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jueves, 18 de diciembre de 2014

La Sanidad en guerras, catástrofes y epidemias

La Sanidad en guerras, catástrofes y epidemias

El Cuerpo de Sanidad Militar de Saladino
El sultán Saladino, vencedor de los cruzados, y después de su entrada triunfal en Jerusalén, nos va a mostrar la cara más humana, si así cabe, de aquellas trágicas guerras, con multitud de muertos y mutilados. Y es que el célebre sultán y guerrero; ha organizado un autentico servicio de sanidad militar, compuesto por médicos, cirujanos y soldados camilleros. Su misión primaria sería; recorrer los campos de batalla, con el objeto de atender al personal herido y sobre todo a aquel que precisara una cura de urgencia. El sultán, tiene ordenado: no solo curar al guerrero propio, sino también al enemigo. Fuera del combate, el servicio de sanidad, se ocupará, entre otras misiones, de atención a sus pacientes, de vigilar y atender a los prisioneros, a los que se les permitirá la práctica de su religión. También distribuirán víveres, protegerán las peregrinaciones de los cristianos a los lugares sagrados, atendiendo a enfermos y heridos. En caso de guerra; atenderá a la evacuación de ancianos, mujeres y niños, hacía los puertos mediterráneos. Se dio el caso de que los médicos del ejército enemigo, de Ricardo Corazón de León, pudieron visitar a sus guerreros enfermos y heridos, hechos prisioneros. Es la primera señal de la neutralidad de la medicina en las contiendas. Va a nacer con este caballero del Islam, la media luna roja que unida a la cruz de Malta, de la Orden de San Juan de Jerusalén, tanto alivio proporcionaron en el  marco horrendo de los ensangrentados combates.

BIBLIOGRAFÍA

MASOLIVER, J.R. GARCÍA, M. El diario de la Medicina. Luis de Caralt, 1963. Impreso en España


