores a la del 1800, y este pudo ser el caso, se utilizó un lazareto fabricado con palos y techumbre de paja o pastos, colocado en el sitio denominado “Las Águilas” y se señala un cementerio a 700 pasos del pueblo, llamado del “Granadillo”. 
Según los datos de Juan F. Moreno, extraidos del Libro Parroquial de defunciones, nos encontramos: El número total de defunciones por fiebre amarilla fue de 118. La primera muerte ocurrió el 2 de octubre y la última el 30 de diciembre. Los meses de mayor mortandad de 1804, en su totalidad, incluidas otras causas, fueron septiembre, octubre, noviembre y diciembre. La mayoría de las muertes, desde el mes de octubre, fueron por fiebre amarilla. De los 118 fallecidos, 71 eran hombres y 47 eran mujeres. Entre los fallecidos había 8 párvulos y 5 niños, de edades comprendidas entre 8 y 15 años.

 Paterna de la Rivera. Diario de Cádiz. Fotografía de Guillén Franco.

MEDINA SIDONIA

En la Janda. En la epidemia de 1801, según Alfonso de María, hubo 136 muertos.


 Medina Sidonia. Muralla. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.


ALGECIRAS

En el Campo de Gibraltar. Entre los meses de agosto de 1803 y enero de 1804, la epidemia de fiebre amarilla había provocado 5.000 muertes en toda la comarca. En 1805, en la Casa de la Misericordia, es editada la obra de Diego Terrero titulada: Discurso sobre el carácter y curación practica de la fiebre amarilla, por iniciativa de su hermano Vicente que era sacerdote y párroco de Nuestra Señora de la Palma y que años más tarde sería diputado en las Cortes de Cádiz. Era conocido, cariñosamente, como el “cura de Algeciras” y se había encargado de pronunciar el sermón en la función religiosa parroquial, en acción de gracias al Señor y María Santísima, tras la terrible epidemia de 1800.
En 1813 apareció un segundo brote y ya con estas desagradables experiencias pasadas, en el año 1859 se piensa en la construcción de un lazareto en Algeciras para cuarentenas, así como un edificio de Sanidad para controlar la entrada de viajeros y mercancías.


 Algeciras. Plaza Alta. C. Spínola et al. La Provincia de Cádiz.





BIBLIOGRAÍA

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BARRAMEDIA. “Virgen del Sudor”. 2 de febrero de 2016, desanlucar.blogspot.com.es
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PÉREZ GARCÍA, L-V. “El Cementerio Católico de El Puerto de Santa María durante el siglo XIX”. Dialnet. Revista Nº 52, dialnet.unirioja.es
PÉREZ GIRÓN, A. “El Campo de Gibraltar en las Cortes de Cádiz”.
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SÁNCHEZ, P. “Villamartín. Cádiz”. Blog. 20 de marzo de 2020.
SPÍNOLA, C et al. La Provincia de Cádiz Pueblo a Pueblo. Junta de Andalucía. Diputación de Cádiz. Entidades colaboradoras. INGRASA. Cádiz, 1995.
TAPIA LEDESMA, M. “Historia de Algeciras”. Europa Sur. 7 de marzo de 2020.





lunes, 1 de junio de 2020

VII. APUNTES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA EN CÁDIZ Y SU PROVINCIA





La fiebre amarilla en la Isla de León-San Fernando

Año 1800

Ante las alarmantes noticias que llegan del vecino Cádiz se reúne una Junta de Sanidad del Departamento, constituida por médicos de marina y facultativos locales cuya reunión tiene lugar el 22 de agosto de este año y se toman una serie de medidas higiénico-sanitarias que se creen imprescindibles, como limpieza de todas las calles, encalado de las viviendas y edificios, retirado de basuras y restos de animales sacrificados, uso de aguas puras y frescas mezcladas con vinagre para el riego. Hacer “candeladas” para enrarecer y perfumar la atmósfera. Para limpieza y aseo de las calles se adquieren 6 carros y 24 palas.
Se establece controles sanitarios militarizados a la entrada de la ciudad; en la carretera que viene de Cádiz, desembocadura de Caño Herrera, Fadricas, Puente Suazo, Arsenal de la Carraca y Caño de Zaporito. Se establecen multas de 50 ducados o diez días de cárcel para los que se salten estos controles. Es necesario abrir por carretera un camino para que la gente que fuera en tránsito a otros lugares no se acerque al pueblo. Se prohibía la venta y consumo de melones, sandias, pepinos, cerdo y tocino.
El pueblo queda dividido por barrios, los cuales son atendidos por caballeros capitulares, quienes  tienen la obligación de controlar el número de enfermos, vigilar la asistencia médica a enfermos pobres, y velar por el traslado de los cadáveres a los depósitos.
En la Junta de Sanidad intervenían los regidores Juan Josef Salomón, Juan Serrano y Carriola, y Juan Diego Gil. Como presidente, Juan Antonio Aldama. Un problema que se  presentó fue la conducción de cadáveres al cementerio y se determinó que se hiciera en las horas del amanecer o del anochecer, y el carromato se dirigiría a la capilla de Nuestra Señora de la Salud. Se decide habilitar dos capillas provisionales en ambos extremos de la villa, el del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y la de Nuestra Señora de la Salud.
Los enfermos comienzan a llegar al Hospital de San José, de la villa, y los vecinos comienzan a donar jergones y colchones de lana. Se improvisa un camposanto frente a la casería del Pedroso, en unos terrenos  que habían pertenecido a los jesuitas. El vicario y administrador del hospital de San José, que es Francisco Castañedo, manifiesta que no tiene disponibilidad para el depósito de cadáveres ya que el corralón del centro ofrece dificultades. Hubo contagio del barrio colindante. En septiembre aumenta el número de fallecimientos y el día 15 de este mes se declara a San José, Patrono de la Villa.
Se habilita casas-hospitales entre las caserías y se toma como enfermería provisional el Hospicio de Nuestro Padre San Francisco. La Armada pone en disposición el Hospital de las Anclas. Debido a las hostilidades con Inglaterra, ante el peligro de un ataque por parte de la escuadra británica, se habían concentrado en la villa 6.000 soldados de infantería y 1.000 de caballería.
El Hospital de San José de la Villa había surgido gracias al afán de caridad del obispo de Cádiz fray Thomás del Valle, muy vinculado a la Isla de León. Comenzó a funcionar en 1768, con un solo piso que albergaba 80 camas para hombres y 24 para mujeres, y un servicio de urgencias instalado en el pórtico. Al principio era solo hospital de caridad pero con el transcurso del tiempo tiene que amoldarse a las exigencias de la población, llegando a realizar acuerdos con la beneficencia municipal, así como con la marina y el ejército.
En este año de 1800, el Hospital disponía de cuatro salas o enfermarías, tres para hombres; San José, San Rafael y San Dimas. Una sala para mujeres; Nuestra Señora de los Dolores o Dolores. La plantilla del Hospital de San José estaba compuesta por un médico-cirujano, un practicante mayor, un segundo cirujano revalidado, un boticario, un ayudante de boticario, un enfermero mayor, un enfermero comprador, un “demandante”, tres mozos enfermeros, y un velador. Los auxilios religiosos eran atendidos por dos capellanes, auxiliados por un sacristán. Había un administrador. Para asistencia a las mujeres estaba la “Madre” o enfermera-mayor, ayudada por dos enfermeras más. El servicio doméstico estaba constituido por una cocinera, una despensera, una ayudante de cocina, una lavandera y una ayudante de lavandería. 1
En el Hospital fallece, victima de la enfermedad, el boticario Lucas Carrasco. Trabajan en el centro los facultativos: Juan Garavito, Manuel Vilches y Mateo Boto, junto al médico militar Gaspar Pons, del Regimiento de las Órdenes Militares. Se suman dos médicos de la Armada, los primeros cirujanos Francisco José Fernández y José Rivero, el cual se contagió pero sobrevivió.
Faltan camas y la Marina habilita el Hospital Provisional y Real de Infantes, con 200 camas destinadas a la tropa. Este centro es atendido por dos cirujanos de la Armada y uno particular, ayudados por un practicante mayor y dos menores.
La cifra que se dio sobre la mortalidad fue  de 4.000 muertos. Francisco Xavier Riedmayer pintó un cuadro alegórico a este fatal episodio que se conserva en el Museo Histórico Municipal de San Fernando. Sin embargo, Alfonso de María da una cifra de 5.033 muertes y en el Arsenal de la Carraca se considera que hubo 515 muertos, con los que la cifra ascendería a 5.548, el número de fallecidos. Los meses de septiembre y octubre constituyeron los picos más altos de la epidemia y ya en noviembre se observó una disminución de ingresos en el Hospital de San José. A pesar de ello, en el mes de diciembre todavía había enfermos ingresados. En el mes de octubre, en la Iglesia Mayor Parroquial de San Pedro y San Pablo y de los Desagravios, se llevó a cabo una función religiosa para realizar  la encomendación  de esta   villa al patriarca San José, como estaba previsto hacerlo, actuando como notario eclesiástico Pedro Alcántara Gavín.
Hay constancia que durante los meses de agosto y septiembre se utilizó para los tratamientos un gran número de “sanguijuelas” para hacer sangrías. También fueron utilizados vomitivos y purgantes, antimoniales, lavativas de agua salada, vinagre, aceite, tinturas de quina y opio, bebidas aciduladas, vejigatorios  y los sinapismos.
Durante el tiempo que duró la epidemia, la institución suministró comidas; los “pucheros”, y medicinas, para los enfermos ambulatorios. Por su parte, el Ayuntamiento en cabildos sucesivos lleva a cabo diligencias para socorro de enfermos pobres y convalecientes, al tiempo de que hace informes de méritos contraídos por médicos, regidores y religiosos, durante la epidemia.
Tuvieron buena fortuna en el transcurso de la enfermedad los regimientos de Guardias y de María Luisa, acampados muy cerca de la Isla, los cuales tuvieron pocos contagiados. Sin embargo, los regimientos de Milicia, venidos de Sevilla y pueblos de la costa, a pesar de estar acampados fuera de la población, sufrieron mucho el mal.