sábado, 13 de diciembre de 2014

Capellanes de la Armada española en Trafalgar


Capellanes de la Armada española en Trafalgar

La presencia de sacerdotes en los buques de guerra de nuestra armada viene desde muy antiguo. Así conocemos a los franciscanos: Juan Pérez y Antonio Marchena, quienes acompañaron a Cristóbal Colón en su viaje a las Indias. El benedictino Bernardo Boíl, ex capitán de galeras, llegó a ser Vicario Apostólico de América. No nos olvidemos del insigne defensor de los indios: Fray Bartolomé de las Casas. En tiempos de Felipe II, se lleva a cabo la organización de la asistencia religiosa en las galeras. Aunque no se va a celebrar Misa a bordo de los buques hasta mediados del siglo XVII, el capellán de la Armada se va a encargar de la asistencia religiosa, y se preocupará de inculcar en las dotaciones de los buques una serie de ideales, como: defender la fe católica, arrancando de raíz cualquier pensamiento hereje. Además, será mediador y apaciguador, convirtiéndose en un auténtico líder, inculcando a los marineros y soldados; valor, coraje y heroicidad en el combate justo, en defensa de Dios y España. En el año 1571, se crea la Liga Santa, y con este motivo el Papa Pio V; dará una serie de normas a las dotaciones de los buques aliados: No se jurará, se limitará el juego, y se rezará, alternando todo ello con las prácticas navales y militares. Establecerá un programa de actividades,  el cual incluirá las oraciones a determinadas horas de la mañana. En cada galera habrá un capellán sacerdote, confesor y predicador, mientras que en la galera del capitán general de la flota; habrá un capellán superior que tendrá funciones de superintendente y visitará a los demás capellanes. Además; los capellanes se harán cargo del Hospital Real. En vista que los enfermos y heridos, de los buques, estaban en muy malas condiciones, y no precisamente por falta de medios, sino por mala organización sanitaria, el Papa entrega una galera desarmada para que se instalen en ella camas para unos 400 enfermos, los cuales han de permanecer en cubierta y no en bodegas, con el fin de evitar el contagio. Se proveerá de medicinas y víveres. Van a formar parte de la dotación ocho o diez religiosos capuchinos, más algunos laicos voluntarios. Habrá un médico y un cirujano, diez marineros y diez remeros voluntarios. Pronto va a aparecer un juez especial con la categoría de vicario. Jerónimo Manrique, será juez ordinario eclesiástico, inquisidor de la Armada, y administrador del Hospital Real. Se nombraran capellanes militares a expensas de capuchinos, franciscanos y jesuitas. Participará también la Orden Hospitalaria. El servicio eclesiástico de la Armada, no se va a organizar formalmente hasta finales del siglo XVIII. Durante mucho tiempo, las instrucciones de este servicio dependían de los capitanes generales de los departamentos. En 1762 se crea la figura del Vicario castrense de los Ejércitos de mar y tierra, cuyo cargo va a recaer en el Patriarca de las Indias. Más tarde, en las Ordenanzas de la Armada de 1793, se dictaminarán las funciones y obligaciones de los capellanes. 
En tiempos de Trafalgar; en la preparación para el combate, si el comandante del buque o general embarcado, consideraba adecuado, reunía a la dotación en el alcázar y en las proximidades de este, con el fin de hacerles una exhortación militar. Después de que el personal se retirara a sus puestos, estos eran recorridos por el capellán, acompañado por el oficial ayudante del comandante. El personal, recogido en el mayor silencio y respeto, recibía del capellán la Absolución. El oficial jefe del puesto recordaba la pena de muerte a todo aquel que lo abandonara, se portase con cobardía o no obedeciera una orden superior. Después, el capellán se retiraba a la enfermería de combate, manteniéndose todo el tiempo con los Sagrados Oleos.
Gracias a la  documentación conservada en el Archivo General de Marina, recogida por González-Aller, podemos conocer quiénes fueron los capellanes de la Armada que participaron en el combate del 21 de octubre de 1805, frente al cabo Trafalgar. Dicha documentación está basada en los informes reservados que dirigen cada uno de los comandantes de los navíos al Mayor General de la escuadra: Antonio Escaño. En dichos informes apreciaremos que se indica la clase de capellán; si es de número o provisional. Junto a ello; el departamento a que pertenece, navío donde estaba embarcado, antigüedad en el servicio, conducta en la acción y conducta anterior. Habrá un matiz, reflejado por los informantes: la graduación de la conducta ha sido sacada de los informes reservados de los tenientes vicarios del Departamento a que pertenece cada uno. De esta forma, tenemos:
Fray José Cumbo. Del número de Cádiz. Navío Santísima Trinidad. 6 años de antigüedad en el servicio. Conducta en la acción con esmero. Conducta anterior: Sospechosa y amonestado.
Francisco Durán. Provisional. Navío Santísima Trinidad.3 años de antigüedad. Conducta con mayor esmero y anterior sin nota.
José Fernández de la Cal. Del número de Cádiz. Navío Santa Ana. 13 años de antigüedad. Conducta regular y anterior buena.
Vicente Agüero. Provisional de Cádiz. Navío Santa Ana. Moderno en su antigüedad. La conducta fue con esmero y exactitud, y la anterior sin nota.
Pablo Gomila. Del número de Cartagena. Navío Príncipe de Asturias. 12 años de antigüedad. Conducta con el mayor celo y la anterior mediana.
Francisco Díaz. Provisional de Ferrol. Navío Príncipe de Asturias. Moderno en su antigüedad. Conducta con el mayor celo. La anterior sin nota.
José Antonio López. Del número de Cartagena. Navío Rayo. 13 años de antigüedad. Conducta con especial celo. La conducta anterior fue muy buena.
Bartolomé Cerdá. Del número de Cádiz. Navío Rayo. 13 años de antigüedad. Conducta con especial celo y la anterior muy buena.
Francisco Fernández Durán. Provisional de Ferrol. Navío Neptuno. 3 años de antigüedad. Conducta con particular celo y la anterior muy buena.
Jacinto Roel. Provisional de Ferrol. Navío Neptuno. 3 años de antigüedad. Conducta con particular celo y la anterior muy buena.
José de Cao y Núñez. Del número de Ferrol. Navío Argonauta. Antigüedad: Considerando los servicios prestados por mar y tierra; es de 12 años. La conducta fue muy a satisfacción de sus jefes. La conducta anterior fue de sobresaliente.
Manuel de la Puerta. Del número de Cartagena. Navío Argonauta. Antigüedad de 4 años. La conducta fue muy a satisfacción de sus jefes, y la anterior calificada de sobresaliente.
José María Rubio. Del número de Ferrol. Navío Monarca. Antigüedad de 16 años. La conducta en la acción fue exacta. La anterior fue buena.
José Gabín. Provisional de Ferrol. Navío Monarca. Antigüedad de 3 años. Conducta exacta y la anterior buena.
Alonso Infante. Del número de Cádiz. Navío San Agustín. 20 años de antigüedad. Conducta bastante celosa y la anterior arreglada.
Bartolomé Seoane. Provisional de Ferrol. Navío San Agustín. 3 años de antigüedad. Conducta bastante celosa y la anterior arreglada.
Antonio Alabedra. Provisional. Navío Montañés. Moderno en su antigüedad. Conducta muy exacta y la anterior arreglada.
Lorenzo Salas. Del número de Cartagena. Navío Montañés. 13 años de antigüedad. Conducta muy exacta y la anterior arreglada.
Ramón Rodríguez de Lema. Del número de Cádiz. Navío San Justo. 13 años en su antigüedad. Conducta con mucha puntualidad y celo. La anterior buena.
Jacobo Maggi. Provisional de Cádiz. Navío San Justo. Moderno en su antigüedad. Conducta con mucha puntualidad y celo. La anterior sin nota.
Ángel Toca. Provisional de Ferrol. Navío Bahama. 8 años de antigüedad. Conducta con singular caridad y celo. Conducta anterior buena.
Tomás Flaquer. Provisional de Cartagena. Navío Bahama. Moderno en su antigüedad. Conducta con singular caridad y celo. Conducta anterior sin nota.
Alfonso Víbigo. Provisional de Ferrol. Navío San Ildefonso. 5 años de antigüedad. Conducta con mucho celo. Conducta anterior muy  buena.
Manuel Fernández Blanco. Provisional de Ferrol. Navío San Ildefonso. 3 años de antigüedad. Conducta con mucho celo. Conducta anterior muy buena.
Miguel Febrer. Del número de Cádiz. Navío San Francisco de Asís. 7 años de antigüedad. Conducta fervorosa. Conducta anterior buena.
Rodrigo Fernández. Provisional de Ferrol. Navío San Francisco de Asís. 3 años de antigüedad. Conducta fervorosa. Conducta anterior sin nota.
José Raíces. Del número de Ferrol. Navío San Leandro. 14 años de antigüedad. Conducta con singular celo. Conducta anterior buena.
Fray Juan de la Rosa. De San Francisco. Provisional de Cádiz. Navío San Leandro. Moderno en su antigüedad. Conducta con singular celo.  Conducta anterior si nota.
Fray Salvador Daroca. De San Francisco. Provisional de Cádiz. Navío San Juan Nepomuceno. Único en el buque. Moderno en su antigüedad. Conducta con mucha puntualidad y caridad. Conducta anterior sin nota.
El Teniente Vicario de Cádiz: advierte que solo los capellanes de los navíos Santa Ana, el Príncipe, San Justo y San Leandro; han salvado sus equipajes. Se otorgará una serie de beneficios a los capellanes de la Escuadra de Federico Gravina que estuvieron en el combate de Trafalgar. Los capellanes del número y provisionales con 12 años de servicio: Serán destinados en canonjías de iglesias catedrales. Los capellanes del número con cinco años de servicio continuaran en este. El capellán José Cao Núñez, por haber sido lesionado, se le concederá la canonjía de Charcas o Buenos Aires. Francisco Fernández Durán, capellán provisional, por inutilidad para el servicio pasa a un destino de descanso. Algunos otros beneficios más, con préstamos de ducados para la continuidad en el servicio.
Los capellanes embarcados en la Escuadra de Gravina, ejercieron su ministerio; antes, durante y después del combate naval del 21 de octubre. Atendieron a heridos, moribundos y náufragos, tanto en el navío propio como en el enemigo cuando se vieron obligados a trasbordar. Otros muchos sacerdotes de la Armada y diocesanos, junto a frailes de las distintas ordenes religiosas de Cádiz; participarán activamente en el auxilio de las víctimas, tanto españolas como francesas.

Combate de Trafalgar. Rafael Monleón. Museo Naval de Madrid



BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA HERNÁN, E. “Capellanes Militares en el Mediterráneo del siglo XVI”. Historia. Año XXV. Nº 132, pp. 3-21.
GONZÁLEZ-ALLER HIERRO, J. I. La campaña de Trafalgar (1804-1805). Corpus Documental. Ministerio de Defensa. Madrid, 2004. Biblioteca Naval de San Fernando (Cádiz)
ROCA NÚÑEZ, J.B. Los otros de Trafalgar. Médicos y cirujanos, Boticarios, Sangradores, Enfermeros, Socorristas, Victimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores. Sevilla, 2011
VIGÓN SÁNCHEZ, A.M. Guía del Archivo Museo D. Álvaro de Bazán. Viso del Marques, 1985. Instituto de Historia y Cultura Naval







jueves, 4 de diciembre de 2014

La Sanidad Naval en los naufragios

Naufragio de la fragata Magdalena y del bergantín Palomo. Ría de Viveiro. 2 de noviembre de 1810
En la madrugada del día 2 de noviembre del año 1810, la fragata Santa María Magdalena y el bergantín Palomo, junto a varias unidades de la Armada española y de la Royal Navy, se encontraban fondeados en la ría de Vivero, en plena Guerra de la Independencia. Sorprendidos por un fuerte temporal, se produce el trágico naufragio de nuestra fragata y nuestro bergantín, dejando un elevado número de víctimas y constituyendo una de las mayores tragedias de nuestra Armada, que aún en nuestros días es recordada.
La fragata Santa María Magdalena había sido construida en los Reales Astilleros del Esteiro, en Ferrol, según el sistema francés Gautier. Botada el 7 de julio de 1773, portaba 34 cañones y su dotación era de 480 hombres. Es probable que el nombre fuera debido al barrio de la Magdalena, próximo a los astilleros. El bergantín Palomo había sido construido también en el Esteiro, botado en 1793, con 18 cañones.
Vivero, desde 1982 Viveiro, pertenece a la provincia de Lugo y hoy es capital de la comarca de La Mariña. Una de sus playas es la de Covas, en cuya parte occidental se encuentra unas rocas salientes llamadas Os Castelos. En este extremo occidental, aparece el acantilado de Sacido que deja una playa de unos 282 m. de longitud.
Es el año 1810 y el mando conjunto, hispano-inglés, decide llevar a cabo una expedición militar conjunta con el objeto de operar en Cantabria, fuertemente ocupada por el ejército napoleónico. La expedición estará al mando del mariscal de campo Mariano Renovales Rebollar, natural de Las Encartaciones, en Vizcaya. Había tenido un comportamiento heroico en el sitio de Zaragoza y había dirigido guerrillas en el valle navarro del Roncal. La expedición tenía tres objetivos:
Ocupar y fortificar Santoña.
Destruir las fábricas de armas de Orbaizeta y Eiqui, para dar un duro golpe a la logística francesa.
Bloquear el Camino Real de Irún, cortando las comunicaciones e impidiendo la llegada de refuerzos al enemigo.
Las fuerzas de desembarco disponen de 2000 hombres del ejército, reforzados por tres batallones de infantería de marina y una brigada de artillería de marina. Pudieron ser un total de 3000 hombres. A estos se le unirán 800 hombres británicos de una compañía de desembarco de la Royal Marines, al mando del capitán de este cuerpo, Walker.
La flotilla estará compuesta por las siguientes unidades:
Por parte de España.
Fragata Magdalena. Buque insignia del Jefe de la Escuadra: Capitán de Navío Joaquín Zaráuz Di,  y cuyo comandante es el de su mismo empleo: Blas de Salcedo y Salcedo, natural Fuentenovilla, en Guadalajara.
Bergantín Palomo. Goleta con patente de corzo, Insurgente Roncalesca. Goleta Liniers. Los cañoneros: Corzo, Estrago, Gorrión y Sorpresa. 15 buques de transporte, entre los que podrían estar, según algunas fuentes; el Buen Amigo y el San Juan Bautista
Por parte de Gran Bretaña.
Fragata Arethusa. Buque insignia del comodoro Robert Meds. Las fragatas: Narcissus, Amazone y Medusa. Bergantín Ciudad de Mahón.
El día 14 de octubre parte del puerto de La Coruña el grueso de la expedición, con el objeto de operar en el golfo de Vizcaya. El día 16, en Rivadeo, se incorporan la goleta Liniers, junto a los cañoneros y quince transportes. Según algunas fuentes, habrían salido del puerto coruñés, 20 transportes, por lo que el número de estas embarcaciones ascenderían a 35, aunque es dudoso. El día 18 fondean en la concha de Gijón y al día siguiente desembarca toda la tropa destinada a esta operación, la cual ayudada por las divisiones del cuerpo franco asturiano de Juan Díaz Porlier y del 6º ejército de Federico Castañón, que operan en la zona; atacan la plaza y los franceses se ven obligados a retirarse a Oviedo. Al haber noticias de que se ha puesto en marcha un potente ejército francés, las tropas reembarcan y la expedición se dirige a Santoña, en cuya concha fondea el día 23. El día 26 aparece un fuerte viento del NO que provoca el naufragio de los cañoneros; Corzo, Gorrión y Sorpresa, cuyas tripulaciones son puestas a salvo y recogidas por el resto de los buques. El cañonero Estrago tiene una vía de agua y se acerca a la costa de vascongadas, pero es destrozado y sus hombres, una vez en tierra firme, consiguen burlar la vigilancia del enemigo y toman el camino de las montañas. A través de Santander, León y Burgos, consiguen llegar a Ferrol, un mes más tarde. El día 29, parte de la flota combinada, con viento del N E, llega a Vivero. La fragata Magdalena y el bergantín Palomo, habían perdido dos de sus anclas mayores. Ahora están fondeados en la ría, junto a los buques británicos. Después se unirán los transportes. El día 2 de noviembre aparece un Norte fresco. La mar está rizada y pronto arbolada, hasta desencadenarse, en poco tiempo, un fuerte temporal que pone en peligro la seguridad de las embarcaciones. A las 2 de la madrugada, a la Magdalena le fallan los cables, lo que lleva a abordar a la fragata inglesa Narcissus. Los ingleses picando los palos y jarcias, consiguiendo zafarse, mientras que la Magdalena es arrastrada a la playa de Covas, donde quedará encallada. Solo 8 tripulantes pudieron ser rescatados con vida, de los que fallecieron posteriormente 5. El Palomo consigue picar los palos pero es arrastrado hacia la playa de Sacido. En graves momentos de desesperación se intenta construir jangadas pero estas se deshacen por la acción de las poderosas olas. Llega el momento de que comienza a entrar agua por el costado de babor y la tripulación se ve obligada a desplazarse a estribor. Dos marineros intentan llegar a tierra con un andarivel, con el que después evacuarían al resto, pero perecen en este heroico intento. El buque, unas horas más tarde, termina destrozado, desapareciendo con él, gran parte de los tripulantes. No obstante, se salvaron 25 hombres, entre ellos su comandante; Teniente de fragata Diego Quevedo. Las playas de Covas y Sacido, empiezan a recibir cadáveres, devueltos por la mar, y hay que darles cristiana sepultura. El cementerio de la localidad es pequeño y es necesario cavar fosas al borde de la playa. Intervienen en todas las operaciones: personal de la comandancia de marina de Vivero, pescadores locales y soldados del ejército expedicionario del general Renovales. A ellos se les unirán particulares de la villa. Se organiza una junta de sacerdotes, probablemente a expensas del clero local y de las parroquias vecinas, y con el fin de llevar la asistencia espiritual a los náufragos y dar sepultura a los muertos. Se hace llegar: víveres, medicinas, camas y mantas. Así como se va a improvisar un hospital de campaña.