Hospital de San José. Dibujo de portada de Juan Antonio Lobato. 
J.M. García-Cubillana. El Hospital de San José de la Isla de León.

Año 1804

Cuando hay noticias del brote de la terrible enfermedad en Málaga, se constituye en la Villa una Junta de Vigilancia Sanitaria. Se decide establecer un bloqueo marítimo con el fin de impedir que por el caño de Sancti Petri lleguen embarcaciones procedentes de Almería y Algeciras. Se habilitan nuevos lazaretos en las caserías de “Albelda” y de “Cetina” para casos sospechosos. Además, se utiliza el de la Casería de Infantes para la cuarentena de tropas procedentes de zonas infectadas. El capitán general de la provincia, Marqués de la Solana, había impuesto la observación de la cuarentena y el Ayuntamiento envió a inspeccionar los establecimientos a su facultativo Mateo Boto.
En el mes de septiembre comienzan a ingresar en el Hospital de San José soldados con sospecha de la enfermedad, pertenecientes a los regimientos de Texas, Murcia, Jaén, Órdenes Militares, y Batallones de Marina. Dan conocimiento de ello los médicos Juan Garavito y Manuel Rivero. En el mes de octubre aparecen casos sospechosos en algunos domicilios particulares de la calle del Auditor de Marina del Departamento y en una casa de la calle Dolores, habitada por un oficial de los tercios, y la información la da el Dr. Juan Garavito
La Armada se ve en la necesidad de improvisar un nuevo hospital-lazareto y será el Real Hospital Provisional del Puente Suazo, el cual permanece en funcionamiento hasta el mes de febrero de 1805. García-Cubillana piensa que pudo estar situado en un almacén de la Puerta del Mar del Real Carenero.
Hay que fumigar todos los géneros procedentes de Cádiz y en el cordón sanitario se emplean tropas de Marina. En enero de 1805 comienza a suavizarse la incomunicación pero hay algún caso de contagio. En la calle del Rosario, en la casa habitada por el ayudante mayor de los tercios de Texas, fallecen infectados por el mal cuatro o cinco individuos. Se tomó la medida de “purificar y desinfeccionar”. El 10 de octubre, el Marqués de la Solana declaró terminada la epidemia y se celebró un Te Deum en  la Iglesia Mayor Parroquial.
Hubo muchos fallecimientos entre los soldados de los tercios de Texas y Nápoles, artilleros de marina, marineros y soldados de batallones de marina. Además, operarios del arsenal de la Carraca y de la población militar de San Carlos.
La escuadra inglesa, vigilante, permitía tener abierto el paso de barcos con transporte de víveres para el suministro, no así para el paso de tropas. Las panaderías de Zimbrelo y Conejero, junto a otras, elaboraron el “pan del soldado”, con la colaboración de mujeres de la población. Muchos hombres iban por leña para cocinar. Aparecieron las “cantinas volantes” para suministrar vinos y licores. Los vecinos entregaron colchones de lana y jergones para los hospitales. 




                         Edificio primitivo del Ayuntamiento de la Isla de León- San Fernando. Ayuntamiento.