Se calcula que en la fragata Magdalena de 508 tripulantes; fallecieron 500 y se salvaron 8. Después fallecieron 5 y solo 3 sobrevivieron. En el bergantín Palomo; de 75 tripulantes, fallecieron 50 y sobrevivieron 25. En la fragata, perdieron la vida:
Jefe de la escuadra: Capitán de Navío Joaquín Zaráuz
Comandante del barco: Capitán de Navío Blas de Salcedo
3 tenientes de navío
1 teniente de fragata, comandante del cañonero Corzo
4 alféreces de navío
1 guardiamarina
1 capitán de bombarda, comandante de la brigada de artillería
1 teniente de brulote, comandante del cañonero Sorpresa
2 tenientes de brulote
2 pilotos
Contador (oficial de intendencia)
Médico-Cirujano
Capellán
Se da el caso de que el guardiamarina, es el segundo hijo del Capitán de Navío Salcedo, llamado: Blas de Salcedo Reguera, nacido en 1796.
Por parte del bergantín, perecieron:
1 teniente de fragata
1 alférez de navío
1 primer piloto
2 terceros pilotos
Médico-Cirujano
El resto de los fallecidos, tanto de la fragata como del bergantín, estaría formado por: contramaestres, condestables, puede que fuera embarcado algún sangrador, carpinteros, calafates, artilleros, marineros y soldados de batallones de marina.
El médico-cirujano de la fragata Magdalena, es: Manuel Giménez, y el del bergantín Palomo: Juan Romero. No sabemos el empleo de dichos médicos ni tenemos por el momento alguna referencia en cuanto a su historial militar y profesional. No obstante, sabemos que en dicha fragata, el día 12 de agosto de 1805, fondeada frente a Santander, su segundo médico-cirujano es Pablo Barredo, el cual procedía del Departamento Marítimo de Cádiz. Lo cual nos hace pensar que ambos buques deberían llevar un segundo médico, bien provisional o de número. Aunque dada la circunstancia de la guerra, podría ser un segundo médico-cirujano particular. Durante el zafarrancho de combate, el facultativo permanecía en la enfermería de combate, situada en un sollado, bajo la cubierta de artillería. En esta debieron permanecer, nuestros médicos, acompañados por sus ayudantes, durante el episodio del temporal y probablemente abandonarían el puesto cuando se dio la orden de abandono de buque.
Ni que decir tiene que la tragedia de aquellos días de principios del mes de noviembre, produjo un gran impacto en la villa marinera de Vivero, acostumbrada a los envites de la mar. Se cuenta que el cadáver del comandante de la Magdalena; Blas de Salcedo, junto al de su hijo Blas, aparecieron ambos abrazados en las arenas de la playa de Covas. Este impactante hecho, aunque lleno de humanidad, parece poner un acento discordante en lo que es la vida a bordo de un buque de guerra, donde la disciplina es argumento fundamental, sin distinción alguna. Más; teniendo en cuenta, la época y la situación de guerra. Seguramente este fue el motivo de que la Armada prohibiera embarcar personas con familiaridad directa, en la misma unidad. Si en Vivero y en sus alrededores se vivió con amargura aquel episodio, no digamos lo que sucedió en Ferrol, donde se habían armado ambos barcos. Probablemente recordara aquel Cádiz de finales de 1805, cuando tras el desastre de Trafalgar, no había un solo hogar donde no se llorara la pérdida de un ser querido. En Ferrol, con toda seguridad, se recordaría aquellas postrimerías del combate naval del 21 de octubre de 1805, cuando en la Iglesia Mayor del Departamento se organizó un solemne funeral, con cenotafio de tres cuerpos y la asistencia de todo el clero castrense departamental, junto a los franciscanos locales y los de la Orden Tercera de Montefaro. Aunque por el momento no tenemos datos de ello, seguramente se organizó otro solemne funeral, y no solo en la parroquia castrense sino en otras muchas, tanto de la localidad como de lugares vecinos, donde pertenecerían las víctimas, sin olvidarnos de los monasterios cercanos.
Parece ser que a finales del siglo XIX, se extrajeron monedas de plata del bergantín Palomo que este llevaba para pagar a la dotación. A mediados de los años 70 se encuentran restos de la fragata Magdalena. Muchos de estos restos van a ser trasladados al nuevo Museo Naval de Ferrol y algunas piezas de artillería quedan repartidas por diversos lugares. Se habla de que desgraciadamente ha habido saqueos. El pecio de la fragata Magdalena se encuentra solo a 7 metros de profundidad, en una zona resguardada. Llama la atención que la madera se conserva muy bien, es todo maciza y en algunas zonas del costado llega a tener un metro de grosor. En cuanto al bergantín Palomo, parece ser que está también en buen estado.
En las inmediaciones de la playa de Covas quedaron enterradas un gran número de víctimas. En 1934 se erigió un monumento en el primer Castelo de la parte occidental de la playa. En él hay un cañón y un ancla, pertenecientes a uno de los buques de la escuadra. Una placa conmemorativa, dice:
A los 550 náufragos del bergantín “Palomo” y de la fragata “Magdalena”, sucumbidos en esta playa el 2 de Noviembre de 1810
Pronto había comenzado a circular romances en recuerdo de estos dos buques de la Armada española y de sus tripulantes, como aquellos que dicen:
Di, fragata Magdalena.
¿Qué mal viento te dio el mar?
Todos los vientos son buenos.
Si Dios no da tempestad.
Dime, bergantín Palomo.
¿Dónde fue tu perdición?
En la ría de Vivero.
Al toque de oración.
Yo me atrevo, humildemente, añadir el mío propio.
En la ría de Vivero.
La fragata Magdalena y el bergantín Palomo.
Una noche se perdieron.
Multitud de marinos, perecieron.
A Dios; sus almas encomendemos.
Por su valor, entrega y sacrificio, lo merecieron.