Año 1810

Hay un gran movimiento de tropas con la llegada del ejército del duque de Alburquerque, a las que se le suma el ejército anglo-portugués. El 24 de septiembre, se celebra el acto inaugural de las Cortes en la Iglesia Mayor Parroquial, con el juramento, para continuar en procesión al teatro que hoy en día lleva su nombre.
Algunos facultativos pensaron que esta epidemia era de tifus exantemático cuando aparecen noticias alarmantes desde Cádiz a comienzos del verano de este año. En el mes de septiembre comienzan a ingresar enfermos en el Hospital de San José, muchos de ellos soldados. Entra en vigor el “Reglamento General en defensa de la salud pública”, que se había redactado el 7 de abril, interviniendo en su elaboración los doctores Juan Manuel Aréjula, Bartolomé Mellado y Antonio Frauserí, en Cádiz. En la Isla manda cumplimentarlo Diego de Alvear, capitán de navío de la Armada, que ejerce el cargo provisional de gobernador militar de la villa. La Junta de Sanidad local se preocupó de dictar mediante bandos, normas de salud pública con especial interés  para hospitales, lazaretos, cuarteles, y cárceles. Bajo el epígrafe de “Reglas de Policía”.
El día 21 de octubre, los médicos Garavito y Vilches, denuncian que en la calle San Juan de Dios nº 34, se ha observado un enfermo con los mismos síntomas de la epidemia de 1800. Al mismo tiempo, Mateo Boto declara la sospecha clínica en un mozo del café frente a la Iglesia.
La Villa cuenta en esta ocasión con un nuevo centro hospitalario, se trata del Hospital Militar de San Carlos que había abierto sus puertas en el mes de febrero del año anterior, dirigido por Antonio Alfaro, ayudante de embarco del Cuerpo de Profesores Médicos de la Armada. Bajo su mando había médicos-cirujanos de la Armada, médicos y cirujanos del Ejército, médicos particulares y dos médicos militares franceses prisioneros con varios practicantes militares de la misma nacionalidad.   
 Una cuarta parte de los pacientes ingresados entre este mes y el de diciembre, fallecieron. Falleció el diputado por Barcelona, Ramón Sanz y Sánchez de Baturel, el día 7 de noviembre. La población, desde 1809 contaba con dos cementerios que cumplían con las condiciones exigidas. El de Casa Alta, en funcionamiento desde 1804, y el de San Carlos, en la población militar, también conocido por el cementerio de los franceses y de los soldados, porque inicialmente se había destinado a inhumaciones de prisioneros franceses y después se enterraron en el, los fallecidos en el hospital militar; soldados, marineros, y trabajadores del Arsenal, así como del propio centro. Había otro camposanto que podría ser utilizado en caso de necesidad, el del Pedroso, clausurado en 1803 por no reunir las condiciones adecuadas ya que sufría inundaciones con las lluvias. El Arsenal contaba con el Camposanto del Real Hospital de la Carraca.




 Primitivo Hospital de San Carlos. Edificio de la izquierda. Academia de San Romualdo. 
Fotografía de Isidoro López Ruiz en 1955. Archivo de Ángel López González.


AÑO 1819

El día 9 de julio de este año aparecen noticias de una nueva epidemia de fiebre amarilla y se reúne la Junta de Sanidad Local, presidida por el alcalde de la ciudad, Ignacio Yáñez Ribadeneira, acompañado de los médicos titulares de Sanidad y del Hospital de San José: Juan Garavito, Manuel Vilches y Mateo Boto. Se trata de adoptar las medidas sanitarias correspondientes a la situación que puede presentarse. Aparecen los primeros casos y es convocada una nueva Junta, ampliada con médicos militares; Juan Ignacio Cerdá, destinado en artillería de Marina, Luis Cortés del depósito de infantería de ultramar, Pedro Pasos del batallón de infantería de Marina, Ramón Martínez que es médico-cirujano del Hospital militar de San Carlos y civil de San José, y Juan Raud de la Real Armada.2
En los primeros días de agosto se traslada a San Fernando una comisión de la Suprema Junta de Sanidad, con el fin de reconocer el barrio del Cristo, debido a que había noticias de que en el lugar había aguas cenagosas y estancadas, donde se lavaba la gente pobre. La comisión informó de que en los hospitales de San Carlos y San José existían varios enfermos afectados de “tifus icteroides” que era como se le conocía a la fiebre amarilla. Se ordena a continuación la incomunicación de la ciudad.
Son bloqueadas las entradas del Puente Suazo, Caño Herrera, Canteras, Casería de Osio, Paso de la Barca y Caño de Zaporito. Se realiza un bloqueo de la ciudad pero tres días después esta medida se suaviza y se permite el abastecimiento de carne, mediante la entrada de ganado, al Hospital de San Carlos y al mercado. Se autoriza a los molinos de marea de Caño Herrera, Zaporito y San José, llevar a cabo la molienda del trigo.
El Real Colegio de Cirugía de Cádiz destina a la ciudad al profesor Rafael Luis Ameller y al primer médico José María Sierra. Más tarde aparece Miguel Cabanellas, inspector nacional de epidemias y experto en fumigaciones con el gas ácido-muriático, pero que por alguna razón no fue empleado.
En el Hospital de San José se lleva a cabo la limpieza de salas, encalado de paredes, renovación del lienzo de los colchones y lavado de la lana, entre otras medidas. Se crearon hospitales de convalecientes en el cuartel de San Carlos y en el Puente de Suazo, llamado de San Caralampio.
La Junta Superior de Sanidad Provincial llevará a cabo una ampliación del cordón sanitario, estableciendo una primera línea o cordón sucio, una segunda o cordón limpio, y una tercera o de observación. Pero este cordón estrangula la economía y la vida en la población. Aparece una nueva epidemia, la del hambre. Cuando a primeros de octubre la epidemia decrece, se permite el paso de ganado y alimentos. El día 3 de noviembre se declara el final del contagio.

La fiebre amarilla en el Arsenal de la Carraca.

El Arsenal de la Carraca, situado en la bahía gaditana, en lugar profundo y abrigado, y defendido militarmente con  buenas fortificaciones, cumplía con las debidas condiciones que se les pedía a los arsenales de la época. En su interior se alojaba una nutrida población compuesta por personal militar y civil, relacionado con los trabajos propios. Se habían construido una iglesia y un hospital. Contaba con la prisión de Cuatro Torres y un cementerio.

AÑO 1800

Se cree que el contagio llegó a través de una fragata que había arribado al arsenal para ser desarmada  y en la cual habían perecido varios hombres, siendo evacuados algunos enfermos a su hospital. El 18 de agosto muere el primer contagiado y hasta final de mes mueren otras ocho personas. En los primeros días de septiembre fallecen 32 enfermos. Entre los presos del penal de Cuatro Torres  hubo 154 muertes.
Entre los fallecidos hubo miembros de numerosas familias que vivían en el astillero, con párvulos de pocos meses de edad, así como operarios civiles, tejedores de lona, carpinteros “de ribera” y otros. Religiosos franciscanos descalzos y capellanes de Marina. Militares del Ejército y de la Armada. Boticarios y practicantes.
La enfermedad comenzó a declinar a finales de noviembre. En el hospital de la Carraca se registró 540 defunciones, según datos de la parroquia, recogidos por García-Cubillana. A pesar de que Alfonso de María declarara que fueron 515 los fallecimientos.



 Primitiva entrada al Arsenal de la Carraca. J.Quinano. San Fernando, p. 302.

AÑO 1804

El Ayuntamiento de la Isla de León había instalado sus lazaretos y no se utilizó el hospital de la Carraca.

AÑO 1810

El hospital y el penal de Cuatro Torres fueron evacuados ante el riesgo de bombardeo de las baterías francesas, apostados en Puerto Real. No hay datos de afectados por la enfermedad.

AÑO 1819

El hospital de la Carraca estaba conceptuado como un hospital provisional “de sangre” o de primeros auxilios pero la Armada se ve en la necesidad de utilizar este centro como hospital de plaza. En la segunda quincena del mes de agosto fallecen 14 pacientes en el arsenal y entre esta y segunda semana de noviembre fallecen 417. 3
Entre la población residente en el arsenal se encuentra el regimiento de infantería ligera Valencey, el cual tuvo 101 fallecidos. También entre los fallecidos hubo marineros, grumetes, rondines, artilleros de mar, presidiarios, aserradores, peones, carpinteros “de ribera”, escribientes, maestros sangradores, enfermeros, capellanes, etc.  
  1). García- Cubillana, pp. 192-193.
  2). Clavijo, p.548.
  3). García-Cubillana, epidemia de 1819.




 Arsenal de la Carraca. Puerta del Mar. Academia de San Romualdo.
Fotografía de Isidoro López Ruiz en 1945. Archivo de Ángel López González.


BIBLIOGRAFÍA

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Arsenal de la Carraca. Puerta de Tierra. Lámina del antiguo Departamento Marítimo de Cádiz.

Arsenal de la Carraca. Fachada y puerta de entrada de la Enfermeria en la actualidad. Autor