 Monumento en la playa de Covas a los náufragos de la fragata Magdalena y del bergantín Palomo. Autor

 Depuradoras para obtener agua potable. La más pequeña, en muy mal estado, pertenece a la fragata Magdalena. Museo Naval de Ferrol

Ancla perteneciente a la fragata Magdalena. Museo Naval de Ferrol








BIBLIOGRAFÍA
FERNÁNDEZ DURO, C. Naufragios de la Armada española. Establecimiento topográfico de Estrada, Díaz y López. Madrid, 1867. Google Books
ROCA NÚÑEZ, J.B. Los otros de Trafalgar. Médicos y cirujanos, Boticarios, Sangradores, Enfermeros, Socorristas, Victimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores. Sevilla, 2011
“Blas de Salcedo”. Ayuntamiento de Fuente Novilla, fuentenovilla.es
“El naufragio de la fragata Magdalena y el bergantín Palomo”, www.1808-1814 org/artículos
“Fragata Magdalena. La peor tragedia de Galicia”, adarqua. blogspot.com/ 2014
“Fragata Magdalena, Santa María 1773”. Historia Naval de España y Países de habla española. Blog todoavante.es, 10 de marzo de 2012
“La fragata Magdalena”, vivenciadeunmarinero.blogspot.com
“Santa María Magdalena (1773)”.  Wikipedia. org/wiki/Santa María Magdalena
“Vivero”. Wikipedia.org/wiki/vivero



















martes, 25 de noviembre de 2014

La Sanidad Naval en Trafalgar.

La Sanidad Naval en Trafalgar. Navío Santísima Trinidad.

El Santísima Trinidad fue construido en la Habana según diseño del ingeniero irlandés Mateo Mullan y fue botado el 2 de marzo de 1769. Sus dimensiones eran: 59,5 m., de eslora, 50,8 m., de quilla, 16,1m., de manga y 8,06 m., de puntal. Pero estas dimensiones fueron más tarde modificadas, de tal modo que tras reparaciones hechas en astilleros de Ferrol y Cádiz, en años sucesivos, pasaron a ser:
Eslora 63,36m., quilla 54,02m., manga 16,67m., puntal 8,26m., e igual ocurre con el armamento, el cual va a sufrir modificaciones diversas hasta llegar a la fecha del combate en la que el navío cuenta con 120 cañones y 20 obuses. 3000 metros cuadrado de velamen sobre sus tres puentes le daban al navío un aspecto majestuoso, lo que llevó a Benito Pérez Galdó a designarle como El Escorial de los mares.   
La escuadra franco-española a su regreso de su expedición a Antillas y combate del Cabo Finisterre, se encuentra en Cádiz. El día 19 de octubre se decide su salida con rumbo al Mediterráneo, acción que no se lleva a cabo hasta el 20, debido al flojo viento reinante.
El Santísima Trinidad ocupa el número 5 de la primera escuadra o centro del cuerpo fuerte, cuyo mando desempeña el comandante general de la flota aliada: el vicealmirante francés Pierre Villeneuve, el cual ha izado su bandera en el buque insignia Bucentaure. En el Santísima Trinidad va embarcado el jefe de escuadra Baltasar Hidalgo de Cisneros, siendo su comandante el brigadier Francisco Javier de Uriarte y Borja. Durante el combate, el buque insignia del almirante británico Nelson: Victory, seguido por los navíos ingleses: Téméraire y Neptune, trataron de cortar la línea aliada entre la proa del Bucentaure y la popa del Santísima Trinidad, quien causó daños manifiestos en el Victory. Ello obligó a Nelson a modificar el plan, intentando esta vez cortar la línea entre la popa del Bucentaure y la proa del buque francés Redoutable, acción que fue causa de la muerte del almirante ingles, al ser alcanzado por el disparo de un franco-tirador de este último buque. El Neptune se sitúa a estribor del Santísima Trinidad, llegando más tarde los navíos ingleses; Conqueror, Leviathan y Britannia, los cuales cañonean de forma intensa todos los puntos del navío español. Esto motiva el que quede totalmente desarbolado y la mayor parte de su artillería inutilizada. El jefe de escuadra Cisneros es herido y tiene que ser retirado a la enfermería, quedando sobre el alcázar el comandante del navío, brigadier Uriarte, hasta que es herido por un astillazo y entrega el mando a su segundo, el capitán de navío Ignacio Olaeta.
Se llega al final del combate, antes el navío se había rendido, la bodega está inundada y se lucha por achicar el agua. Es remolcado por el navío británico Prince. Se ha desencadenado un fuerte temporal y el estado del buque es muy malo. Al final se abandona el remolque y los buques ingleses; Prince y Neptune, rescatan a la dotación. El Santísima Trinidad termina hundiéndose a 25 o 28 millas al sur de Cádiz. Con él, desaparecen 80 heridos que se encuentran inmovilizados en su enfermería, aunque para fuentes británicas fueron de 28 a 34. Según fuentes españolas; de una dotación de 1161 hombres, hubo 205 muertos y 108 heridos. Según algunas fuentes británicas, fueron: 216 muertos y 116 heridos.
La sanidad del navío estaba constituida por los facultativos siguientes:
Ayudante de embarco Juan Guerrero Barranco.
Primer médico-cirujano Francisco María Zafra Baeza.
Segundo médico-cirujano, habilitado de primero José Pardo Núñez.
Segundo médico-cirujano Francisco Martí.
Segundo médico-cirujano particular Manuel García Lobo.  
Según informe del comandante del buque, Brigadier Francisco Javier de Uriarte; todos demostraron una conducta inmejorable, fueron eficaces en el desempeño de sus funciones y contrajeron particular mérito en el combate.
Como ocurría en el Príncipe de Asturias, no figura ningún sangrador embarcado.


Cañón atribuido al Santísima Trinidad. Escuela de Suboficiales en San Fernando(Cádiz)



Reproducción de la popa del Santísima Trinidad. Museo Naval. Madrid






BIBLIOGRAFÍA
ARAGÓN ESPESO, M. Cádiz. La Medicina y la Cirugía en la época de Trafalgar. Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz. Cádiz, 2004
GÓNZALEZ, M. Navío Santísima Trinidad. Un coloso de su tiempo. La espada y la pluma. Colección Barlovento. Madrid, 2004
GONZÁLEZ-ALLER HIERRO, J. I. La campaña de Trafalgar (1804-1805). Corpus Documental. Ministerio de Defensa. Madrid, 2004. Biblioteca Naval de San Fernando (Cádiz)
LLORENTE CABRELLES, L. R. “La admiración es cosa de todos los tiempos”. Tierra, Mar y Aíre. Nº 341/6. Año 2014
ROCA NÚÑEZ, J.B. Los otros de Trafalgar. Médicos y cirujanos, Boticarios, Sangradores, Enfermeros, Socorristas, Victimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores. Sevilla, 2011


























viernes, 21 de noviembre de 2014

LA SANIDAD NAVAL EN TRAFALGAR

La Sanidad Naval en Trafalgar. Buque insignia Príncipe de Asturias
El médico-cirujano embarcado en la escuadra de Federico Gravina, procede el Colegio de Cirujanos de la Armada, fundado en la ciudad de Cádiz por Real Decreto de noviembre de 1748. En 1791 se establece la unión de la medicina y la cirugía, creándose la profesión de médico-cirujano. La carrera pasa a ser de seis años con exámenes anuales y un examen final definitivo. El director del Colegio que a su vez era el Director del Cuerpo de Sanidad de la Armada, seleccionaba a los colegiales aptos para el servicio naval, que podía ser en hospitales, navíos de guerra o navíos mercantes. Comenzarían con el grado de segundo médico-cirujano, equivalente al actual de teniente, y si no había vacantes en el escalafón, serían provisionales hasta obtener nombramiento definitivo, en el caso de producirse dicha vacante.
Médico-Cirujanos embarcados en el navío Príncipe de Asturias, buque insignia de la escuadra del Teniente General de la Armada Federico Gravina y Nápoli, quienes participaron en el combate naval de Trafalgar, el día 21 de octubre de 1805.
Ayudante de Cirujano mayor  Fermín Nadal Valls.
Primer médico-cirujano Jacinto Comarcada Navarro.
Segundo médico-cirujano, habilitado de primero Antonio Zapata del Campo.
Segundo médico-cirujano Diego Gutiérrez Vega.
Segundo médico-cirujano particular Santiago Pablo Barros.
Durante el combate; el navío británico Prince, de tres puentes y ultimo de la columna del almirante Collingwood, al mando del capitán de navío Richard Gindall, pasando por la aleta de babor del Príncipe de Asturias; descargó toda su artillería, hiriendo a Gravina en la articulación del codo del brazo izquierdo, por herida de metralla. Como consecuencia de ello el comandante general de la flota española, tiene que ser retirado a la enfermería. Queda al frente de las operaciones el mayor general Antonio Escaño quien poco después cae herido en la pierna izquierda por acción de la metralla, sucediéndole en el mando el comandante del navío, brigadier Rafael de Hore. Posteriormente, una vez curado Escaño, se reintegra a su puesto pero pierde mucha sangre y tiene que volver a la enfermería. Se cuenta que allí sufrió una lipotimia, siendo reanimado con una copa de vino de Jerez. No tiene nada de particular este hecho pues entre la medicación a bordo figuraba las bebidas espirituosas, hemos de tener en cuenta que se hacían grandes amputaciones y no existía la anestesia.
El Príncipe de Asturias, de una dotación de 1142 hombres, tuvo 52 muertos y 110 heridos. Finalmente; remolcado por la fragata francesa Themis, entra en Cádiz, desarbolado.
En cuanto al comportamiento de los facultativos podemos hacernos una idea por los infórmenes dados por el segundo comandante del buque, capitán de navío Tomas de Ayalde. Examinando estos, podemos llegar a las siguientes conclusiones:
Fermín Nadal fue calificado de muy buena conducta, inteligente profesionalmente, activo y celoso en sus obligaciones, desempeñado su cometido a satisfacción de todos. Además fue quien con otros dos facultativos más, atendió a Federico Gravina de la terrible herida que le llevó a la muerte, no siendo, al parecer de muchos expertos, responsable del fatal desenlace.
Jacinto Comarcada mostró buena conducta, inteligente en sus funciones, activo, celoso de su profesión, subordinado. Lo que le llevó a desempeñar sus obligaciones durante el combate.
Antonio Zapata. Calificado de buena conducta y siempre cumplió con su cometido.
Diego Gutiérrez. Buena conducta, demostrando tener mucho estudio y aplicación, desempeñando sus funciones satisfactoriamente, sobre todo a la hora del combate
Santiago Pablo Barros. Mostró siempre buena conducta y cumplió a satisfacción de todos pero en cuanto a su preparación e inteligencia no se puede opinar por el poco tiempo que ha permanecido en el navío.
Probablemente, el informante sería asesorado por el Superior facultativo de la escuadra: Fermín Nadal Valls.
Hemos de considerar que no figura ningún sangrador embarcado y no es de extrañar dado la escasez de estos durante esta época. No ocurre lo mismo con otros navíos de la escuadra, en donde si hubo sangradores embarcados.

BIBLIOGRAFÍA

ARAGÓN ESPESO, M. Cádiz. La Medicina y la Cirugía en la época de Trafalgar. Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz. Cádiz, 2004
GONZÁLEZ-ALLER HIERRO, J. I. La campaña de Trafalgar (1804-1805). Corpus Documental. Ministerio de Defensa. Madrid, 2004. Biblioteca Naval de San Fernando (Cádiz)
ROCA NÚÑEZ, J.B. Los otros de Trafalgar. Médicos y cirujanos, Boticarios, Sangradores, Enfermeros, Socorristas, Victimas y Hospitales. Publicaciones del Sur Editores. Sevilla, 2011

jueves, 13 de noviembre de 2014

PARROQUIAS DE GALICIA

Parroquia de San Julián de Roca (San Xiao)

Arciprestazgo de Pargas
Diócesis de Mondoñedo-Ferrol
Municipio de Guitiriz
Partido judicial de Vilalba
Comarca de Terra Chá
Provincia de Lugo
Los límites son:
Norte: Santa Cruz de Parga y Pígara. Sur: San Breixo de Parga. Este: Baamonde. Oeste: Trasparga
Consta de varios lugares o aldeas:
Altamira
Alto de Roca
Lamas
Penas
Ponte de Roca
Portodola
Quintán
Roca
Santa Ana
El templo parroquial alberga en su sacristía un retablo salomónico, del primer tercio del siglo XVIII y hay una imagen de San Fiz, conocido como O San Fabeiro. Caminando hacia el sur de la feligresía está el castro de Roca, cubierto totalmente por la vegetación y en el que se encontraron restos de cerámica y monedas romanas. En el lugar de Santa Ana, se encuentra las ruinas de una ermita dedicada a la santa y a su entrada un cruceiro de granito sin imagen. En el monasterio de Sobrado de los Monjes existió un documento del siglo XII en el que habla de las posesiones de un señor llamado Rodrigo de Gundestéi y de su esposa Senior Alóitez, enumerándose la cuarta parte de San Julián de Roca. También se sabe que obtuvo merced de estas tierras; el dueño de A Pobra de Parga: Vasco Fernández de Parga. En los registros parroquiales del Archivo diocesano de Mondoñedo, correspondientes a los siglos XVIII y XIX, son numerosas las personas que figuran con apellido compuesto, al que al patronímico se añade el da Roca. Este pudo ser el caso de los López da Roca y de otros muchos apellidos.










BIBLIOGRAFÍA

 BIBLIOTECA MUNICIPAL DE GUITIRIZ.  Lingüística: Toponimia. Parroquia de San     Xulián de Roca
       BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE LUGO. Enciclopedia Gallega
“Guitiriz”. Parroquias, www.guitiriz.com





jueves, 6 de noviembre de 2014

Santa María de Vilariños

Santa María de Vilariños. La vida en una parroquia de la Galicia rural, en los siglos pasados

La vida en la parroquia de Santa María de Vilariños debió ser una vida enteramente rural, en que la familia se dedicó a cultivar la tierra, aunque probablemente tuvieran algún ganado, bien fuera vacuno o porcino, para la alimentación, o bien caballar para ayuda en las duras faenas agrícolas. En el campo de Galicia trabajan hombres y mujeres, codo a codo, hasta avanzada edad, habiendo comenzado el trabajo desde edades muy tempranas, y hablamos de una época en la que apenas había escuelas. La casa es el núcleo donde vive una familia y varias de estas casas constituyen el lugar o aldea, cuando están más esparcidas. Varias aldeas o lugares constituyen una parroquia. Esta será conocida por el Santo Patrono al que está  consagrada unido al toponímico indicativo del lugar. La parroquia no es solo una circunscripción eclesiástica, sino que constituye un verdadero núcleo social, siendo de este modo el tercer escalón, después de la casa y del lugar o aldea. De este modo; en la parroquia se escucha Misa, se celebran bautizos, comuniones, bodas y funerales. Además era el sitio donde acudían las cuadrillas de trabajadores para la contratación de estos. Se produce una gran solidaridad entre los parroquianos y en caso de un fallecimiento se moviliza toda la parroquia para acudir a la casa del difunto, participando en el velatorio, funeral y entierro en el cementerio contiguo al templo. Todas las parroquias tienen una o más fiestas al año, siendo la más importante la del Patrono. En muchas de ellas se celebraban ferias, en la que se vendían productos elaborados, como quesos y otros, pero lo más importante sería la venta y compra de ganado. Vamos a hacer una descripción de la parroquia de Santa María de Vilariños con los datos más recientes que tenemos de ella, los cuales nos proporcionarán una idea de cómo era en la época de la que tratamos.
Diócesis de Santiago de Compostela
Municipio de Vilasantar
Comarca de Betanzos
Provincia de la Coruña
El municipio de Vilasantar está constituido por siete parroquias:
San Martiño de Armental
San Salvador de Barbeito
Santa María de Mezonzo
San Pedro de Presaras
San Vicenzo de Curtis
Santa María de Vilariños
Santiago de Vilasantar
Santa María de Vilariños está situada entre los ríos Tambre y de la Lage, de clima húmedo, tiene varios lugares que no hace mucho reunían unas 53 casas. Dichos lugares son:
Bao
Casanova
Castro
Ciencasas
Corredoiras
Díaz
Foliente
Iglesia
Lage
Nobas
Pedrouzo
Pena
Pulgido
Raido
Torre
Al Norte, limita con San Vicente de Curtis, al Este con San Pedro de Porta, al Sur con San Lorenzo de Carelle, y al Suroeste con San Pedro de Presaras. Tanto Porta como Carelle pertenecen al municipio de Sobrado.
Destacan los puentes de San Pedro y Vilariños sobre el Tambre. La tierra produce: centeno, patatas, legumbres, algún trigo, algunas frutas, leña, lino, y no nos olvidemos de los pastos para el ganado. Este está compuesto fundamentalmente por vacunos que producen una excelente leche, empleada tanto para el consumo como para la fabricación de excelentes quesos. Es importante la feria del ganado en el lugar de Lage.




Iglesia de Santa María de Vilariños con el cementerio al lado. Autor


BIBLIOGRAFÍA

CALDÉ ALDAO. E. Geografía General del Reino de Galicia. F. Carreras Candi. Vol. III. La Coruña, 1980
“Concello de Vilasantar”. Parroquias, www.vilasantar.com/municipios/parroquias
“Municipio de Vilasantar. Un poco de historia”,



domingo, 2 de noviembre de 2014

Requiem por los miembros de la Sanidad de la Armada

Réquiem por  los miembros fallecidos de la Sanidad de la Armada


Hoy día 2 de noviembre, día de los santos difuntos, siguiendo las directrices de mi blog, recordaremos a aquellos miembros de la Sanidad de la Armada, fallecidos, especialmente; los que encontraron la muerte de forma trágica.
A finales del siglo XIX, un cenotafio dedicado a varios médicos de marina, muertos heroicamente en ultramar, procedente del antiguo Hospital de Marina de Cañacao, cuando se entrega Filipinas, llega al antiguo Hospital de Marina de Ferrol. Después de pasar por el nuevo hospital, terminará en el Museo Naval de esta ciudad marítima. Igualmente en Cartagena, en el antiguo Hospital de Marina, se colocó una placa para rendir homenaje a aquellos miembros del Cuerpo de Sanidad de la Armada muertos en el Cumplimiento del Deber. Tanto en Ferrol como en Cartagena; figuran distintos nombres de facultativos, de los que voy hacer una breve referencia, junto a otros que no figuran, sin que por esta circunstancia dejen de ser igual de importantes.
En el año 1851; el segundo médico José de la Madrid y Sánchez Valverde, en Zamboanga; participando en una acción frente a los piratas musulmanes de Joló, muere cuando su falúa es alcanzada por un proyectil enemigo.
1867. El vapor transporte Malaspina cuando se dirige de Hong-Kong a Manila es sorprendido por un fuerte huracán. Como consecuencia de ello; el navío desaparece y con él, su primer médico Manuel Rodríguez Palma,  
1872. El médico mayor y jefe de la Enfermería de Cavite: Rómulo Valdivieso Ferrer, durante la sublevación indígena del Cuartel de Artillería, se dirige de forma inmediata a su destino con la finalidad de atender a los heridos de la reyerta. En el fuego cruzado es alcanzado.
1874. El día 5 de abril de este año, en Patean, el segundo médico Estanislao García Loranca, embarcado en la corbeta Santa Lucia, la cual forma parte de una flotilla al mando de Cervera, participa como facultativo de una compañía de desembarco frente a los piratas musulmanes del archipiélago filipino. Son sorprendidos por el enemigo a la entrada de una cueva. Muchos encontraron la muerte, entre ellos el segundo médico cuyo cadáver no pudo ser recuperado.
1882. Durante el verano de este año, el segundo médico Guillermo Gómez Nieto se encuentra destinado en la zona de Zamboanga, en donde se ha declarado una epidemia de cólera. Muere contagiado por la enfermedad, habiendo estado atendiendo a sus enfermos pocos días antes de fallecer.
1887. Enrique Cardona Miret es el primer médico de la corbeta María Cristina y participa, atendiendo a una compañía de desembarco, en un encarnizado combate frente a indígenas insurrectos de la isla de Ponape, en Las Carolinas. Poco tiempo después de haber realizado una acción gloriosa, atendiendo a un guerrero enemigo que se desangraba frente a su trinchera, salvándole la vida mediante un improvisado torniquete, es abatido cuando la trinchera es asaltada.
1895. El domingo  10 de marzo; el crucero Reina Regente se dirige de Tánger a Cádiz, siendo sorprendido por un fuerte temporal, desapareciendo sin dejar apenas rastro, con toda su dotación. Formando parte de esta los siguientes miembros de sanidad:
Primer médico. José María Robles Villar
Segundo Médico. Tadeo Lapesa Collado
Primer practicante. Luis Serrano Álvarez
 Tercer practicante. Eduardo Catalá Plat
El 18 de septiembre de este mismo año tiene lugar otro naufragio, el del crucero Sánchez Barcaiztegui, cuando tras abandonar la bahía de la Habana colisiona con el mercante Conde de la Mortera. Forma parte de su dotación el primer médico Faustino Martin Díaz quien en el momento de la colisión se encontraba en la sala de calderas, atendiendo a un mecánico que había sido atrapado por la correa de transmisión y sufría numerosas heridas, siendo este médico uno de los muchos desaparecidos. 
1897. El día 20 de noviembre, el primer médico Andrés Castro Vargas, destinado en el Apostadero de Filipinas y comisionado a la Estación Naval de Balabac; es asesinado en plena calle y, su cabeza, junto a la de dos oficiales de la Estación, es izada por los insurrectos, en largas pértigas.
1898. El 3 de julio, de este año, tiene lugar el combate naval de Santiago de Cuba. Son varios los miembros de la sanidad naval que pierden la vida, durante y después de los acontecimientos.
Julio Cesar Díaz Navarro. Segundo médico del crucero Infanta María Teresa
Santiago del Pozo y Pos. Primer practicante del crucero Vizcaya quien falleció el 16 de julio en el Hospital de Marina de Estados Unidos, en Portsmouth, con paraplejia por traumatismos.
Manuel González Fernández. Tercer practicante del destructor Plutón.
Gustavo García Fernández. Tercer practicante del destructor Furor.
No nos podemos olvidar de dos destacados médicos, pese a su juventud. Se trata de:
Alejandro Lallemand Lemus, fue el primer médico del buque insignia de la escuadra del almirante Cervera; crucero Infanta María Teresa. Alejandro Lallemand falleció en Cádiz el 23 de marzo de 1903, cuando solo contaba 45 años de edad, a consecuencias de la reagudización de una peritonitis crónica, adquirida por un traumatismo abdominal sufrido durante el combate.
Antonio Jurado Calero, primer médico del crucero Vizcaya, falleció el 21 de diciembre de 1900 a los 44 años de edad, a consecuencia de la reactivación de una tuberculosis pulmonar, contraída a lo largo de su vida profesional.

Anterior y posterior a esta época; son numerosos los médicos, farmacéuticos y practicantes de la Armada que han sacrificado sus vidas al servicio de los demás y, muchos la perdieron en el cumplimiento de sus deberes profesionales. Por todo ello merecen ser, ahora y siempre, recordados.


Descansen en la Paz del Señor



BIBLIOGRAFIA



   Clavijo y Clavijo, S. Historia del Cuerpo de Sanidad de la Armada. San Fernando. Tipografía de Fernando Espín Peña, 1925

  Garcia-Cubillana de la Cruz, J.M. “Dos médicos del Hospital de Marina de San Carlos en el combate naval de Santiago de Cuba (1898)”. Bicentenario del Hospital de San Carlos. San Fernando (Cádiz), 1809-2009; pp. 295-307. Servicio de Publicaciones del Ministerio de Defensa. Madrid, 2009.

 Sanchez-Limón, F. Pallarés Machuca, F. J. “Historias de la mar: El Cenotafio en honor a los muertos por la Patria del Cuerpo de Sanidad de la Armada” o “El Mausoleo de Cardona”. Revista General de Marina, pp. 337-343. Marzo, 1996

 SOLER CANTÓ, J. El Hospital Militar de Marina de Cartagena. 2ª Edición. Universidad Politécnica de Cartagena, 1999

 Historia Naval de España y Países de habla española; www. todoavante.es



viernes, 31 de octubre de 2014

Presentación de mi blog

La finalidad de este Blog es tratar fundamentalmente de la presencia de los médicos, farmacéuticos, enfermeros y personal auxiliar de la sanidad, en: Catástrofes, guerras y epidemias que han asolado a la humanidad a través del tiempo. También nos ocuparemos de aquellos que vienen realizando su labor asistencial, día a día, en los países del tercer mundo, en unas condiciones extremadamente difíciles y peligrosas en ocasiones. A todos ellos, nuestra admiración y apoyo.Además; trataré aquellos temas que considere interesantes desde el punto de vista histórico, social y humano.